El día de la lechuza – Guion

 

CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN

Guion para el debate

(Sesión del miércoles, 27 de marzo, a las 17:30)

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. Género literario
  4. Intencionalidad: ¿con que intención escribió el autor El día de la lechuza?
  5. Intriga: ¿sabe generar la intriga y mantenerla?
  6. Espacio: ¿qué importancia tiene el espacio en el desarrollo de la historia?
  7. Tiempo histórico: ¿coincide con la época en que Sciascia escribió esta novela?
  8. Estructura
  9. Personajes:
  • Salvatore Colasberna
  • El capitán Bellodi
  • El hombre vestido de negro
  • El confidente Parrinieddu
  • Diego Marchica
  • Mariano Arena
  • El ministro Mancuso
  1. Temas
  • La mafia siciliana: ¿cómo funciona?, ¿hasta dónde llegan sus ramificaciones?
  • La corrupción de las instituciones del estado
  • La investigación policial: ¿se desarrolla en los cauces de la ley?
  • La suspensión de las garantías constitucionales o la  guerra sucia: ¿es lícita para combatir a la mafia?
  • Los tópicos sobre las regiones: ¿qué imagen se tiene de los sicilianos en Italia?, ¿qué hay de verdad en ello?
  • Los cornudos: ¿qué dos tipos de cornudo se distinguen en la novela?, ¿se puede aplicar esta diferenciación al pueblo?
  • La libertad del creador: ¿ha sido libre Leonardo Sciascia, al escribir esta novela, a tenor de lo que dice en en el apartado de Notas?
  • La teoría de las ideas de Platón: ¿Puede hallarse un eco de esta teoría en las siguientes palabras, que le dirige don Mariano al capitán Bellodi? : “La verdad está en el fondo de un pozo; uno mira en un pozo y ve el sol y la luna, pero si se tira ya no hay ni sol ni luna, está la verdad.”
  1. Estilo: ¿por qué rasgos se caracteriza el estilo de Leonardo Sciascia?, ¿qué pasaje de la novela te ha parecido especialmente brillante?
  2. Próxima lectura

 

 

La resistencia amable

En esta expresión resumió Carmen la sesión que ayer dedicamos a La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, porque el grupo de personajes que forman parte de esta sociedad resistió la ocupación nazi de la isla, gracias a la lectura compartida.  Elizabeth se lo explicó a un oficial nazi: que venían de una reunión de la Sociedad Literaria de Guernsey, y que el debate de la noche sobre Elizabeth y su jardín alemán había sido tan agradable, que habían perdido la noción del tiempo, es decir, se habían sentido libres, dichosos y llenos de energía, hablando sobre un libro.

Al principio de la sesión, Miguel nos proporcionó los escasos datos biográficos que hay sobre la autora de la mayor parte del texto, Mary Ann Shaffer, nacida en 1934 en Martinsburg (Estados Unidos). Fue editora, bibliotecaria y librera, profesiones relacionadas con el mundo del libro que le llevaron a escribir la novela. Tras un viaje a Guernsey, se enamora de este lugar, que se encuentra bajo la ocupación alemana y decide convertirlo en el tema central de la misma. Dedicó varios años a su escritura; pero, cuando su salud empeoró, le pidió ayuda a su sobrina Annie Barrows, para que la finalizara. Falleció en 2008, antes de ver publicada La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, que acabó convirtiéndose en un best seller y dio lugar a una película del mismo nombre.

En el turno de opiniones, Inés comentó que le había interesado sobre todo cómo los personajes superan un trauma como la guerra, a través de la lectura.

A Miguel Ángel le había gustado la novela por varias razones: por su forma epistolar, por su trasfondo histórico, por la amplia documentación para escribirla y, especialmente, por la presencia en la misma de lo metaliterario. En este sentido, había comprobado que casi todos los autores citados son ingleses, quizá porque los títulos están sacados de alguna biblioteca de pueblo de la época. Sólo le había chirriado la presencia un tanto forzada de las cartas que Oscar Wilde le escribió, supuestamente, a la abuela de Isola, cuando era niña.

Víctor confesó que la relectura de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey le había agradado menos que la primera vez, porque había advertido con claridad que sus autoras profundizan en el lado más amable de las personas, quizá para incrementar el número de lectores.

En cambio, Miguel dijo que el contenido de la novela no sólo es amable, sino que tiene también amargura, que se aprecia en los personajes que sufrieron y lo pasaron muy mal, durante la guerra. Añadió que haberla vuelto a leer le había permitido valorar la forma epistolar en que está escrita, para la cual la autora pudo tener como referencia las Cartas a Lucilio de Séneca, donde se abordan temas muy variados, con el objetivo de enseñarnos a aprender a vivir y ser felices

A Carmen le había atraído el valor terapéutico de la lectura para remontar situaciones difíciles, y que sean personajes normales y corrientes los que se enganchen a ella. Igualmente, valoraba lo que tiene de crítica literaria, pues son muchos los libros que se mencionan y comentan, así como el sentido del humor del que hace gala Mary Ann Shaffer.

Para Clara, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, a pesar de la amargura y el trauma de la Segunda Guerra Mundial, tiene un aire limpio, pues el ser humano es capaz de sacar lo mejor de sí mismo, con la ayuda de la lectura. A su entender, es una novela muy británica, empezando por su forma epistolar, que es uno de sus atractivos.

Benito, a quien le había resultado muy agradable leerla, destacó los siguientes aspectos: el mensaje de esperanza que contiene; la superación colectiva de la adversidad, a través de los libros; y el contexto histórico del que se informa progresivamente. Asimismo, confesó que se había ido enamorando de la protagonista, Juliet, por la transformación que experimenta, a lo largo de la novela, pasando de ser un personaje vacío a otro lleno de vida, que acaba encontrando la amistad, la maternidad y el amor.

Paco comentó, en primer lugar, que la lectura le había permitido descubrir dónde estaba la isla de Guernsey. Además, le habían llamado la atención tres cosas: el género epistolar, con la dificultad que conlleva, frente a la relativa sencillez de contar una historia linealmente; la experiencia terrible de vivir una guerra; y el final de la novela, donde sorprendentemente es la mujer, Juliet, la que se declara al hombre, Dawsey.

Finalmente, a María le había parecido una novela simpática, que está escrita para agradar, aunque apreciaba su trasfondo histórico, en particular, la referencia a los obreros esclavizados por los nazis y los valores humanos que surgen de las personas en las situaciones más dramáticas. Por eso, añadió que pensaba proponer su lectura al alumnado de 1º de Bachillerato.

A propósito de la posible bondad de la historia, para vender más ejemplares, leímos unas palabras, escritas por la propia autora, donde declara abiertamente su intencionalidad: “Como mínimo, espero que estos personajes y su historia emitan algo de luz en medio del sufrimiento por el que pasaron las islas del Canal de la Mancha, durante la Ocupación alemana. Espero también que mi libro refleje mi creencia en que el amor al arte —sea poesía, narrativa, pintura, escultura o música— ayuda a la gente a superar cualquier barrera erigida por el hombre”.

Sobre el título tan extenso, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, comentamos que, aunque, en un principio, produzca un cierto rechazo, al mismo tiempo, despierta expectativas en el lector y genera intriga sobre el significado del mismo.

En cuanto a los personajes, Mary Ann Shaffer sólo profundiza en los que se podría calificar de buenos:

  • Juliet

Destacamos su evolución, particularmente, a partir del momento en que entra en contacto con los miembros de la Sociedad Literaria y decide ir a visitarlos: “Mientras el barco entraba balanceándose en el puerto, vi los tejados de las casas de St. Peter Port salir por encima del mar, con una iglesia arriba, como la decoración de una tarta, y me di cuenta de que el corazón me iba a toda velocidad. Por mucho que intentara convencerme de que era la emoción del paisaje, sabía que que era algo más. Toda aquella gente a la que había conocido e incluso empezado a querer un poco me habían venido a esperar. Y yo sin ningún periódico con el que esconderme”. Así, con estas palabras se refiere, en una carta dirigida Sidney, a los que serán sus amigos y le darán un sentido pleno a su vida.

  • Elizabeth

Es un personaje modélico por la valentía y la solidaridad que demuestra con los más débiles. A causa de esto, primero, es detenida por los nazis y, después, asesinada en el campo de concentración. Poco a poco, se convierte no sólo en protagonista de la novela de Mary Ann Shaffer, sino también en el libro que está escribiendo Juliet sobre la isla de Guernsey.   

  • Dawsey

Es un descargador de barcos en Guernsey, que se pone en contacto con Juliet, a través de una carta, para pedirle un libro de Charles Lamb. Pertenece a la Sociedad Literaria. No es egoísta, al contrario, es humilde y no se da ninguna importancia: “Me gusta recibir sus cartas -le escribe a Juliet- aunque a menudo creo que no tengo nada interesante que contar, así que me va bien responder a sus preguntas retóricas”.

  • Eben

Cortador y grabador de lápidas que descubre la lectura en la Sociedad literaria. El verso que más admira y que, de haberlo conocido, cuando entraron los nazis, le habría servido de alivio, pertenece a  Shakespeare: “El luminoso día ha terminado y estamos destinados a la oscuridad”. Por eso, se aferra a los libros, para olvidar la ocupación de la isla por estos. Está a cargo de su nieto, Eli, cuyos padres murieron durante la guerra.

  • Christian Hellman

Doctor alemán que se hizo amante de Elizabeth, con quien tuvo un hijo, y amigo de Dawsey.  Éste se lo describe así a Juliet: “Se parecía a los alemanes, ya sabes, alto, rubio, con ojos azules, la diferencia es que él era capaz de sentir dolor”.

  • Etc.

Sobre los temas que aparecen en la novela, comentamos, además de algunos ya mencionados, los siguientes:

  • La Segunda Guerra Mundial

Condiciona la vida de estos personajes y la vemos reflejada en la evacuación de los niños de la isla, para alejarlos del peligro de la contienda; en los destrozos ocasionados en Londres por los bombardeos de la aviación alemana; en la ocupación de Guernsey, donde los nazis construyeron búnkers y túneles, gracias a trabajadores esclavos; en el toque de queda establecido en la isla, cuya violación dio lugar a la Sociedad Literaria; en la vida miserable en los campos de concentración: “Nuestras camas eran baldas de madera, construidas en plataformas de tres. Teníamos paja para dormir encima, de olor desagradable y con pulgas y piojos. Por la noche, ratas grandes corrían a nuestros pies…”;  etc.

  • La solidaridad entre enemigos

Sam Withers, encargado del cementerio, le cuenta a Juliet, que no todos los alemanes eran canallas y miserables, pues había otros buenos, como Christian, el que ayudó al hijo de la Señora Fouquet, dándole a esta sulfamida para su hijo enfermo con neumonía, o los que tiraban patatas y trozos de carbón fuera de los camiones, para que los recogieran los niños, que iban corriendo detrás de ellos.

  • La sociedad literaria

Nace como explicación para evitar la represalia de los nazis, cuando los que serán futuros miembros de la sociedad, son sorprendidos violando el toque de queda; y se mantiene para sobrellevar la ocupación, pues sus componentes, mientras asisten a estas reuniones, se olvidan del horror de la guerra, disfrutan con la lectura compartida y fomentan lazos de amistad entre ellos.

Se reúnen cada 15 días y se van turnando para hablar de los libros que cada uno ha leído. Al principio lo hacen de forma objetiva, pero después tratan de incitar a los demás a leerlos, y, si dos o más han leído el mismo libro, debaten entre ellos.

  • La naturaleza frente a lo creado por el hombre:

En este sentido, leímos en alto estas palabras del escritor Charles Lamb en respuesta al también escritor Wordsworth, reprochándole que no se preocupara lo suficiente de la naturaleza: “No me apasionan las arboledas ni los valles. Las habitaciones donde nací, los muebles que han estado delante de mis ojos toda mi vida, los libros que me han seguido como un perro fiel a donde quiera que fuera, sillas antiguas, viejas calles, plazas donde he tomado el sol, mi antigua escuela, ¿no he tenido suficiente sin tus montañas? No te envidio. Debería compadecerte, pero la mente se acostumbra a cualquier cosa”.

  • El sentimiento del amor

Comentamos las similitudes entre las diferentes historias amorosas que aparecen en la novela: la que hubo entre Elizabeth y el doctor alemán, supuestamente dos personas antagónicas, pues pertenecen a cada uno de los dos bandos en conflicto durante la guerra; la que surge, de forma callada, entre Juliet, escritora de un cierto renombre, y Dawsey, que se dedica a cuidar cerdos; la de Clovis Fossey, que empezó a leer poesía para seducir a su amada: “Mira eso, Nanzy. La dulzura del cielo está en el mar. ¡Escucha!”.

Finalmente, nos referimos al estilo, que varía en función del autor de las cartas, pues unas están escritas con extraordinaria sencillez, como las de Dawsey, y otras en un lenguaje más literario, como la primera que escribe Juliet a Sidney, desde la isla de Guernsey.

 

Próxima lectura, a propuesta de María: El día de la lechuza del escritor italiano Leonardo Sciascia, de la que hablaremos el miércoles, 27 de marzo, a las 17:30.

 

Guion sobre La Sociedad Literaria

Club de Lectura del IES Gran Capitán

Guion para el debate

(Sesión del 13 de febrero, miércoles, a las 17:30, en la Biblioteca)

  1. Presentación de las autoras en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. El título: ¿a qué alude?, ¿nos parece adecuado?
  4. Intencionalidad declarada por la propia autora
  5. Estructura
  • Externa
  • Interna: ¿tiene la historia un desarrollo lineal?, ¿se puede decir que los lectores la reconstruimos?, ¿qué nos parece el final?
  1. Tiempo histórico
  2. Espacio
  3. Género literario
  4. Punto de vista narrativo
  5. Personajes
  • Juliet Ashton
  • Sophie Strachan
  • Sidney Stark
  • Markham V. Reynolds
  • Dawsey Adams
  • Amelia Maugery
  • Isola
  • Elizabeth McKenna
  • Eben
  • Adelaide Addison
  • Clovis Fossey
  • John Booker
  • Christian Hellman
  • Will Thisbee
  • Thompson Etubbins
  • Reme
  • Eddie Meares
  • Las hermanas Benoit
  • Kit
  1. Temas:
  • La Segunda Guerra Mundial: ¿en qué aspectos la vemos reflejada?
  • La solidaridad entre enemigos: ¿es posible?
  • La sociedad literaria: ¿por qué nace?, ¿qué supone para los personajes formar parte de ella?, ¿cómo funciona?
  • Las librerías: ¿qué opina Juliet de ellas y de los libreros?, ¿coincidimos con esta opinión?
  • El periodismo sensacionalista: ¿quién lo practica?
  • La naturaleza frente a lo creado por el hombre: ¿qué nos parecen estas palabras del escritor Charles Lamb en respuesta al también escritor Wordsworth reprochándole que no se preocupara lo suficiente de la naturaleza?

“No me apasionan las arboledas ni los valles. Las habitaciones donde nací, los muebles que han estado delante de mis ojos toda mi vida, los libros que me han seguido como un perro fiel a donde quiera que fuera, sillas antiguas, viejas calles, plazas donde he tomado el sol, mi antigua escuela, ¿no he tenido suficiente sin tus montañas? No te envidio. Debería compadecerte, pero la mente se acostumbra a cualquier cosa”.

  • La relación epistolar: ¿qué diferencias hay entre escribir y hablar, entre contar las cosas por carta y oralmente?
  • El sentimiento del amor
  • La metaliteratura: ¿cómo se refleja en la novela?
  1. Estilo: ¿por qué rasgos se caracteriza?, ¿en qué pasajes se manifiesta su sentido del humor?
  2. Próxima lectura

 

 

La comunicación a través de la música

Es una de las ideas de las que hablamos ayer, en la sesión del Club de Lectura, dedicada a la novela Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides, porque, en efecto, en el desarrollo de la misma, se establece un original intercambio musical, a través del teléfono, entre los jóvenes narradores y las hermanas Lisbon, que han sido encerradas en casa por su propia madre. Benito explicó con detalle el proceso, desde la primera canción que ponen ellos y que habla de días difíciles, de largas noches y de un hombre aguardando fuera de una cabina telefónica, a la que ellas responden con otra de Gilbert O’Sullivan, que describe las desventuras de la vida de un joven cada vez más solo.

Las canciones de las chicas son en su mayor parte de música folk, voces plañideras que piden justicia e igualdad; pero las de los chicos también se vuelven tristes y sensibleras.

Concluye el intercambio con “Puente sobre aguas turbulentas”, donde ellos se ofrecen para ayudar a las hermanas, y estas responden, dándoles a entender la decisión que han tomado:

“¡Eh! ¿habéis intentado probar alguna vez llegar al otro

lado?

Tal vez suba el arcoiris,

Pero, amigo, ahí está:

Los sueños son para los que duermen,

a nosotros nos toca vivir.

Y si te preguntas adónde va a parar esta canción,

quiero descubrirlo contigo.”

Jeffrey Eugenides nace en 1960 en Detroit, ciudad que durante décadas fue el corazón de la industria automovilística más poderosa del mundo. Vive de cerca el dramático proceso de deterioro que sufrió esta ciudad, desde el punto de observador privilegiado de Grosse Point, zona residencial situada en las orillas del lago Michigan, que es el escenario, precisamente, de Las vírgenes suicidas. Está casado con la artista Karen Yamauchi y viven ambos en Princeton, New Jersey.

Pertenece a un grupo de escritores estadounidenses, donde también se encuentran Jonathan Franzen, David Foster Wallace y Jonathan Safran Foer, y que se ha calificado como una generación posmodernista, pues parece ser que en la universidad crecieron con el experimentalismo y algunos profesores les animaban a seguir ese camino. Sin embargo, Eugenides ha declarado al respecto en una entrevista en Babelia: “yo al menos no lograba hacer nada experimental que tuviese algún interés. Siempre he querido contar historias y mezclar una sensibilidad posmoderna* con una narrativa más a la vieja usanza”.

Ha publicado tres novelas y en cada una ellas trabaja un aspecto específico del género narrativo: en Las vírgenes suicidas (1993) la voz, pues está narrada en primera persona del plural; en Middlesex (2002) los personajes y el desarrollo de los mismos; y en La trama nupcial ( 2011) como el propio título sugiere, la trama.

Sobre estos tres aspectos del arte de novelar, ha declarado en otra entrevista:

“-Cuando escribes, siempre comienzas como un principiante o como un inocente. Nunca siento que he logrado un método que pueda reproducir o repetir. Siempre siento que estoy comenzando de cero. Siempre sientes que estás intentando acercarte más a una declaración pura, o a una forma pura de escribir en donde todo lo que quieres decir es transmitido por el lenguaje. Es cierto que está conectado con la voz del narrador, ciertamente está relacionado con el desarrollo de los personajes o el carácter porque pienso que si puedes inculcar la voz con sus particularidades, entonces, por ende, estás creando un personaje. Creo que todas estas cosas al fin se hacen una. Hay una unidad. Pero tienes que comprender las tres piezas principales, de personaje, trama y voz, antes de que puedas escribir de verdad. Creo que estoy en un punto de mi carrera en el cual tengo un manejo de esas tres cosas, pero juntarlas de diferentes maneras seguirá siendo tan difícil como fue aprender cada uno de los tres elementos en la primera instancia.”

En el turno de opiniones sobre la novela, Miguel comentó que le había encantado, por su lucidez, el personaje de la anciana Karafilis, que vive en el sótano de una casa cercana a la de las chicas: “Nosotros los griegos somos gente taciturna. Para nosotros el suicidio tiene sentido. Pero poner luces de Navidad, después de que tu hija se ha suicidado, eso sí que no tiene sentido. Lo que mi yia yia no llegó a entender jamás de este país es por qué la gente se empeña en ser constantemente feliz”. Por otra parte, señaló algunas disonancias de la voz narradora, por ejemplo, cuando describe, pues demuestra un dominio de la lengua que no se corresponde con los chicos, que están detrás de esa primera persona del plural.

Enrique confesó que sólo había llegado a leer un tercio de la novela, porque la historia le parece poco creíble, al mezclar tragedia y comedia, violando, así, una de las normas establecidas por Aristóteles.

Inés coincidió con él en la escasa verosimilitud de lo que se cuenta, aunque la película de Sofía Coppola, basada en la novela, le había encantado. También valoró positivamente el tratamiento del tema de la adolescencia por parte de Eugenides.

A Víctor le parece que lo más original de Las vírgenes suicidas es la voz narradora, aunque se trata de una novela, en su opinión, sobrevalorada, en parte por el éxito alcanzado por la versión cinematográfica. Añadió que le habían gustado las referencias al contexto histórico (las situaciones de racismo, la huelga de sepultureros, la decadencia de la industria del automóvil en Detroit, etc.), así como el personaje de la anciana Karafilis.

Finalmente, Benito comentó que le había ido interesando más, a medida que avanzaba en su lectura, sobre todo el punto de vista y la original comunicación telefónica que se establece entre los chicos y las hermanas Lisbon, a través de las canciones. Por lo demás, le parece una novela con muchas capas: la individual, la social, la histórica, la perspectiva femenina, etc.

Sobre el título, coincidimos en que hace referencia al hecho de que se suiciden las jóvenes hermanas; y también a la letra de una canción de rock, que escuchaba una de ellas, Lux, y que alude a unas fuerzas oscuras o un mal que las acecha:

“Virgen suicida

¿Qué gritaba ella?

Es inútil seguir

en ese viaje al holocausto.

Me dio su cereza.

Es mi virgen suicida.”

El punto de vista narrativo, como se ha dicho, corresponde a una primera persona del plural, tras la que se encuentran los chicos enamorados de las hermanas Lisbon, que están recordando la vida de estas, veinte años después, con el fin de atar cabos y encontrar las razones de su suicidio. Manejan, para ello, informes médicos y policiales, fragmentos de diarios, fotografías, etc. Esta perspectiva con la que se cuenta la historia la adopta Eugenides -según él mismo ha declarado- por influencia de Una rosa para Emily, novela de Faulkner que leyó cuando era joven y que le marcó profundamente.

En cuanto a los temas que se tratan, mencionamos:

  • El intento de suicidio de Cecilia que se presenta como un sacrificio para aplacar a los dioses, los cuales pueden ser la propia sociedad conservadora e hipócrita estadounidense: “Bajo los árboles ondulantes y sobre la hierba restallante y agostada las cuatro figuras posaron como en un cuadro: dos esclavos ofrecían la víctima al altar (levantaban la camilla para meterla en la ambulancia), la sacerdotisa blandía la antorcha (agitaba la bata de franela) y la virgen narcotizada, se incorporaba apoyándose en los codos con una sonrisa ultraterrena en los descoloridos labios”. En cambio, el suicidio de sus hermanas, aunque tenga como detonante el encierro a que las somete su madre, en realidad obedece a un conjunto de factores y se explica, al final de la novela, con la metáfora de la ruleta rusa, como recordó Miguel: “En el caso de las hermanas, el arma estaba completamente cargada. Una bala por presión familiar. Una bala por predisposición genética. Una bala por malestar histórico. Una bala por un impulso inevitable. Las otras dos balas son imposibles de nombrar, pero esto no quiere decir que las cámaras estuvieran vacías”.
  • El deseo de vivir y realizarse como personas, que se manifiesta en detalles que aparecen, a lo largo de la novela: cuando Peter Sissen, el único chico que entró en la casa, cuenta que “le habían estado pegando continuamente puntapiés por debajo de la mesa; o cuando Lux escribe en el margen del libro de Matemáticas, que comparte con Tom Faheem: “Quiero irme de aquí”; o cuando Therese le dice a un chico el día del baile: “Lo que queremos es vivir, si nos dejan”; o, en fin, cuando Mary se pone jerseys de colores chillones para demostrar “la urgente y desesperada necesidad de sentirse hermosa”.
  • La hipocresía de la clase media alta estadounidense representada por los Lisbon, que fingen normalidad, aunque la tragedia está por dentro; y también por el resto de las familias del barrio, que muestran una falsa felicidad, por ejemplo, las chicas que asisten a las fiesta organizada por los O´Connor: “Borrachas, besándonos o medio derribadas en las sillas, su destino era la universidad, el marido, el cuidado de los hijos, la infelicidad atisbada confusamente. En otras palabras: su destino era la vida”.
  • Los medios de comunicación y su comportamiento poco ético, pues, sin importarles nada la delicada situación en la que se encontraban los padres de las chicas, inician una serie de retransmisiones en directo que convierten los suicidios de estas en un espectáculo, donde se muestran: un vestido de novia, confeccionado el mismo año que el de Cecilia; una carta que Therese había escrito a la universidad, sólo tres días antes que se quitara la vida; y otros objetos personales. Además, daban como hechos probados lo que sólo eran versiones apócrifas; confunden los nombres de las hermanas; califican a Cecilia como “la loca”; etc.
  • Y el realismo mágico, pues suceden cosas que escapan al sentido común y a la razón, aunque contribuyen a profundizar más en la realidad: Lux haciendo el amor, de forma compulsiva e indiscriminada, en el tejado, donde, además, hay una nube permanente; los árboles del jardín venciéndose y espesándose hasta tapar la casa, de donde sale un olor denso y duradero: “Porque, aunque la casa comenzaba a caerse a pedazos y vomitaba las vaharadas que desprendía la madera podrida y las alfombras húmedas, aquel otro olor ya comenzaba a salir de la vivienda de los Lisbon para poblar nuestros sueños e incitarnos a lavarnos las manos una vez tras otra. Era un olor tan denso que parecía líquido y, si te introducías en él, era como si te salpicase…“; etc.

En esta línea del realismo mágico, hablamos también de los símbolos: la estampa de la Virgen María, que lleva entre sus manos Cecilia, cuando la sacan de la bañera, donde intenta suicidarse; el traje de novia, con el que siempre va vestida, que representa su deseo casarse; la plaga de la mosca del pescado que cubre la ciudad y la enfermedad del escarabajo holandés, que pueden simbolizar el declive de la sociedad; los planetas colgados del techo de la clase del señor Lisbon, que son arrinconados por su sustituta, cuando es despedido del colegio, parecen indicarnos el desastre total del universo; etc.

Finalmente, nos detuvimos en los personajes:

  • La señora Lisbon, por las normas estrictas que impone a sus hijas, así como su marido pusilánime, que las acata sin rechistar, son en buena parte responsables de lo que les sucede.
  • Las hermanas Lisbon tienen aspectos comunes, tanto físicos, pues son todas guapas y atractivas, como psicológicos, ya que comparten el deseo, propio de las adolescentes,  de estar con chicos. Cecilia, en su diario llega a hablar de ella  y sus hermanas como de una entidad única, como un ser mítico de diez piernas y cinco cabezas, que se queda en la cama comiendo chucherías. En el colegio, se mantienen distantes de los demás chicos y chicas, por lo que es más difícil establecer relación con ellas, y, cuando empezaron a recuperarse, después del suicidio de Cecilia, gracias a la labor de la psicóloga, surgió lo de Lux y la madre las encerró en casa. Por eso, viajaban con la imaginación, comprando catálogos de viajes por correo, o se comunicaban con los chicos mediante cartas y canciones.

 

Próxima lectura, a propuesta de Miguel y Víctor: La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Mary Ann Shaffer, novela corta de la que hablaremos el miércoles, 13 de febrero, a las 17:30, en la biblioteca del centro.

 

Guion sobre Las vírgenes suicidas

GUION PARA EL DEBATE

Sesión del 9 de enero, miércoles, a las 17:30

Club de Lectura del IES Gran Capitán

 

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. El título hace referencia a lo que les sucede a las hermanas Lisbon, pero también a la letra de una canción
  4. Espacio: ¿tiene alguna relación esta historia con lo que sucede en Detroit, la ciudad donde se desarrolla?
  5. Tiempo
  • Tiempo externo
  • Tiempo interno
  1. Estructura: ¿cómo se estructura la novela? ¿qué opinión te merece el final?
  2. Punto de vista: ¿a quién corresponde?, ¿qué aporta a la narración de unos hechos tan terribles?, ¿son creíbles, tal y como se cuentan, estos hechos?
  3. Personajes: ¿qué tienen en común las hermanas Lisbon? ¿qué representan?,
  • Cecilia
  • Lisbon
  • Lisbon
  • Therese
  • Bonnie
  • Mary
  • Lux
  • Paul Baldino
  • Trip Fontaine
  • Los vecinos
  1. Temas
  • El suicidio: ¿cómo se presenta el intento de quitarse la vida de Cecilia?, ¿cómo lo interpreta el doctor que la atendió?, ¿qué simbolizan los suicidios de las cinco hermanas?, ¿qué medidas se toman para combatir la plaga de suicidios entre los jóvenes?
  • El deseo de vivir la vida y realizarse como persona
  • El aislamiento forzado de las hermanas: ¿qué supone para ellas?, ¿de qué formas escapan de él?
  • La decadencia de la clase media americana en los años 60
  • La hipocresía de la sociedad estadounidense: ¿quién o quiénes la representa en la novela?
  • La religiosidad: ¿cómo se manifiesta?
  • El realismo mágico: ¿se puede hablar de inclusión de elementos fantásticos en la narración, a partir del aislamiento de las hermanas en su casa?, ¿con qué finalidad?
  • Los medios de comunicación: ¿es ético su comportamiento en el desarrollo de la historia?
  • El racismo: ¿aparecen rasgos de discriminación hacia la población negra?
  • El amor: ¿qué sienten los narradores de la historia hacia las hermanas Lisbon?
  1. Simbolismo:
  • Las estampas de la Virgen María
  • La plaga de la mosca del pescado
  • La enfermedad del escarabajo holandés
  • El traje de novia
  • Los planetas colgados del techo de la clase del señor Lisbon
  • La casa y el jardín de la familia Lisbon
  1. Estilo
  • Características
  • El sentido del humor
  1. Próxima lectura

 

 

Todos tenemos nuestro Nagasaki

Con estas palabras resumió Benito su opinión sobre la novela de la que hablamos el pasado miércoles, en el Club de Lectura del IES Gran Capitán. Se refería a que todas las personas tenemos nuestros problemas, los cuales debemos saber negociar, a diferencia de lo que sucede en Pálida luz en las colinas, donde los personajes manifiestan dificultades para superar el trauma que supuso para ellos el bombardeo de Nagasaki, durante la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el autor de la novela, Kazuo Ishiguro, mencionamos: su nacimiento en esta ciudad japonesa en 1954; su traslado con tan solo seis años, junto con su familia a Inglaterra, donde recibió una formación académica absolutamente occidental; y su doctorado en Escritura creativa por la Universidad de East Anglia, que supuso una marcada influencia del novelista Malcolm Bradbury.

En cuanto a su producción literaria, Pálida luz en las colinas (1982) y Un artista del mundo flotante (1986), son sus dos primeras novelas, que hablan de personas mayores que miran hacia atrás en su biografía, y por las que recibió el premio Winifred.

También Los restos del día (1989), mereció grandes elogios de la crítica y de los lectores; le reportó el premio “Booker Prize”; y fue llevada al cine por James Ivory, con magníficas interpretaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson, en los papeles de mayordomo y ama de llaves respectivamente.

En El desconsolado, publicada en 1995, nos presenta el relato introspectivo de un pianista que interpreta un concierto que nunca llega a escucharse. Las últimas que ha publicado son: Cuando fuimos huérfanos (2001), Nunca me abandones (2005), y El gigante enterrado (2016).

Sus novelas, que suelen estar asociadas a la memoria, al tiempo y al autoengaño, están escritas en primera persona y sus narradores suelen mostrar el fracaso humano, de manera implícita, lo cual nos exige a los lectores completar la narración, al mismo tiempo que simpatizamos con él.

Por edad y nacionalidad, pertenece a la generación británica de Julian Barnes, Martin Amis, Salman Rushdie, o Ian McEwan. En el discurso de recepción del Premio Nobel escribió sobre ella:

“Formo parte de una generación tendente al optimismo, ¿y por qué no iba a ser así? Vimos cómo nuestros mayores transformaban Europa y convertían un escenario de regímenes totalitarios, genocidio y matanzas sin precedentes en la historia, en una región envidiada de democracias liberales, viviendo en armonía en un espacio casi sin fronteras. Vimos cómo los antiguos imperios se desmoronaban en todo el mundo, junto con las reprobables teorías que los habían apuntalado. Vimos progresos significativos en el feminismo, en los derechos de los homosexuales y en las batallas en múltiples frentes contra el racismo. Crecimos con el telón de fondo de un gran choque –ideológico y militar– entre el capitalismo y el comunismo, y fuimos testigos de lo que muchos consideramos un final feliz.

Pero ahora, al echar la vista atrás, la época que surgió de la caída del muro de Berlín parece marcada por la autocomplacencia y las oportunidades perdidas. Se ha permitido que crecieran enormes desigualdades –de riqueza y oportunidades– entre países y dentro de los mismos países (…) El racismo, en sus formas tradicionales y en sus versiones modernizadas y maquilladas, vuelve a ir en aumento, revolviéndose bajo nuestras civilizadas calles como un monstruo que despierta. Por el momento parece faltarnos una causa progresista que nos una. En lugar de eso, incluso en las ricas democracias occidentales, nos estamos fracturando en facciones rivales desde las que competir a cara de perro por los recursos y el poder.”

En el turno de opiniones sobre la novela, hubo una clara división entre los defensores y los detractores de la misma.

Para Carmen se trata de una obra breve, que sugiere más que lo que dice, como El túnel de Ernesto Sábato, El extranjero de Albert Camus, La metamorfosis de Franz Kafka o Paradero desconocido de Kressmann Taylor, aunque con algo añadido: el peso de la cultura oriental, la cual deja muchas incógnitas, difíciles de despejar, sobre todo para un lector occidental.

Benito coincidió con ella en que el arte de la sugerencia se materializa en Pálida luz en las colinas, novela que le ha gustado mucho, sobre todo por sus personajes femeninos, con los cuales se identifica.

En cambio, a Miguel le parece una obra menor, porque ningún personaje le dice algo. Se plantea:“¿Qué es lo que pretende Ishiguro? ¿Con qué intención está escrita?”; pero no ha encontrado respuestas a estas preguntas. “Quizá sea -añadió- la cultura oriental, y en particular la japonesa, que ni la entiendo ni comulgo con ella”.

En una posición similar se situó Enrique, quien reconoce no haber pasado de la página treinta.

Inés comentó que primero había escuchado la novela en audio libro y después la había leído, y su valoración global es positiva, sobre todo por la figura de la narradora, Etsuko, que se esfuerza en desvelarnos el drama de cada personaje.

Víctor confesó que le había costado leerla, en especial el primer tercio de la misma; aunque le había interesado más, a partir de la aparición de Ogata-San y las conversaciones que mantiene con su hijo y con la mujer de éste, Etsuko.

José Ángel comentó que, durante la lectura, se había sentido enganchado e interesado moderadamente; pero, un vez concluida esta, había llegado a una interpretación del suicidio de Etsuko y, en general de la novela, que le había  cambiado, a mejor, su valoración. En concreto, entendía que el acto de quitarse la vida simboliza la desaparición de lo que le une a la cultura japonesa.

María, finalmente, coincidió con José Ángel en que es una novela sobre la que se vuelve, después de haberla leído. Le había gustado el trasfondo del suicidio y de la Segunda Guerra Mundial, así como el misterio generado por el autor, que va saliendo poco a poco a la luz. Igualmente, la reconstrucción de la historia, a través de la memoria.

Sobre el título, comentamos que la protagonista y narradora de la historia contempla, con frecuencia, ese paisaje: “Pasaba muchos ratos, igual que haría en años siguientes, con la mirada perdida en el paisaje que se veía desde mi ventana. En los días claros, al fondo, detrás de los árboles de la orilla del río, se apreciaba un contorno borroso de colinas que contrastaba con las nubes…”. Son las colinas de Inasa, zona cerca de Nagasaki, a donde hicieron una excursión Etsuko, Mariko y Sachiko, y cuya contemplación sirve de alivio a la primera, frente a las largas tardes vacías.

También coincidimos en que esa palidez del paisaje puede estar relacionada con la indefinición de los personajes y con el misterio que encierran, que no termina de aclararse, así como con la inseguridad de la narradora al evocar sus recuerdos.

En cuanto al tiempo interno, la novela empieza con la visita de Niki a su madre, Etsuko, cuando ambas se encuentran en Inglaterra; después, esta evoca su vida en Japón treinta años antes, cuando estaba embarazada de su otra hija,  Keiko (“Estaba pensando en alguien que conocí una vez…”); y finaliza con una vuelta al presente, que coincide con la marcha de Niki. Por tanto, su estructura es circular, de tal forma que, al acabar la lectura de la novela, parece que volvemos leerla.

Etsuko, la protagonista, narra en 1ª persona la historia, aunque duda de su memoria al recordar: “Es posible que con el paso de los años mis recuerdos hayan perdido nitidez, que las cosas no sucedieran tal y como me vienen ahora a la memoria”. Esto hace más creíble lo que cuenta, aunque, al mismo tiempo, sabemos que su visión es muy parcial, no sólo en el conocimiento de los hechos, sino en su interpretación.

Estuvimos de acuerdo en que los personajes tienen en común su indefinición, pues callan más que lo que dicen, no acabamos de conocerlos del todo, ni sabemos con seguridad el futuro que les espera a cada uno de ellos. También les une el sentimiento de insatisfacción.

Nos detuvimos en los siguientes:

  • Niki es la hija pequeña de Etsuko que no estaba muy unida a su hermana mayor. Se muestra afectuosa con su madre a quien no considera culpable del suicidio de esta. Es independiente y, a diferencia de su hermana, con la que tenía algunos puntos en común, demuestra seguridad en sí misma.
  • Keiko es la hija mayor que acaba suicidándose. Tenía un temperamento violento y posesivo, cuando era pequeña, como su hermana, aunque, al haber nacido en Japón, está más influida por la cultura de este país. Tiende a aislarse de los demás, incluida su familia.
  • Sachiko es una mujer de unos treinta años que vivía con su hija de diez en Nagasaki, en un caserón de madera, que había sobrevivido a la devastación de la guerra. La consideraban fría y antipática; pero Etsuko se hizo su amiga, durante unos meses. Nunca se inquieta por nada y parece muy segura de sí misma. Tiene relaciones con Frank, que pertenece a las fuerzas de ocupación estadounidenses.
  • Mariko es su hija y está traumatizada por la imagen de una mujer recuperando el cadáver de su hijo del río, después de la explosión de la bomba atómica en Nagasaki. Tiene una gran imaginación, pero es poco sociable y no puede ver al amante americano de su madre.
  • Jiro es el primer marido de Etsuko y padre de Keiko. Siempre ha tenido una vena derrotista, pues “cuando no consigue lo que quiere, se enfurruña y ya no hay nada que hacer” (Ogata-San). Según nos revela su mujer, no quería vivir con su padre, lo cual provocó muchas discusiones, porque no era lo normal en el Japón de aquella época. Es competitivo y ávido por ascender en su trabajo.
  • Ogata-San es un profesor jubilado que ha ido a visitar a su hijo, Jiro, y  a su nuera. Se presenta como un hombre educado, que no entiende muy bien los cambios que se están produciendo en su país, después de la Segunda Guerra Mundial.
  • Y Shigeo Matsuda es también profesor, pero escribió un artículo en el que criticaba a Ogata-San por cómo ejercía su profesión, enseñando a los niños a no ver y a no hacer preguntas. Tiene ideas comunistas.

Sobre los temas que aparecen en la novela, comentamos:

  • El suicidio de Keiko está presente en las conversaciones entre su hermana y su madre y, en un momento dado, la primera le dice a la segunda: “Creo que papá debería haberse ocupado un poco más de ella, ¿no? La ignoraba casi todo el tiempo. La verdad es que no fue justo”. Nos referimos a otras posibles causas del mismo; pero la aportación más original fue el simbolismo que le reconoció José Ángel, relacionándolo con la muerte de la cultura oriental.
  • La amistad entre Sachiko y Etsuko, pues ambas consideran así su relación, aunque se ocultan muchas cosas sobre sus vidas respectivas: “Nunca conocí bien a Sachiko. Nuestra amistad fue cosa de unos cuantos meses de verano, hace ahora muchos años”.
  • La imagen de la familia se presenta bastante deteriorada, como lo prueba: la convivencia aparentemente feliz de Etsuko con su primer marido, Jiro; las relaciones distantes entre Niki y Keiko (“Sólo la recuerdo como alguien que solía hacerme desgraciada” -le dice primera a su madre); la fría relación de Sachiko con su hija y con su amante Frank; etc.
  • La emigración se plantea como una forma de superar los problemas. Un ejemplo es el de Sachiko, que planea marcharse a América, en busca de una vida mejor, sobre todo para su hija, que gozará de más oportunidades que en Japón. Además, no soporta ver la miseria de este país: “Confío en que ésta sea la última vez que veo tanta miseria”.
  • La Segunda Guerra Mundial, y en concreto el lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki, condiciona la vida de los personajes, aunque las referencias sean mínimas, porque éstos recurren quizá al silencio como estrategia para sobrevivir y superar el trauma de la guerra.
  • Y la cultura tradicional japonesa frente a la cultura americana. La primera la representan personajes como Ogata-San, su hijo, Jiro, o la prima de Sachiko, para quienes, por ejemplo, la mujer debe estar subordinada al hombre: “No es bueno que una mujer esté sin un hombre que la guíe”. La segunda la encarna sobre todo Niki, quien se rebela frente al único destino de casarse: “Por Dios, madre se pueden hacer infinidad de cosas. Lo que no quiero es verme arrinconada con un marido y un montón de hijos gritando”. Luego, hay personajes que viven con dramatismo el cruce de las dos culturas, como es el caso ya comentado de Keiko, cuyo suicidio en parte se debe a esto.

 

Próxima lectura: Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides, novela que ha sido llevada al cine por Sofía Coppola, y de la que hablaremos el miércoles, 9 de enero de 2019, a las 17:30.

 

 

Guion sobre Pálida luz de las colinas

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Guion para el debate
(Sesión del 21 de noviembre, miércoles, a las 17:30, en la Biblioteca)

1. Presentación del autor en su época

2. Opinión breve sobre la novela

3. Título: ¿qué significado puede tener?

4. Tiempo y espacio externos: ¿en qué época y en qué espacio se sitúa la narración?

5. Estructura

• Externa: ¿cómo se dispone formalmente la información?

• Interna: ¿cómo se organiza el desarrollo interno de la historia?, ¿qué nos parece el final?

6. Punto de vista: ¿quién narra los hechos?, ¿qué reacción suscita en el lector?

7. Personajes: ¿hay algo en común a todos ellos?

• Etsuko

• Niki

• Keiko

• Sachiko

• Mariko

• Sra. Fujiwara

• Jiro:

• Ogata-San:

• Shigeo Matsuda

8. Temas:

• El suicidio: ¿es algo instintivo entre los japoneses, como se afirma?, ¿por qué se suicida Keiko?

• La amistad: ¿qué tipo de relación existe entre Sachiko y Etsuko?, ¿se podría calificar de amistad?

• La nostalgia: ¿Añora su vida en Japón Etsuko?

• La enseñanza: ¿por qué se critica en un artículo a Ogata-San y a un colega, amigo suyo?

• La cocina: ¿por qué no se aprecia, según Ogata-San?, ¿se podría considerar como un arte efímero?

• La familia: ¿cómo se presenta la vida familiar?

• La emigración: ¿por qué se plantea Sachiko emigrar a América?, ¿qué opina su hija de este viaje?

• La Segunda Guerra Mundial: ¿cómo se reflejan sus consecuencias en la novela?

• La cultura tradicional japonesa frente a la cultura americana: ¿en qué se diferencian?, ¿quién representa una y otra?

• El machismo: ¿cómo se manifiesta en la novela?

• Los animales de compañía: ¿qué dos posturas hacia ellos aparecen en la novela?

9. Estilo:

• ¿Por qué rasgos se caracteriza?

• ¿En qué consiste el arte de la sugerencia?

10. Próxima lectura

La utopía que se convirtió en distopía

En esta frase se podría resumir la historia que se cuenta en La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer, novela de la que hablamos el pasado miércoles, en el Club de Lectura, porque, al principio de la misma, se plantea en Austria una sociedad ideal sin las personas que profesan la religión judía, una especie de mundo feliz; pero pronto este planteamiento se manifiesta como un fiasco y acaba siendo más perjudicial que beneficioso para los austríacos. En este sentido, se podría decir que la novela pasa de utópica a distópica.

La sesión comenzó con la presentación de su autor, a cargo de dos alumnas de 1º de Bachillerato, Carmen y Elena, que habían leído La ciudad sin judíos en la clase de Filosofía. La primera aludió al contexto histórico en el que se crea la novela y se desarrolla la historia: inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, con una situación de crisis caracterizada por la escasez de productos, por la carestía de la vida y por el paro, que perjudica sobre todo a las capas más bajas de la población vienesa. Por eso, se exige una cabeza de turco, que va a ser la del judío, cuya imagen seguía siendo la del triunfador: prestamistas que se enriquecen a costa del pueblo; funcionarios, que tienen asegurado su puesto de trabajo y que asisten a fiestas sociales; o intelectuales que ocupan los primeros planos de la actualidad.

La segunda de las alumnas se centró en la figura de Hugo Bettauer, que nace en el seno de una familia judía acomodada, en 1872, en la ciudad balnearia de Baden, y estudia en los mejores colegios austríacos. Emigra a Estados Unidos, donde adquiere la nacionalidad americana. Regresa casado y se instala en Berlín, donde se dedica al periodismo de investigación y lleva una vida bohemia. Marcha de nuevo al país americano, para trabajar como novelista por entregas y de género policiaco. En la lucha por la suerte, Sobre un suelo ardiente y A la sombra de la muerte son algunos de los títulos publicados. Vuelve a Viena en 1909, donde trabaja en diferentes periódicos y continúa escribiendo novelas, entre las que se encuentran: Sin trabas, El asesino de mujeres, El señor en la escalera del patíbulo y Memoria de un estafador.

Fue asesinado, en 1925, por un activista filonazi, probablemente porque sus libros tenían mucho de verdad e indignaron a sectores del ejército y a las clases bienpensantes de la sociedad. Previamente, hubo una violenta campaña de los periódicos de extrema derecha contra Bettauer. Su asesino  fue detenido, ingresado en un manicomio y puesto en libertad al cabo de un año y medio.

En vida, fue un escritor de éxito que vendía por decenas de miles sus novelas, aunque, después de su muerte, se le ignoró o al menos no aparece en ninguno de los manuales alemanes de historia de la literatura. No obstante, a partir de los años ochenta, su figura se ha revalorizado, con la reedición de sus libros, sobre todo los de más carga crítica, como La ciudad sin judíos.

Las tres alumnas presentes en la sesión comenzaron también el turno de opiniones sobre esta novela: a Carmen le había resultado difícil su lectura por el lenguaje en que está escrita, pero destacó la capacidad profética del autor, anticipándose a lo que ocurriría veinte años después en la Alemania nazi; Elena se refirió a los escasos valores literarios de la misma, que quizá explican la dificultad para leerla, sobre todo cuando se está acostumbrada, como ella, a obras más ambiciosas desde el punto de vista formal; y a Carmen Mª le había parecido aburrida, porque se repite mucho, aunque el final feliz la había reconfortado.

A Clara el argumento le recordaba otras expulsiones de judíos, ocurridas a lo largo de la historia, y entiende que ese es el auténtico valor de la novela, más que la predicción de la Alemania nazi, con la que, a su entender, tiene poco en común. Igualmente, cuestionó la generalización de Hugo Bettauer sobre los defectos del pueblo judío.

Para María la novela carece de interés literario, aunque sí lo tiene, en cambio, la reflexión que se hace sobre las situaciones de crisis, cuando no se da una solución justa, y que, a su entender, tiene una validez universal, pues es aplicable a cualquier tiempo y tipo de sociedad.

En opinión de Carmen Jurado lo que se cuenta es mucho más ingenuo, sencillo e irónico que lo que, veinte años después, sucedería en la Alemania de Hitler. En realidad, se trata de una historia inocente de amor entre dos personajes: Leo y Lotte.

A Víctor le parece que Hugo Bettauer, en esta novela, demuestra ser un hombre atento a lo que sucede en su época y da un toque de atención sobre lo que puede pasar en un futuro. Su lectura le había recordado al problema actual de Cataluña, donde, tanto desde el bando independentista, como del unionista, se tiende a la exclusión del diferente.

José ángel le reconoce a La ciudad sin judíos un valor más histórico que literario, pues su autor sabe reflejar la vida en Viena, tanto en lo referente a la ciudad propiamente dicha, como a los usos y costumbres de sus ciudadanos. No obstante, aprecia el uso de la ironía, como por ejemplo en el discurso del Canciller ante el parlamento, donde, antes de proponer la expulsión de los judíos, dice, ante el desconcierto de los que le escuchaban: “En efecto, damas y caballeros, soy una persona que estima a los judíos…”.

A Lourdes le había atraído la novela por el tema que plantea; pero, al leerla, ha descubierto otros aspectos, que tienen plena vigencia en nuestra sociedad, como la manipulación de las masas o la búsqueda, en épocas de crisis, de chivos expiatorios, contra los que se va, sin pensar en las consecuencias. En este sentido, le recordaba el drama de los inmigrantes, que parten de sus países en busca de una vida mejor y realizan trabajos que nadie quiere realizar, pero, al mismo tiempo, se les culpa de la ausencia de empleo para los ciudadanos del lugar al que llegan.

A Benito le parece una novela literariamente muy floja, aunque estimable por la imagen que ofrece de la vida vienesa. No cree que sea una reflexión sobre la tolerancia ni que tenga valores irónicos. Además, trata muy a la ligera el tema judío, lo cual no se entiende demasiado, considerando que el autor lo era.   

Miguel, finalmente, nos planteó esta pregunta, trayendo el tema a la actualidad: “¿si hoy día saliera a la luz un libro sobre la expulsión de los inmigrantes mexicanos de Estados Unidos o de los africanos de Europa, cómo reaccionaría la gente?” Por otra parte, manifestó su discrepancia con respecto a los que critican la debilidad estilística de Leo Bettauer, poniendo como ejemplo el discurso del Canciller Karl Schwertfeger, que le parece un ejercicio admirable de inteligencia política e ironía.

En cuanto a los personajes, coincidimos en que se trata de tipos cuyas descripciones funcionales y poco prolijas, se podrían haber obtenido en una comisaría de policía. Por eso, se pueden dividir entre antisemitas, como el citado Canciller de la República de Austria o el magnate norteamericano, Jonathan Huxtable; y los que son claramente favorables a los judíos, como Lotte Spineder y su prometido,  Leo Strakosch. Este último nos pareció el personaje más complejo: culto, inteligente y sensible, pero capaz de engañar a la gente mediante malas artes, para conseguir sus fines.

Entre los temas que aparecen en la novela, comentamos:

  • El antijudaísmo, que se remonta a la época de los romanos, donde ya estaban mal vistos por el pueblo llano, a causa de su triunfo social; que se da en España, con su expulsión en 1492, también para contentar a las clases populares, que se habían esforzado en la reconquista del territorio, pero carecían de todo, frente a la riqueza de los judíos; y que aparece en la novela, por razones similares, desde el principio, con el grito de “¡Fuera judíos!”, repetido por las calles de Viena, y que se confirma con la ley de expulsión y confiscación de sus bienes.
  • El amor entre un pintor judío, Leo, y una mujer cristiana, Lotte, que se ven obligados a separarse: “¿Y ahora qué va a ser de nosotros -se lamenta Lotte-, ¿cómo voy a soportar el estar sin verte todo el verano?”. Este sentimiento es el que incita a Leo a realizar acciones en pro de la derogación de la ley.
  • Y la identidad, entendida, según el diccionario de la RAE, como conjunto de rasgos propios de una colectividad que la caracteriza frente a las demás. Nos preguntamos: “¿quién la posee?”. En la sociedad que se describe en La ciudad sin judíos, sólo los nacidos en Austria, con padres que también son de este país: “Mostraremos a todo el mundo que Austria puede vivir sin judíos y que nosotros nos encontraremos sanos precisamente, porque hemos alejado de nuestra circulación sanguínea lo extraño”, dice, en su discurso, el Canciller Schwertfeger. Este tema nos llevó a hablar de la situación actual en Cataluña y el callejón sin salida al que se ha llegado, a causa de la incomprensión de unos y de otros, que ha ocasionado incluso la descalificación del que piensa diferente.

Cuando estaba finalizando la sesión, María Sanjuán nos comunicó a todos los asistentes la buena noticia de que se había llegado a un acuerdo, en el Congreso de los Diputados, para la recuperación de las materias de Filosofía que desaparecieron con la llamada ley “Wert”.

 

Próxima lectura: Pálida luz en las colinas de Kazuo Ishiguro, novela de la que hablaremos el miércoles, 21 de noviembre, a las 17:30.

 

Guion sobre La ciudad sin judíos

Club de Lectura del IES Gran Capitán

(Sesión del 17 de octubre, miércoles, a las 18 horas)

GUION PARA EL DEBATE

  1. Presentación del autor en su época
  1. Opinión breve sobre la novela

 

  1. Contexto histórico

 

  1. Género literario

 

  1. Intencionalidad

 

  1. Punto de vista: ¿que voz cuenta la historia?

 

  1. Estructura: ¿de cuántas partes consta la obra?, ¿cómo se estructura cada una de ellas?, ¿cómo valoramos el final?, ¿nos parece creíble?

 

  1. Temas:

 

  • La dualidad judío/ario: ¿es maniqueo el planteamiento que hace Hugo Bettauer?

 

  • El antisemitismo: ¿a qué época se remonta?, ¿cómo se manifiesta en la novela?

 

  • La expulsión de los judíos: ¿por qué se produce?, ¿qué consecuencias tiene?

 

  • ¿Utopía y/o distopía?, ¿cómo se puede considerar La ciudad sin judíos?

 

  • El amor: ¿podemos entender la obra como una historia de amor?

 

  • La extorsión: ¿quién la comete, una vez que entra en vigor la Ley Antijudía?

 

  • La identidad: ¿quién la posee?, ¿sólo el que nace en un país, con padres y abuelos del mismo país, o es suficiente con vivir en él?

 

  1. Personajes: ¿se puede decir, en general, que más que personajes, con caracterización particularizada, son tipos que encarnan una idea o un modo de ser?

 

  • Karl Schwertfeger

 

  • Leo Strakosch

 

  • Lotte Spineder

 

  • Karl Maria Laberl

 

  • Josef kallop

 

  • Franz Spineder
  • Jonathan Huxtable

 

  1. Estilo: ¿por qué se le ha atribuido una cierta debilidad estilística?, ¿qué función desempeña el humor en la novela?, ¿cómo se genera?

 

  1. Próxima lectura

 

 

“Al que se hace de miel, se lo comen las moscas”

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En este frase -recordó Víctor- les resume la Abuela Grande a sus nietos la lección que debían aprender, es decir, que para andar por la vida no hay que dejarse pisar por nadie. Sin duda es un gran consejo que Arturo Barea, en aquella época un niño, supo aprovechar, a lo largo de su vida, defendiendo siempre su independencia de criterio.

Barea está entre los escritores que se vieron obligados a abandonar España, después de la Guerra Civil, por su apoyo a la República, como Max Aub, Ramón J. Sénder, León Felipe y la mayor parte de los poetas de la Generación del 27: Cernuda, Salinas, Guillén, Alberti… Y dentro de este grupo, se sitúa entre los que encuentran, en el tema de la Guerra Civil española y sus causas, el núcleo básico de su inspiración.

Nace en Badajoz, pero, a causa del fallecimiento de su padre a la edad de 34 años, se marcha, junto con el resto de la familia a Madrid, donde su madre trabaja de lavandera en el río Manzanares. Estudia, gracias a la ayuda de unos tíos suyos, hasta los trece años, edad en la que  empieza a trabajar: primero, en una bisutería; después en un banco, más tarde en una oficina, y finalmente es dueño de una fábrica de juguetes, que por desgracia quiebra pronto. Es llamado a filas y enviado a la guerra de Marruecos, donde se muestra como un soldado competente y valeroso. Se licencia en 1924 como oficial de reserva y, de nuevo en Madrid, se casa con Aurelia Grimaldos, con la que tiene cuatro hijos; pero con la que nunca fue feliz. Después, durante la Guerra Civil,  cuando ejercía de censor en Madrid, conoce a Ilsa Kulcsar, traductora de origen austríaco, de la que se enamora nada más verla. Ambos abandonan España en noviembre de 1937 y, tras un breve periodo de tiempo en Francia, se trasladan a Inglaterra, donde él trabaja de comentarista de la BBC, para emisiones semanales destinadas a América del Sur. Muere en este país, en 1957, como consecuencia de un cáncer, después de haber conseguido la nacionalidad inglesa y con el dolor de apenas haber tenido contacto con sus hijos.

Toda su vida la recoge en el libro autobiográfico La forja de un rebelde, que se publica en inglés entre 1941 y 1946, y en español, en la editorial Losada, en 1951, aunque estuvo prohibido durante la dictadura franquista. El libro consta de tres volúmenes: La forja (1941), que trata sobre sus sus azarosos comienzos, contemplados por los ojos de un niño; La ruta (1943), que se desarrolla durante la guerra de Marruecos, de la que nos ofrece una visión de conjunto de primera mano; y, finalmente, La llama (1946) donde nos presenta una visión pesimista de la guerra civil.

Sus cuentos, de  los que hablamos ayer, en el Club de Lectura, se integran también en tres volúmenes: Valor y miedo, Cuentos misceláneos y El centro de la pista.

En el turno de opiniones breves sobre los mismos, Miguel comentó que la edición donde están recogidos no parece seguir criterio lógico alguno, pues se mezclan los distintos temas de los que tratan, así como las diferentes épocas en las que fueron escritos. De haber seguido, por ejemplo, unas pautas cronológicas, hubiéramos podido tener una visión de conjunto de lo que fue la primera mitad del siglo XX en España. Añadió que los cuentos que más le habían gustado son los que hablan de la tierra y los de crítica social, como el titulado “Agua bajo el puente”, donde se llega a la conclusión de que la vida humana ha sido siempre una lucha por el poder, con lo que esto conlleva.

Enrique abundó en la crítica a la deficiente edición de los cuentos completos, entre los que seleccionó uno, “Un español en Hertfordshire”, donde se compara al policía inglés, que vive en una casa normal y está bien considerado por sus vecinos, con la imagen sombría de los guardias civiles, siempre en pareja, sobre sus caballos negros y con sus tricornios, que “cuentan con el odio sempiterno de todo el campo”.

Carmen, que conocía la obra de Barea, desde hace tiempo, elogió: su precisión descriptiva, que nos hace imaginar lo que describe; la cercanía con la que nos llega el mensaje, sin exceso de artificio; la cuidada estructura de muchos de los cuentos; y los finales inesperados, donde se puede apreciar el valor de lo no dicho, pero que se sugiere.

A Benito le habían llamado la atención sobre todo los más autobiográficos por su veracidad y, en general, valoró la habilidad para describir las costumbres, desde la perspectiva del pueblo llano, y su visión objetiva de la Guerra Civil, pues censura los crímenes horribles cometidos tanto por uno como por otro bando.

Inés, finalmente, recordó el homenaje que se había organizado en Madrid a Arturo Barea, en marzo de 2017, con la inauguración de una plaza con su nombre, y en el que intervinieron:  el historiador, Ian Gibson; el rector de la UNED, Rafael Triana; la escritora, Elvira Lindo; y la alcaldesa, Manuela Carmena. Está última dijo sobre él y su obra más importante: “conmovió a toda una generación; mi generación ha sido la que tuvo que encontrar a esa parte de España que no estaba cuando nacimos; los que nacimos en el franquismo tuvimos que ir encontrando a esos abuelos, a esos padres, a esos tíos, a esos escritores, a esos políticos que se nos habían ido; y La Forja de un rebelde fue uno de los libros que encontramos”.

En el debate propiamente dicho, nos detuvimos a hablar sobre algunos de los cuentos:

“El cono” presenta el contraste entre la tiranía cruel del señorito, que dispone de sus empleados como cualquier otra posesión suya, y la sumisión de estos, representados por Toñín, un niño que con sólo diez años se ve obligado a trabajar, y Antonio, su padre, que muere asfixiado en un cono, al entrar en su interior a lavarlo, obligado por el amo, cuando aún permanecían los gases producidos por la fermentación del vino.Nos preguntamos por un posible maniqueísmo en el planteamiento; pero desechamos esta idea, porque Barea no trata de reducir la realidad a una oposición radical entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo, sino que se limita a reproducirla tal cual es.

De “Agua bajo el puente”, además de lo comentado por Miguel, valoramos: el acierto al contar la historia de la muerte violenta del terrateniente, desde tres puntos de vista diferentes (el del juez, guiado únicamente por su interés personal; el del sargento, en la misma línea que éste; y el del zapatero, que no dice todo lo que sabe); y la capacidad para generar la intriga en torno a la punta de una navaja, que se resuelve en un final inesperado: “El zapatero me abandonó para cruzar junto al alcalde. Llevaba en la mano una navaja abierta. La larga hoja tenían una pulgada de ancho y había perdido la punta”.

“La tierra” cuenta la venganza de un padre que ha perdido a su hijo en el campo de batalla; pero, en realidad, como el propio título sugiere, es un canto a la tierra y lo que significa para el que la labra: “Abres un surco, echas un grano y sale una espiga. Sudas y te hielas durante meses, pero cuando siegas, es como el vino; te emborrachas y te sientes pagado. Cuando la tierra está seca y no llueve, no hay espigas. Entonces sientes la rabia de no poder coger una nube y romperla y sacar el agua de dentro con los dientes y las manos. Los que queremos a la tierra, cuando no llueve, rabiamos. Los que no quieren a la tierra, se ríen”.

“La lección” es uno de los cuentos donde aparece un personaje complejo y con capacidad para sorprendernos: la Abuela Grande, desmesurada en todos los sentidos: en tamaño y peso, fuera de lo normal; en su vida personal, pues tuvo veinticinco hijos; y en su carácter fuerte e intemperante. Pero, al mismo tiempo y como contrapunto a esta desmesura, se muestra humilde y con sentido de la justicia: “No es una cuestión de dinero, es una cuestión de derecho”, le espeta al jefe de estación, cuando éste le manifiesta la disposición de la compañía para pagar por las dos docenas de requesones, que traía del pueblo.

En el “El testamento” también encontramos a un personaje admirable, el tío Anselmo, que es culto, noble de carácter y con conciencia social, como se puede reconocer en este fragmento de su testamento, donde declara su voluntad de que se quemen sus títulos nobiliarios: “En el bargueño están los títulos de propiedad del antiguo señorío de mi familia. Es mi voluntad que nadie los lea, ni menos aún los use. Esto es lo que manda mi conciencia. Con ello abro a mis herederos el camino hacia Dios y hacia los hombres”.

Y Teresa, en el cuento homónimo, igualmente, se presenta como un personaje dinámico y psicológicamente complejo, pues se trata de una mujer valiente y culta, condicionada por un pasado trágico, que tiene una lucha interior entre su deseo de reencontrarse con la iglesia católica, que le dio la espalda, durante la guerra civil, sirviendo a los intereses de los poderosos, y su temor de que le defraude nuevamente. Pero este misterio no lo desvela hasta el final, cuando leemos la carta que le escribe al sacerdote inglés: “Nosotros, mi padre, mi madre y yo, habíamos respetado la ley de Dios. Habíamos intentado ser buenos con el prójimo, no habíamos hecho mal a ningún ser humano, no éramos severos ni insensibles. Nunca habíamos temido la ira de Dios porque Dios era justo. Esa noche el de la justicia nos había aplastado como si fuéramos pompas de jabón…”

Podíamos haber seguido hablando sobre los cuentos de Arturo Barea, cuya lectura nos ha dejado un poso profundo, una mezcla de admiración y tristeza, como la que nos dejó Chaves Nogales, escritor con el que tiene en común: el pecado de ser independiente, en una época donde necesariamente había que tomar partido; el haber conocido en persona las consecuencias terribles de una guerra fratricida; y la pena inconsolable del exiliado. Cuando un periodista argentino le preguntó por España, un año antes de morir, Barea contestó: La patria se siente como un dolor agudo al que no llega uno a acostumbrarse”.

Próxima lectura, a propuesta de María: La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer. Hablaremos de esta novela el 17 de octubre, miércoles, a las 18 horas, en la Biblioteca del instituto.