Una novela que no deja indiferente

A ninguna de las personas que asistimos el pasado miércoles al club de lectura nos ha dejado indiferente Intemperie: a unos les ha hecho sufrir y a otros nos ha conmocionado, pero todos coincidimos en que es difícil quitarse esta novela de la cabeza, una vez que se ha leído. Este probablemente es el motivo principal –resumió Benito al final de la sesión- por el que le dedicamos dos horas de intenso debate, en la biblioteca, que se prolongó después tomando una cerveza en un bar cercano al instituto.

En la presentación, recordamos que el autor de la misma, Jesús Carrasco nació en Olivenza (Badajoz) en 1972, aunque su familia se trasladó a Torrijos (Toledo) donde su padre ejerció como maestro. Se licenció en Educación Física, pero actualmente trabaja, en Sevilla, como redactor publicitario, actividad que compagina con la escritura.

Intemperie, que es su primera novela, ha sido acogida con entusiasmo por los lectores y por la crítica, y ha recibido numerosos premios: mejor Libro del Año 2013, concedido el Gremio de Libreros de Madrid; Premio de Cultura, Arte y Literatura de la Fundación de Estudios Rurales; English PEN Award y el Prix Ulysse a la Mejor Primera Novela; etc. Además, se ha editado en trece países diferentes.

Entre los comentarios que se han vertido sobre ella, destacamos las siguientes:

“Si tuviera que describirlo diría que estamos ante la riqueza de Miguel Delibes y la fuerza de Cormac McCarthy, fundidas en una voz propia” (Elena Ramírez, Seix Barral)

“Novela de formación que habla de la esencia de la vida con profundidad y sutileza… Una historia universal” (Mariagrazia Mazzitelli, editorial Salani, Italia)

“La maravillosa primera novela de un nuevo autor de enorme talento. Una prosa excelente, un texto realmente especial, cautivador” (Natalie Buchholz, editorial Klett-Cotta, Alemania)

“Una novela increíblemente conmovedora y poderosa… y un autor de gran talento con una escritura excepcional” (Michal Shavit, editorial Harvill Secker, Reino Unido)

Abrió el turno de opiniones Carmen Jurado a quien le había sobrecogido su lectura, porque el tema que aborda es de una gran dureza. Igualmente, elogió la capacidad de Jesús Carrasco para sugerir y para dejar en el aire interrogantes, que quisiéramos poder contestar, como el destino de su joven protagonista.

También leyó fragmentos de correos electrónicos sobre la novela, que había intercambiado con Pilar Tolosa, antigua compañera de departamento, donde se recoge la opinión de esta:

“Comencé la relectura –en formato digital- con avidez, con casi todo olvidado porque es imposible recordar de esa novela algo que no sea redondo, entero, …no puede uno ir viendo los “casi movimientos”, uno a uno de esa pobre criatura. La primera impresión, el primer juicio que se me ocurría hacer de esta obra es la riqueza de léxico, el dominio de todo aquel cerrado mundo del abandono y la pobreza. Te confieso que sigo sin entenderla del todo. ¿Qué se está denunciando en el fondo?¿Qué relaciones hay, ha habido”, de qué talante y cómo entre los diversos personajes que son exactamente tres? ¡Cuánto me gustaría ahora estar bien cerca para poder charlar sobre esto! Termino contándote que el “vicio” me arrastró hasta el capítulo cuarto, después del cual y de reprenderme a mí misma duramente, cerré el ordenador, me puse mi “parka” cordobesa-conquense y me fui a la Biblioteca a pedir el libro. Sigo igual de impresionada, ya con él acabado”.

A Víctor, igualmente, le había suscitado muchas preguntas la lectura de Intemperie, y su estética le había recordado al western, por la violencia de lo que se cuenta, y por los personajes, que se mueven en un espacio indómito y se pueden distribuir en dos grupos: los que representan el bien y los que se aprovechan de éstos, para satisfacer sus deseos.

Inés comentó que se creía la novela “de pe a pa”, porque refleja muy bien la sociedad de la posguerra: la dureza de la vida en el campo, la capacidad de resistencia ante la adversidad, la violencia soterrada, etc. Añadió que estaba convencida de que hay una historia real detrás de ella, porque sabe a auténtica, a algo vivido.

A Carmen, madre del AMPA, le había gustado la forma en que está escrita, por ejemplo, cómo se describe a los personajes. Y en cuanto al contenido, le había parecido una historia sobrecogedora, sobre todo, porque nos lleva a imaginarnos el terrible sufrimiento del niño.

Enrique también manifestó su admiración por los personajes, muy bien trazados, y por el conocimiento que demuestra el autor de la vida en el campo, aunque no se acababa de creer que la hayan traducido a tantos países.

A Benito le había interesado sobre todo la primera parte, por el vocabulario rural, que le había hecho recordar su propia infancia. En la segunda parte, en cambio, le parece poco creíble el personaje del niño, porque los pensamientos que vamos conociendo de él, son más propios de un adulto.

Miguel comentó que hay un exceso de descripción en esta novela y que a él personalmente su lectura le había angustiado, por la historia tremenda que cuenta, pero no le había emocionado. En su opinión, Intemperie se resume en la portada del libro, donde se pueden ver los dos elementos más importantes: el título y la imagen de la cabra.

Para María predominan dos sentimientos en la misma, que te invitan a seguir leyendo: la indefensión no sólo del niño sino de mucha gente que vivió en aquella época, y el dolor que causa esta indefensión; no obstante, reconoció que a veces tenía que parar de leer, porque no podía seguir, dada la dureza de la historia.

Lola, finalmente, comentó que esta novela le había recordado a Los santos inocentes de Miguel Delibes, por el tipo de sociedad cerrada y opresiva que refleja; y añadió que al principio le había costado mucho leerla; pero que luego le había enganchado, porque la historia de supervivencia que cuenta le parece universal.

En el debate propiamente dicho, nos preguntamos por el significado del título, que se explica en un pasaje de la novela:

“La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio del campo del terror, él había levantado la espalda en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables.”

Comentamos el punto de vista de narrador omnisciente, que le permite a Jesús Carrasco introducirse, por ejemplo, en los pensamientos del niño y mostrárnoslo como si fuera un adulto.

También la estructura “in medias res”, pues se desconoce lo que ha sucedido antes de que el protagonista huya de su pueblo, aunque, a medida que avanza la novela, se irá desvelando.

Precisamente, este inicio en mitad de la historia genera la intriga en los lectores, pues hace que nos preguntemos sobre la causa de esta huida, que conoceremos a través de señales, hábilmente distribuidas:

  • “Afinó el oído cuanto pudo sin hallar rastros de la voz del alguacil, y hasta esa ausencia le dio miedo” (pág. 12)
  • “El chico conocía bien ese sidecar. Había ido muchas veces en él, cubierto con una manta polvorienta…” (pág. 22)
  • “El recuerdo de la voz del alguacil le rajó los ojos y sintió que era sangre lo que comenzaba a brotar por las rendijas inflamadas de sus párpados.” (84)
  • Cuando accidentalmente ve el glande del cabrero, “el chico salió corriendo y se perdió en la oscuridad.” (pág. 89)
  • Cuando oye al alguacil hablar con el viejo, “sintió que se le erizaba el pelo de la nuca. Notó un calor acuoso bajándole por sus piernas tiesas y cómo se le empapaban las botas…” (pág. 96)

El espacio árido y seco por donde se mueve el niño se corresponde con su soledad radical, y condiciona su vida y la de los demás personajes. Por eso, el final abierto, con las gotas de lluvia que empiezan a caer, anuncia un futuro venturoso para él:

“El cielo repleto de nubes grises en medio de la mañana y una luz transparente que perfilaba los objetos, otorgándoles una nitidez que no recordaba. Las gotas gruesas que se partían contra el suelo polvoriento y que no penetraban en él… Caminó unos metros frente a la fachada y dejó el recipiente en el suelo. Luego volvió a la puerta y allí permaneció mientras duró la lluvia, mirando cómo Dios aflojaba por un rato las tuercas de su tormento.”

Hablamos de la similitud de Intemperie con Lazarillo de Tormes, pues en ambas se describe un proceso de aprendizaje de la vida, aunque con resultados diferentes: mientras que el protagonista de la segunda de las novelas citadas acaba en la indignidad, al casarse con la barragana del arcipreste, el de la primera, en cambio, que podía haberse convertido en un ser violento, a causa de los abusos sexuales sufridos, intuimos que va a ser una persona buena y solidaria.

Sobre la ausencia de nombres que identifiquen a los personajes, entendimos que es un acierto, porque representan arquetipos: unos, como el niño y el cabrero son personas damnificadas, víctimas de la sociedad opresiva en la que viven, y otros, como el alguacil, ejercen contra estos la violencia y la opresión.

Finalmente, nos referimos a la brillantez del estilo en el que está escrita Intemperie, con descripciones precisas y detalladas, como la del aparejo del burro, y narraciones muy cinematográficas, como la llegada del alguacil y sus ayudantes a las ruinas del castillo, donde se encontraban el niño y el cabrero:

“El pastor los recibió de pie. Se quitó el sombrero y asintió con la cabeza en señal de bienvenida. Uno de los jinetes le devolvió el saludo tocándose la punta de la gorra. El otro, un tipo con la barba rojiza, ya recorría los contornos con la mirada… El alguacil apagó la moto y, a pesar de que las cabras seguían balando y meneando sus cencerros, el viejo sintió como si se hubiera hecho el silencio absoluto. El hombre se sacó los guantes de cuero y los colocó uno junto a otro sobre el borde interior de la carrocería del sidecar. Los dedos hacia dentro y los largos manguitos de cuero colgando por fuera. Luego, sin bajarse de la moto, se quitó las gafas elásticas, se abrió el verdugo del casco y se descubrió. Tenía el pelo empapado de sudor…”

Próxima lectura, a propuesta de Enrique, Utopía de Tomás Moro, de la que hablaremos el 5 de abril, miércoles, a las 17:30.