El sentido del humor de Cervantes

Sin duda este fue el aspecto más valorado en la sesión del pasado miércoles, que dedicamos a dos de las novelas ejemplares de Cervantes: La gitanilla y Rinconete y Cortadillo. Un sentido del humor que utiliza, entre otras razones, para burlar la censura de aquella época, que emanaba del Tribunal de la Inquisición, y que le hace presentar, por ejemplo, a un grupo de delincuentes como una cofradía religiosa, de tal forma que cada uno de ellos está convencido, a pesar de sus fechorías, de ir al cielo, por el hecho de asistir a misa todos los días y cumplir con el resto de obligaciones religiosas. En el fondo Cervantes, está criticando, de forma sutil y disimulada, la hipocresía de la iglesia.

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Como siempre, fue María la encargada de presentar al autor, cuya vida se caracterizó por los numerosos viajes que llevó a cabo y por las dificultades para vivir que siempre le acompañaron. Así, por ejemplo, se refirió a la batalla de Lepanto, donde Cervantes pierde la movilidad de la mano izquierda, a causa de un disparo; a los cinco años de cautiverio en Argel, que son los más penosos de su vida; y a las diferentes ocasiones en que es encarcelado, bajo la acusación de malversación de fondos públicos. No obstante, comentamos que fue un hombre honesto, aunque quizá poco hábil en asuntos de finanzas y víctima a veces de las malas artes de terceros.

En cuanto a su producción literaria, Cervantes se afanó en ser poeta, pero, según sus propias palabras, “fue una gracia que no quiso darle el cielo”, e intentó vivir del teatro, aunque no lo consiguió, porque los directores no compraban sus comedias, a diferencia de lo que sucedía con Lope de Vega. Donde verdaderamente triunfó fue en la narrativa, tanto que se le considera el creador de la novela moderna. Él mismo fue consciente de estar escribiendo en este género literario por primera en lengua castellana.

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Murió el mismo día que Shakespeare, el 23 de abril de 1616, aunque quizá no sea del todo exacto, porque los calendarios que regían en España e Inglaterra eran distintos. En cualquier caso, la “coincidencia” ha hecho que se celebre el Día Internacional del Libro en esta fecha.

En el turno de opiniones sobre las dos novelas, Inés se refirió a la actualidad de Rinconete y Cortadillo, sobre todo por el tema de la corrupción. También elogió la lucidez del primero de estos dos personajes, cuando al final de la novela critica la situación de la justicia en España: “cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla, pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan contraria a la misma naturaleza”.

A Carmen la relectura de La gitanilla le había defraudado, porque, en su opinión, ha soportado peor el paso del tiempo que Rinconete y Cortadillo, la cual le había gustado por la capacidad de Cervantes para describir la sociedad de la época. En esta misma opinión abundó Clara, quien reconoció que la segunda de las novelas le había resultado difícil de leer, sobre todo por el lenguaje de germanía. También Víctor aludió a esta dificultad, aunque destacó la actualidad de lo que se cuenta.

En cambio, a Lola P. Ebrero le había parecido más amena La gitanilla, aunque su contenido, a diferencia del de Rinconete y Cortadillo, lo considera deplorable.

Miguel se había sentido atraído por el lenguaje en que están escritas, desde el propio término “germanía”, como jerga de ladrones y delincuentes, hasta otros como: “murcio”, que significa “ratero” y que está relacionado con murciélago. Contó que había hecho un inventario de todos los términos, que reflejan una forma determinada de vivir.

Benito, al leer estas novelas, ve a Cervantes en las mismas, porque lo que cuenta lo ha vivido personalmente, en especial Rinconete y Cortadillo, que le parece un estudio antropológico de la sociedad sevillana de principios del siglo XVII.

Lola Cortés reconoció que no había disfrutado leyéndolas. La gitanilla le parece una novela más compleja, con introducción, nudo y desenlace, mientras que en Rinconete y Cortadillo echa en falta un desarrollo mayor de la historia.

Nos preguntamos ¿por qué las llama Cervantes novelas ejemplares?

Por uno lado, como el propio adjetivo indica, pretende ofrecernos ejemplos de lo que debemos y de lo que no debemos hacer. Es decir, de cada una de ellas se puede extraer una enseñanza provechosa para los lectores. Esto es lo que el autor declara en el prólogo, porque es lo que corresponde en una época de gran control ideológico y religioso.

La Gitanilla, por ejemplo, nos ofrece un ejemplo de mujer libre e independiente; aunque al mismo tiempo casta, honesta y sometida a la voluntad de sus padres. Rinconete y Cortadillo, por su parte, representan un modelo de amistad.

Pero también estas novelas se escriben con la finalidad entretener: “Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras”.

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Hablamos de los personajes y valoramos el respeto con el que Cervantes se acerca a los mismos, con independencia de su condición social. Ya lo había hecho en la primera parte del Quijote, con Sancho Panza, el cual rivaliza en ingenio y sabiduría con don Quijote. Y ahora lo vuelve a hacer, por ejemplo, con Rinconete y Cortadillo, los cuales, a pesar de su marginación y aspecto desastrado, demuestran, desde el principio, educación y saber estar:

“-¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adónde bueno camina?

-Mi tierra, señor caballero –respondió el preguntado-, no la sé, ni para dónde camino, tampoco.”

Entre los temas que aparecen en las dos novelas, comentamos:

• La corrupción, que desgraciadamente sigue teniendo actualidad:

La vieja gitana, a pesar de haber cometido delitos, se libró de ser azotada, en tres ocasiones, después de sobornar al juez, mediante regalos o dinero.

El alcalde, tío del que mató Andrés, perdona a éste a cambio de 2000 ducados.

• Los gitanos:

Una etnia libre, que vive al margen de las leyes oficiales, pero al mismo tiempo marginada. Así, lo lamenta el gitano viejo: “Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes…”

• El clasismo

Lo reconocimos especialmente en La gitanilla: “Merecía ser hija de un gran señor” dice de Preciosa alguien que la escucha cantar. Además, su matrimonio con Andrés sólo es posible cuando se descubre que ella en realidad es noble como él.

• El machismo y la discriminación de la mujer:

La Gananciosa justifica los malos tratos que ha sufrido su hermana Cariharta a manos de su marido de la siguiente forma:

“Porque quiero que sepas, si no lo sabes, que a lo que se quiere bien, se castiga; y cuando estos bellacones nos dan, y azotan y acocean, entonces nos adoran…”

“Y tu verás, hermana, si no viene a buscarte antes que de aquí nos vamos, y a pedirte perdón de todo lo pasado, rindiéndosete como un cordero…”

Finalmente, elogiamos el estilo de Cervantes, en concreto, su habilidad para construir diálogos, que demuestra, por ejemplo, en el inicio de Rinconete y Cortadillo; y el arte de la descripción que se aprecia, en la que hace del jefe del hampa sevillana:

“Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor Monipodio, tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía. Parecía de edad de cuarenta y cinco a cuarenta y seis años, alto de cuerpo, moreno de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso; los ojos, hundidos. Venía en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque: tanto era el vello que tenía en el pecho. Traía cubierta una capa de bayeta casi hasta los pies, en los cuales traía unos zapatos enchancletados, cubríanle las piernas unos zaragüelles de lienzo, anchos y largos hasta los tobillos; el sombrero era de los de la hampa, campanudo de copa y tendido de falda; atravesábale un tahalí por espalda y pechos a do colgaba una espada ancha y corta, a modo de las del perrillo; las manos eran cortas, pelosas, y los dedos gordos, y las uñas hembras y remachadas; las piernas no se le parecían, pero los pies eran descomunales de anchos y juanetudos. En efeto, él representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo.”

Próxima lectura, a propuesta de Miguel: La ley del menor de Iam McEwan. Hablaremos de este libro el 26 de octubre, miércoles, a las 18 horas, en la biblioteca.

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