El peligro de ser diferente

Si en algo estuvimos de acuerdo durante la animada y fructífera sesión del pasado miércoles, dedicada a Billy Budd es en la intencionalidad última de Herman Melville: el peligro de ser diferente, como lo es el joven protagonista, que se sale del camino establecido. La maldad del capitán Vere y sobre todo de John Claggart es la de quien ha renunciado a sus sueños y desprecia a quien los persigue. De ahí la vigencia del texto.

María presentó al autor, en su época. Melville nace en Nueva York en 1819 y tiene una vida bastante complicada. A los trece años, su padre muere probablemente suicidándose, lo cual le obliga a trabajar en los más variados oficios (chico de recado, marinero, copista, etc.), donde después se inspirará para escribir sus novelas. No puede ir a la universidad por motivos económicos. Tiene problemas con el consumo excesivo de alcohol y 1967 es un año funesto para él: su mujer, Elizabeth Shaw,mide el divorcio, acusándolo de loco, y su hijo mayor, Malcolm, se suicida.

Publica sus primeras novelas pronto y se hace famoso, pero luego su éxito decae, de acuerdo con los gustos del público, lo que hace que sus obras estén en un olvido relativo, hasta principios del siglo XX. Por ello, su muerte, el 28 de septiembre de 1891, pasó prácticamente inadvertida.
Su obra maestra, Moby Dick (1851) es una novela de aventuras que cuenta la travesía del barco ballenero Pequod, dirigido por el capitán Ahab, en persecución de una gran ballena blanca. También tiene dos obras breves muy bien valoradas por la crítica: Bartleby, el escribiente, de la que hablamos hace unas semanas y Billy Budd, novela inacabada, que se publica después de morir su autor.

El turno de opiniones sobre esta novela lo comenzó Clara, a quien le había costado entrar en ella por el estilo decimonónico en el que está escrito, con abundantes tecnicismos, relacionados con el mundo de la marinería. No obstante, Herman Melville le parece un gran escritor de guiones cinematográficos. Añadió que en Billy Budd hay mucho morbo en la relación entre el maestro de armas y el protagonista y que le habían llamado la atención las reflexiones en las que se aleja de la historia principal.

Jose, un alumno de Informática, se incorporó ayer al club, por primera vez, estimulado por su tía Adela, antigua y entrañable compañera nuestra, que le había hablado muy bien del mismo. Comentó que había intentado leer la novela en inglés; pero que, a causa de su dificultad terminológica, finalmente optó por hacerlo en español. No le había gustado nada por la escasez de acción, por la historia en sí misma y porque el desenlace le parece un tanto arbitrario.

En opinión de Miguel Ángel no sabemos lo que es del autor y lo que no es, puesto que se trata de una obra inacabada, que, además, se sale un poco del estilo con el que están escritas otras, como Bartleby, el escribiente. Le ve un sentido moralista, aunque con un planteamiento anacrónico de la figura del buen salvaje, es decir, del ser humano bueno por naturaleza del que habló Rousseau, en el siglo XVIII. Por otra parte, le parece una novela muy cinematográfica, sobre todo en los capítulos iniciales, donde presenta a los personajes. Finalmente, comentó, que reconoce al autor detrás de la obra, que es lo que busca siempre él en la literatura.

A Lola no le había enganchado ni interesado la novela, tanto en lo que se refiere a la historia que se cuenta como a la forma en que está escrita. Además, le ha parecido un final muy triste. No obstante, reconoció que no había profundizado lo suficiente en ella.

José Ángel comentó que le habían resultado más interesantes las interpretaciones que el relato en sí mismo, porque la lectura la había hecho con un cierta indiferencia, sobre todo por la simplicidad de los conflictos que se plantean.

Para Miguel la novela es fundamentalmente belleza, y el protagonista es el propio autor del libro, que está enamorado de su personaje Billy Budd. Sin embargo, esta obsesión por la belleza entra en contradicción con las ideas calvinistas que profesa. Añadió que está muy influida por la Biblia y por el idealismo de Platón.

Carmen dijo que Billy Budd es, en efecto, decimonónica por el lenguaje, especialmente, por las descripciones largas, y al mismo tiempo vanguardista, porque Melville introduce en el relato elementos ajenos al mismo y porque utiliza diferentes voces narrativas. En este sentido, es un pionero en su época. No termina de cerrar nada, quizá porque intenta generar suspense o porque se trata de un libro inacabado.

Finalmente, Benito, emocionado, confesó que le había encantado. Le parece una novela moderna desde el inicio, con la descripción de los marineros en el puerto, una escena claramente homoerótica. Por otra parte, le habían interesado mucho: la contraposición entre el bien y el mal; el tema de la envidia y a dónde nos puede llevar; el conflicto entre la ley y la moral individual… Todo tratado, además, en un espacio tan reducido como un barco, pero que se puede aplicar a otros contextos. Nos recomendó encarecidamente la película La fragata infernal (1963), basada en este libro, y que está dirigida e interpretada por Peter Ustinov.

En el debate, hablamos precisamente de la contraposición entre el bien, encarnado por Billy Budd, que representa a la naturaleza previa al gran pecado, y el mal, representado por el maestro de armas, John Claggart, un personaje mezquino, envidioso, y resentido.

Este último, aunque no se diga explícitamente, parece ocultar un deseo homosexual: “A veces, la expresión melancólica tenía un leve dejo de suave añoranza, como si Claggart hubiese sido incluso capaz de amar a Billy, a no ser por el destino y la maldición. Pero pronto se arrepentía de ello, como que esa mirada, que no se podía mitigar, pellizcara y arrugara su rostro hasta convertirlo momentáneamente en una especie de nuez reseca”.

Y del propio Billy se destaca su fuerza y sobre todo su belleza: “Si era preciso arrizar las gavias en plena tormenta, allí estaba él, a horcajadas en la punta de la verga, el pie en el «caballo flamenco», como en un estribo, agarrando con ambas manos la orejera como si fuese una brida, en una actitud muy similar a la del joven Alejandro domando al feroz Bucéfalo”.

Comentamos el conflicto entre justicia y ley, que se plantea en el juicio y que reconocemos en el discurso donde el capitán Vere trata de justificar la condena de Billy, al que ha aplicado la ley marcial: “Para tranquilizarnos un poco, recurramos a los hechos. En tiempo de guerra, en el mar, un marinero golpea a un superior de grado y el golpe es mortal. Independientemente de su efecto, el golpe es, de acuerdo a los Artículos de Guerra, un delito gravísimo”. Es decir, se guía únicamente por su fidelidad a la corona, por su moral institucional, no por su moral individual, que le hubiera llevado a considerarlo inocente, por las circunstancias concretas que rodearon la muerte de Claggart.

En este sentido, valoramos las páginas que dedica Melville para hablar de El Gran Motín que se produjo el mismo año que la historia de Billy Budd, con el fin de mejorar la comida y la vestimenta de los marineros, y acabar con la leva forzosa. Por eso, los capitanes de los barcos estaban siempre alerta, ante la posibilidad de un amotinamiento y aplicaban estrictamente la ley de guerra, como lo hace Vere.

También mencionamos el tema del acoso laboral, pues Claggart, quizá por envidia o por un deseo homosexual frustrado, o por ambas razones, odia a Billy Budd y no cesa de acosarlo en su trabajo hasta que consigue que lo procesen por incitación al motín. De hecho, el maestro de armas responde al perfil del acosador, tiene una red de colaboradores fieles y sigue una estrategia característica. A esto hay que añadir la connivencia o indiferencia de los jefes, como el capitán Vere, que pudo haberse abstenido de convocar el consejo de guerra, pero no lo hizo.

El fatalismo impregna el desarrollo de esta historia, porque, desde el principio con la presentación del protagonista, como un joven muy atractivo físicamente y de carácter humilde y bueno, aunque con el defecto de la tartamudez, intuimos que algo malo va sucederle y que no podrá hacer nada para evitarlo, al contrario, él mismo, con su comportamiento, contribuirá a su trágico final.

Curiosamente Billy reacciona ante su muerte con naturalidad, porque carece de ese miedo irracional, “que prevalece más en las sociedades altamente civilizadas que en aquellas llamadas bárbaras, que se mantienen más cercanas a la verdadera naturaleza”. Además, antes de morir, dijo: “Dios bendiga al capitán Vere”, palabras que fueron repetidas como un eco por todos los marineros, los cuales, sin embargo, en ese momento, sólo tenían en su corazón al joven que iba a a ser injustamente ahorcado.

En efecto, como dijo Benito, este aparente elogio se convirtió para el capitán Vere en un baldón durante toda su vida. Por eso, reaccionó así: “ya sea por su estoico dominio de sí mismo o por una suerte de parálisis momentánea, provocada por el impacto emocional, se quedó rígido como un mosquete en el armario del buque”.

Finalmente, en cuanto a la técnica literaria, valoramos muy positivamente la metanarración, es decir, las reflexiones de Melville sobre la propia elaboración de la novela:

“En este oficio de escribir, por más resuelto que uno esté a atenerse a la anécdota principal, algunas anécdotas secundarias tienen un atractivo difícil de resistir. Voy a pecar entrando en una de ellas…” (cap. IV)

“Este capítulo -se refiere al IX- ha sido necesario para explicar la naturaleza oculta del maestro de armas”

Las más de dos horas hablando de Billy Budd, la verdad es que se pasaron volando y, como siempre, todos aprendimos escuchando las opiniones de los demás. Valgan como ejemplo los minutos que dedicamos al Viejo danés, un marinero veterano y sabio, que traba amistad con Billy y le advierte sobre las intenciones de Claggart. Miguel puso el colofón, identificando al personaje con Tiresias, uno de los adivinos más célebres de la mitología griega.

Próxima lectura, a propuesta de Enrique: La feria de los discretos de Pío Baroja, novela de la que hablaremos el miércoles, 1 de abril, a las 17:30, en la biblioteca.

Otras sugerencias de lecturas que se hicieron: Joseph Andrews de Henri Fielding y Oh vosotros, hermanos humanos de Albert Cohen

Billy Budd – Guion

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CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN
Guion para el debate
(Sesión del 19 de febrero, miércoles, a las 17:30, en la biblioteca)

  1. Presentación del autor en su época a cargo de María
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. Punto de vista
  4. Tiempo histórico
  5. Estructura
    ● Externa
    ● Interna: ¿con qué finalidad se mezclan capítulos narrativos y
    reflexivos?, ¿cómo interpretamos el final?
  6. Personajes: ¿Cómo son presentados los personajes? ¿No genera esta
    presentación simpatías y antipatías hacia ellos?
    ● Billy Budd
    ● John Claggart
    ● Capitán Vere
    ● El danés
  7. Temas
    ● El motín: ¿qué relevancia tiene el llamado Gran Motín en el desarrollo de la historia?
    ● El deseo homosexual: aunque en ningún momento se manifiesta
    abiertamente, ¿qué señales nos sugieren que puede existir este
    deseo?
    ● La envidia: ¿es envidia lo que siente Claggart hacia Billy o lo que
    sienten algunos oficiales hacia el capitán Vere, al que criticaron que
    hubiera evitado el máximo de publicidad en el caso?
    ● El acoso en el trabajo: ¿se dan las circunstancias para pensar en este
    tipo de comportamiento?
    ● El conflicto entre justicia y ley: ¿debe la segunda primar, aunque esta
    primacía lleve a una injusticia? ¿Es excesivo el castigo que se le aplica
    a Billy? ¿Su conducta previa no ha de ser tenida en cuenta? ¿Es
    reprobable el comportamiento del capitán Vere? ¿Hay una crítica de
    Melville al derecho?
    ● La dimensión institucional del derecho: ¿el capitán Vere y los oficiales
    que juzgan a Billy se rigen por una conciencia imperial más que
    personal?
    ● El fatalismo: ¿se puede hablar de fatalismo en el desarrollo de esta
    historia?
    ● La metanarración: ¿reflexiona Melville sobre la propia elaboración de
    la novela?
    ● La leva obligatoria: ¿qué función desempeña el reclutamiento
    obligatorio en la novela?
    ● La muerte: ¿cómo reacciona Billy Budd ante su condena a muerte?,
    ¿por qué no experimenta miedo?
  8. Los nombres de los barcos:
    ● “Derechos del hombre”
    ● “Billipotent”
    ● “El Ateo”
  9. Intencionalidad y vigencia de la novela
    10.Influencia de Poe
    11.Estilo
    12.Frases para la reflexión:
    ● “Rara vez la apariencia moral no concordaba con la apariencia física”
    ● “El marinero es franqueza; y el hombre de tierra, sutileza”
    ● “¿Quién en el arco iris puede trazar la línea donde termina el violeta y
    comienza el anaranjado? Vemos claramente la diferencia de colores,
    pero, ¿dónde exactamente, se confunde el primero con el segundo?.
    Lo mismo sucede con la salud mental y la locura”
    ● “Por muy despiadada que sea la ley, tenemos que atenernos a ella y
    aplicarla”
    ● “El corazón es la parte femenina del varón, y por más que cueste,
    debe ser dejado de lado”
    13.Próxima lectura

Berlín


En este nombre propio resumió Miguel su opinión sobre Metrópolis, novela de la que hablamos ayer miércoles en el Club de Lectura de nuestro instituto, porque su autor, Philip Kerr, rinde un homenaje al Berlín de entreguerras, ciudad que se había convertido en un barco enorme a la deriva, donde las costumbres se relajaban, las mujeres y los hombres se veían obligados a prostituirse para sobrevivir, y los asesinatos estaban a la orden del día.

El propio Miguel, en la presentación del autor, leyó el siguiente texto que había escrito: 

“Es curioso y casual que empecemos el año 2020 hablando de una novela que se desarrolla en el Berlín de los años 20. Sólo por eso, es interesante haber elegido este libro o cualquier otro que nos haga reflexionar sobre lo que pasó en el siglo XX y sobre lo que podamos pasar nosotros y la generación que nos sigue, y si podemos aportar con nuestras dudas y reflexiones algo para no caer en los mismos errores que llevaron al mundo a unos acontecimientos tan horribles (…) 

Sobre Philip Kerr sólo quiero decir que nació  en Edimburgo en 1956 y murió en 2018, víctima de un cáncer. Ha escrito novelas policiacas y también sobre los aspectos más turbios del fútbol actual (Mercado de invierno, La mano De Dios y Falso Nueve). Pero sobre todo es conocido por la serie de libros protagonizados por el policía Bernie Gunther, que no siguen un orden cronológico y se desarrollan en distintas ciudades de Europa (…) Así, el primero de ellos, Violetas de Marzo, se sitúa en el Berlín de  1936, con Hitler en el poder.  Praga mortal se desarrolla en esta misma ciudad, en plena Guerra Mundial; Laberinto griego, en Grecia; y Metrópolis que, aunque es la última novela, habla de los inicios como policía de Bernie Gunther”.

Concluyó la presentación, planteando un pequeño debate sobre la  “Novela Negra” y su auge en muchos países del mundo con gran prestigio literario. Durante el mismo, constatamos que las principales características de este género aparecen en Metrópolis:

  • Narrador-protagonista que reflexiona sobre lo que sucede: Bernie Gunther.
  • Atmósfera asfixiante de injusticia, miedo y violencia, que se refleja en los asesinatos, primero, de las jóvenes que se ven obligadas a prostituirse y, después, de los ex combatientes en la I Guerra Mundial que piden por las calles.
  • Descripciones realistas de ambientes marginales, como el de las prostitutas, mendigos y mafiosos.
  • Y el hecho de que no importa tanto la aclaración del crimen como la causa por la que se produce, que suele estar relacionada con la sociedad degradada donde vive el criminal.

En el turno de opiniones, María, que había leído varias novelas de Philip Kerr, manifestó que Metrópolis le había gustado mucho, en particular, el protagonismo de la ciudad de Berlín, donde se reconocen las consecuencias del Tratado de Versalles, que puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial, y en el cual Alemania aceptó pagar una exorbitante indemnización a los países victoriosos, lo cual acabó provocando su hundimiento económico. Resaltó igualmente al protagonista, que le parece un personaje redondo: inteligente, sensible y con un toque de ironía.

A Víctor la novela se le había hecho larga y no entendía muy bien la relación de Bernie con las mujeres. No obstante, le llamaban la atención las distintas formas de ser judío (unos, a los que no les importa manifestar esta condición; y otros que procuran disimularla), y sobre todo valoraba la documentación detallada y precisa. Quedó en el aire una pregunta: ¿La violencia forma parte del pueblo alemán?

Miguel confesó su afición a la novela negra y, con respecto a Metrópolis, dijo que la primera parte, Mujeres, es lenta; pero, a partir de la segunda, Descenso, el interés crece, porque la pistas sobre quién es el asesino son cada vez más evidentes. Añadió que su protagonista, Bernie Gunther, lo es también de 13 novelas más y en cada una de ellas aparecen elementos nuevos para hacer una radiografía completa del mismo. Concluyó diciendo que la novela es un homenaje a Berlín, como lo prueban los cerca de cien nombres de calles de esta ciudad que menciona el autor.

En el debate, comentamos algunos de los temas que aparecen:

  • Las consecuencias de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, que se reflejan, por ejemplo, en el clima de violencia que predomina en Berlín, tal y como se señala en el prólogo: “Los homicidios violentos estaban a la orden del día. Los cometían, sobre todo, varones borrachos que volvían a casa de la cervecería y estrangulaban a sus respectivas esposas porque estaban tan embrutecidos por la cerveza y el schnapps que no sabían ni lo que hacían. Pero a veces era algo mucho peor: un Fritz Haarmann o un Karl Denke, uno de esos peculiares alemanes impíos que parecían disfrutar matando por matar. Aunque ni siquiera eso resultaba tan sorprendente. En la Alemania de Weimar había tal vez una indiferencia a la muerte súbita y al sufrimiento humano que cabía considerar como un legado inevitable de la Gran Guerra. Nuestros dos millones de muertos equivalían a la suma de los de Inglaterra y Francia”.
  • El ascenso del nazismo, como una forma de superar el caos y el estado de postración del pueblo alemán, del cual todo el mundo se burla: “Pero, gracias a Dios, hay un hombre que promete decir la verdad y limpiar esta ciudad, depurar la mugre de las calles de Berlín, la gentuza, la gentuza que vemos todas las noches. traficantes de droga, prostitutas, proxenetas, travestidos, maricas y comunistas. Ese hombre es Adolf Hitler”.
  • La eugenesia que es practicada por los que plantean un exterminio de quienes no cumplen un propósito útil en la sociedad. Por ejemplo, el Hogar Oscar-Helene para ex combatientes que está dirigido por dos médicos, con ideas inflexibles sobre la rehabilitación e integración social de aquellos; o el propio asesino que manifiesta ideas cercanas a la eugenesia en las cartas que escribe a los periódicos: “La razón por la que he matado a estos tres hombres debería ser evidente para cualquiera que se considere patriota alemán. Los hombres a los que disparé ya estaban muertos y me limité a ahorrarles más sufrimiento. Mientras existían, no solo eran una ignominia para el uniforme, sino que también le recordaban a todo el mundo la derrota de Alemania. Ya habrán oído hablar de la teoría de la puñalada por la espalda. Bueno, pues estos hombres representan una puñalada cara a cara. A los ojos de todos los que los ven arrastrándose por las aceras cual ratas y piojos, representan una afrenta a la mirada humana y a la idea misma de la decencia cívica.”
  • Y la justicia paralela. que existe en el mundo del hampa de Berlín, y que está formada por prostitutas, ladrones y asesinos, que no creen en la justicia oficial ni en la policía y que tiene sus propias leyes y normas de funcionamiento. Ante esta justicia paralela, llevó Angerstein al que había asesinado a su hija: “—Muérdase un rato la lengua y escuche. Igual aprende algo. Bueno, pues, como suponía, esta mañana he secuestrado a Kurt Reichenbach delante de su apartamento y lo he llevado ante un tribunal popular convocado ex profeso. En su mundo eso no tiene reconocimiento oficial, claro, pero en el mío es una autoridad judicial legítima, tan importante como el Tribunal de Justicia Imperial de Leipzig. Había presentes hasta un centenar de personas para cerciorarse de que se hiciera auténtica justicia. Yo he hecho las veces de fiscal, y Emil el Prusiano ha sido mi testigo principal. Reichenbach ha contado con un abogado defensor nombrado por el tribunal y se le ha permitido exponer su caso. Pero las pruebas, más de las que a usted le constan, quizás, eran convincentes, por no decir abrumadoras.”

También mencionamos las pistas que va dejando Philip Kerr, desde el principio, para que los más iniciados en el género de la novela negra averigüen quién es el asesino.

  • Fuma puros caros y viste un abrigo de cuero de trescientos marcos, gastos por encima de su sueldo. 
  • Suele silbar la melodía de El aprendiz de brujo.
  • La procedencia del billete nuevo que encontraron en el bolso de una de las prostitutas asesinadas.
  • La pequeña pistola del calibre 25 que utiliza para matar a los ex combatientes.
  • En la carta que envía a los medios de comunicación considera a la policía como inepta para la investigación y no critica a los judíos, aunque finaliza con un “Heil Hitler”.

Nos detuvimos en algunos personajes y comentamos el hecho de que se mezclan personajes reales con ficticios, probablemente, para dar más credibilidad a lo que se cuenta:

  • Bernie Gunther, protagonista y narrador de la historia, es un joven detective recién incorporado a la brigada de homicidios, que demuestra inteligencia,  discreción, honradez y humanidad. Aún le persiguen los horrores de su experiencia en la Primera Guerra Mundial: “En particular había tres películas que me rondaban una y otra vez: los sesos de mi mejor amigo en mi propio pelo, después de que una bala perdida… le reventara el cráneo; un hombre exhalando su último suspiro de un grito en mi cara… un cirujano de campaña amputando miembros heridos con un guillotina para ahorrar el tiempo que habría requerido una intervención quirúrgica”.  
  • Bernhard Weiss es un judío que ejerce como Jefe de la Policía Criminal de Berlín, y que posee un mente privilegiada, como lo demuestra la propuesta a Gunther para que se haga pasar por uno de los veteranos tullidos, lo que a la postre le permitirá a éste la resolución de  los asesinatos.
  • Y Robert Rankin que representa a un amigo de Philip Kerr, al que éste rinde homenaje. Es un inglés traumatizado por sus vivencias en la Primera Guerra Mundial, en concreto por el fusilamiento de un cabo, que se comportó heroicamente en el campo de batalla y al que él tuvo que dar el tiro de gracia: 

Finalmente, en cuanto al estilo, coincidimos en valorar los diálogos, así como las descripciones sencillas, sobrias y directas, como esta de los que habitan la comisaría, donde Kerr no deja títere con cabeza: “En la Alex, defendíamos el verano de boquilla llamando a pintores y enlucidores, limpiando a manguerazos los calabozos del sótano y dejando las ventanas de la planta superior entreabiertas todo el día para que la corriente mitigara un poco la penumbra y la peste a humo de tabaco y transpiración. Pero nunca duraba mucho. Una jaula sigue siendo una jaula por muy abiertas que se dejen las puertas, y siempre hiede a los animales que han estado encerrados: asesinos, ladrones, pelanduscas, maricas, sabandijas, dominatrices, drogadictos, alcohólicos, maltratadores y gánsteres. Pero, sobre todo, polis sin más. Nadie huele peor que nosotros.”

Próxima lectura, a propuesta de María, que se encargará de  la presentación del autor en su época: Billy Budd , marinero de Herman Melville, novela corta (152 páginas) de la que hablaremos el 19 de febrero, miércoles, a las 17:30, en la biblioteca del centro.

Guion sobre Metrópolis

CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN

Guion para el debate
(Sesión del 15 de enero, miércoles, a las 17:30)

  1. Presentación del autor en su época, a cargo de Miguel
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. Título: Metrópolis
  4. Género
  5. Punto de vista narrativo
  6. Espacio
  7. Tiempo histórico
  8. Estructura: externa e interna
  9. Intriga
  10. Personajes ficticios: Bernie Gunther, Bernhard Weiss, Ernst Gennat, Kurt Reichenbach, Otto Trettin, Frau Weitendorf, Robert Rankin, Rosa Braun, George Grosz, Erich Angerstein
  11. Personajes reales: George Grosz , Otto Dix, Fritz Lang , Thea von Harbou.
  12. Temas
  • Las consecuencias de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial
  • El ascenso del nazismo
  • El antisemitismo y el anticomunismo
  • La explotación de los trabajadores
  • La prostitución
  • La metrópolis
  • La corrupción de la policía
  • La eugenesia
  • El sensacionalismo de los medios de comunicación
  • La delincuencia y la pobreza
  • Una justicia paralela
  • ¿Hay verdades que deben ocultarse?

13. Música: ¿qué obras se mencionan?

14. Estilo: descripciones, sentido del humor…

15. Próxima lectura

Guion de Las uvas de la ira

Guion para el debate

(Sesión del 6 de noviembre de 2019, a las 18 horas, en la Biblioteca)

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. Título: Las uvas de la ira
  4. Punto de vista narrativo
  5. Género: ¿novela política?
  6. Tiempo histórico
  7. Espacios
    • Estructura
    • Externa
  8. Interna: ¿cómo se desarrolla la historia?, ¿cómo valoramos el final?
  9. Intriga
  10. Temas
    • Los éxodos migratorios: ¿por qué se producen?, ¿qué supone de pérdida el abandono de los hogares?, ¿existe la solidaridad entre las familias migrantes?
    • La devastación laboral
    • Crítica al sistema capitalista
    • La lucha de clases 
    • La conciencia social
    • La mecanización
    • La robotización
    • El negocio de los coches de segunda mano
    • La unión con la naturaleza y el arraigo en la tierra
    • La importancia de la mujer
    • La solidaridad y la unidad
    • La incomprensión/insolidaridad 
    • La familia
    • La corrupción de la policía
    • Los campamentos del gobierno 
    • La narración oral
  11. Personajes
    • Tom Joad 
    • Tom Joad padre
    • Jim Casy
    • La madre
    • Los propietarios y sus representantes
    • El abuelo
    • Muley
    • Noah
    • Al
    • Connie
    • Tío John
    • Los Wilson
    • Thomas
  12. Simbolismo
    • Estar acuclillados
    • Los campamentos del gobierno
  13. Estilo
    • Características
    • El arte de la descripción
  14. Próxima lectura

La moral de supervivencia

La protagonista de La romana, representa la moral de supervivencia. Así lo ha declarado Alberto Moravia en numerosas ocasiones y así lo consideramos nosotros, en la sesión del club de lectura que dedicamos a esta novela, porque Adriana sobrevive en un mundo que le es hostil y no juzga ni condena a los personajes con los que tiene relación, incluidos el policía torturador, Astarita, que la ama locamente, y el pérfido asesino, Sonzogno, que la considera como un objeto de su propiedad.

En la presentación del autor, Enrique mencionó: su nacimiento, en 1907, en el seno de una familia burguesa adinerada e indiferente al tema religioso; su condición de ávido lector, a pesar de no haber cursado estudios regulares; su inicio en la escritura, desde muy joven, mientras se recuperaba de una tuberculosis; su colaboración en revistas y periódicos; su independencia ideológica, así como su compromiso antifascista; y sus tres matrimonios: con Elsa Morante, Dacia Maraini y Carmen Llera. 

Entre sus novelas, escritas en un estilo austero y realista, y donde aparecen temas recurrentes, como el sexo, la alienación y el existencialismo, citó: La romana (1947), El amor conyugal (1949), El conformista (1951), El desprecio (1954), El aburrimiento (1960), El paraíso (1970) y El hombre que mira (1985). 

Algunas de estas estas novelas fueron proscritas por la dictadura fascista, incluidas en la lista de libros prohibidos por la curia vaticana y secuestradas en el periodo democrático por un fiscal conservador, a principios de los años ochenta. ¡Extraño honor el de Alberto Moravia!

En el turno de opiniones breves sobre La romana, María manifestó que le había encantado la manera sencilla con la que escribe Moravia; el trasfondo social que hay detrás de todos los personajes; y el grado de introspección de su protagonista, Adriana, quien, aunque carece de estudios, capta muy bien la psicología humana.

Benito dijo que había llegado a este autor por las adaptaciones cinematográficas de sus obras. Destacó igualmente: su capacidad para tratar temas trascendentes, mediante un lenguaje sencillo y directo; la presentación y desarrollo de los personajes sin juzgarlos; y el final, propio de la novela negra, pues en él se cierran todas las puertas que se han ido abriendo. Finalmente, comentó que, aunque la voz narradora corresponde a una mujer, se reconoce al hombre Alberto Moravia en algunos pasajes, como por ejemplo en la descripción de los cuerpos masculinos. 

Miguel nos reveló que había leído la novela hace muchos años, en su época universitaria, y que, en esta relectura, le había gustado más la primera parte, el proceso de Adriana hasta llegar a la prostitución, que la segunda, donde aparecen otros personajes. En su opinión, la protagonista no es una prostituta, sino una mujer que decide vivir su vida como quiere. Finalmente, se refirió a que algunas frases lapidarias y reflexiones profundas entran en contradicción con la escasa formación de este personaje.

Enrique comentó que Alberto Moravia, en esta y en otras novelas, le da el mismo tratamiento a las mujeres que Juan Valera, pues las presenta siempre como salvadoras, con más conocimientos y cualidades superiores a los personajes masculinos. En su opinión, Adriana es cínica y se pregunta y nos pregunta a los lectores si es una puta por vicio. Su defensa de la solidaridad se contradice con el ejercicio de la prostitución, que implica violencia del hombre sobre la mujer. 

A Víctor, finalmente, no le había gustado tanto La romana, principalmente, por dos razones: porque la protagonista no conecta con ningún personaje ni él, como lector, tampoco; y, desde el punto de vista formal, por la reiteración de algunas expresiones, por ejemplo, cuando se describe a sí misma.

En el debate, mencionamos  los siguientes aspectos: el contexto histórico donde se desarrolla la historia, la Roma de Mussolini, y en concreto, durante la Guerra de Etiopía, en 1935; el significado del título, relacionado con la moral de  supervivencia, que caracteriza al espíritu romano; el punto de vista narrativo de Adriana, que cuenta su vida desde que tenía 17 años;  y la estructura dual, con alternancia de la narración y la reflexión, como en las novelas picarescas del Siglo de Oro Español.

Nos detuvimos especialmente en algunos temas:

  • El relativismo moral

Porque para la protagonista, así como para Alberto Moravia, no hay culpables ni inocentes: “Sabía en el fondo que nadie era culpable; y que todo era como debía ser, por más que todo fuese insoportable, y que, si se quería en verdad que hubiera culpa o inocencia, entonces todos eran inocentes y culpables al mismo tiempo”.

En efecto, Adriana no juzga a ninguno de sus amantes, ni siquiera al asesino Sonzogno, como tampoco, emite juicio alguno sobre sí misma, porque está convencida de que debe aceptarse como es, aunque eso vaya contra la moral tradicional.  

  • La prostitución

La protagonista toma la decisión de dedicarse libremente a la prostitución: “Me miré desnuda en el espejo y entonces, por vez primera, comprendí a mi madre cuando con orgullo decía al pintor: «Mire qué pecho… qué piernas… qué caderas». Pensé en Astarita, a quien el deseo de aquel pecho, de aquellas piernas, de aquellas caderas, hacía cambiar de carácter, de modales y hasta de voz, y me dije que sin duda encontraría a otros hombres que por gozar de mi cuerpo me darían tanto y quizá más dinero que él.”

Y no sólo eso sino que llega a declarar que no le disgusta ejercerla y reconoce un “sentimiento fuerte de complicidad y de sensualidad”, al recibir el pago por su servicio sexual. Sólamente se arrepiente de ser prostituta cuando se enamora de Jacobo y piensa que él la desprecia por eso.

Comentamos que esta concepción libre y positiva de la prostitución contrasta con la condena de que es objeto hoy día, porque se la considera como una humillación para las mujeres, muchas de las cuales son inmigrantes engañadas por las mafias. 

  • El amor

Coincidimos en que los que aparecen en la novela son todos no correspondidos: Adriana está enamorada de Gino, aunque éste la engaña prometiéndole un matrimonio que es imposible; Astarita lo está de Adriana, hasta el extremo de que se convierte en su esclavo, aunque a cambio sólo recibe compasión; y Adriana experimenta un  verdadero amor hacia Jacobo, aunque éste se comporta con total indiferencia hacia ella.

Esta concepción del amor la resume la protagonista en una de sus reflexiones: “la peor maldición del amor: que nunca es correspondido, y cuando se ama no se es amado, cuando se es amado no se ama. Nunca ocurre que dos amantes vayan a la par en sentimientos y en el deseo, aun cuando éste sea el ideal a que todos los hombres tienden cada uno por su lado”.

  • La religión

Los personajes viven la religión de distinta manera: para la madre es un falso consuelo que le permite a las personas olvidar las durezas de la vida; sin embargo, Adriana la profesa de un modo particular, pues, al principio, va a confesarse por las relaciones sexuales que mantenía con Gino, fuera del matrimonio; pero, más adelante, visita la iglesia después de robar un pañuelo y no siente el más mínimo remordimiento: “Sabía que ese Dios no estaba ahí para juzgarme y condenarme, sino para justificar mi existencia, que sólo podía ser buena puesto que dependía directamente de él”.

  • El existencialismo

Es una corriente filosófica, pero sorprendentemente se reconoce este pensamiento en las palabras de Adriana y su madre, las cuales carecen de formación:  

Así, la primera, una vez que se decide a ejercer la prostitución se dice a sí misma: “Pensaba que había salido de una oscuridad sin fin y que pronto volvería a otra oscuridad igualmente ilimitada, y que mi breve paso habría estado marcado tan solo por actos absurdos y casuales. Comprendía entonces que mi angustia no era debida a las cosas que hacía, sino, más profundamente, al mero hecho de vivir, que no era ni malo ni bueno, sino sólo doloroso  e insensato.”

Y la segunda le dice a la hija, después del primer cliente que recibe esta: “Te digo que he tenido miedo; y he pensado: y si uno no quisiera continuar viviendo, ¿deberá continuar viviendo por fuerza…? No digo que uno haya de matarse, para matarse hace falta valor, no, sino tan solo no querer seguir viviendo, como no se quiere comer más o caminar más… pues, bueno, te lo juro por el alma de tu padre… quisiera no vivir más”.

Al analizar los personajes, coincidimos en la complejidad de todos ellos, especialmente Adriana, que evoluciona desde su ingenuidad y sentimentalismo iniciales, que la hacen soñar con un matrimonio que le permita encontrar la felicidad, hasta aceptar el proyecto que ha trazado para ella su madre de ejercer la prostitución. A partir de este momento, toma las riendas de su destino, asumiendo el papel de protagonista de su propia vida, sin depender de los demás y cargando con las consecuencias. Sus reflexiones nos sorprenden por su hondura y clarividencia.

A su madre las estrecheces de la vida la convierten en una mujer fría y amoral, que propone a su hija convertirse en prostituta, por su bien, para que no tenga la vida miserable que ella ha tenido. Ambas representan una forma abierta de considerar la vida, la cual aceptan con sus miserias y sus grandezas. 

Los personajes masculinos no salen muy bien parados en la novela: 

Gino, aunque aparenta ser un chico educado e íntegro, en realidad es todo lo contrario, pues engaña a Adriana y se comporta con ruindad cuando provoca la detención de su compañera de trabajo, bajo una acusación falsa. 

Astarita es un alto funcionario que se dedica a torturar a los presos políticos, tras el que se oculta una persona débil, insegura e infeliz, que se enamora perdidamente de Adriana y se somete a su voluntad.

Sonzogno es un vil asesino, que intimida por la fuerza de sus músculos y que trata a Adriana como una mujer que le pertenece; pero en realidad es un personaje inseguro.

Y Jacobo es un joven estudiante, culto, al que no le falta de nada, aunque todo lo que le rodea le resulta indiferente, incluida Adriana. Para lavar su mala conciencia de pertenecer a la clase burguesa, se afilia a un partido político de izquierdas, a cuyos compañeros acaba delatando, lo cual le lleva al suicidio.

Después de dos horas de debate, nos quedamos con la sensación de que se nos quedaban muchas cosas en el tintero, porque La romana es una de las grandes novelas europeas del siglo XX.

Próxima lectura, a propuesta de Carmen,  a la que por cierto echamos de menos ayer, Las uvas de la ira de John Steinbeck, sobre la que debatiremos el 6 de noviembre, miércoles, a las 18 horas.

OBSERVACIÓN IMPORTANTE:

Antes de comenzar la sesión, Inés se refirió a una actividad, con motivo de la cumbre sobre el cambio climático en Chile, del 2 al 13 de diciembre, en la que nos invita a participar: la lectura continuada, en un espacio público de Córdoba por determinar, bien, de La primavera silenciosa de Rachel Carson, o bien, de El mundo Imaginario de Miguel Delibes.

Guion de Tea Rooms

 

GUION PARA EL DEBATE

(Sesión del Club de Lectura del próximo 26 de junio, miércoles, a las 11:30, en Audiovisuales)

  1. Presentación de la autora en su época 

  2. Opinión breve sobre la novela 

  3. Punto de vista narrativo 

  4. Género literario 

  5. Intencionalidad 

  6. Estructura
  • Externa: ¿cómo se estructura formalmente la novela? 

  • Interna: ¿cómo interpretamos el final? 

  1. Temas
  • La ciudad 

  • La pobreza 

  • La utopía comunista 

  • La independencia y emancipación de la mujer 

  • La conciencia de clase 

  • El trabajo de camarera 

  • Las huelgas y protestas: ¿por qué se producen?, ¿qué actitud adoptan los jefes?, ¿cómo actúan los piquetes?
  • La represión policial 

  • La figura de la medianera 

  • El temor al jefe
  • La opinión ajena
  1. Personajes:
  • Matilde 

  • Teresa 

  • Esperanza 

  • Antonia 

  • Don Fermín 

  • Cañete 

  • Laurita 

  • Pietro Fazziello 

  • Marta 

  1. Estilo
  • Variedad de registros 

  • Capacidad de sugerencia 

  • Formas de expresión 

  1. Próxima lectura 


 

“Me gusta estar más con las cosas que con las personas”

Esta es una frase de Lampedusa, autor de El Gatopardo, que probablemente defina también al protagonista de esta novela, Don Fabrizio, último representante de la Casa de Salina, que se siente especialmente feliz con las cosas que le rodean. Sirva como ejemplo esta descripción de las pinturas del cielorraso de su palacio de Palermo, donde los dioses y animales mitológicos cobran vida en honor a la familia: “En el fresco del cielorraso las divinidades se despertaron. Las escuadras de tritones y de dríades, que desde los montes y los mares se precipitaban entre nubes frambuesa y ciclamen hacia una transfigurada Conca d’Oro para exaltar la gloria de la Casa de los Salina, surgieron de pronto tan plenas de regocijo que las más elementales reglas de la perspectiva quedaron anuladas; y los dioses mayores, los príncipes entre los dioses, fúlgido Júpiter, ceñudo Marte, lánguida Venus, que habían precedido a la turba de los menores, sujetaban complacidos el escudo azul con el Gatopardo. Sabían que por otras veintitrés horas y media volverían a ser los amos de la villa”.

María fue la encargada de presentar al autor de El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que nace en 1896 en Palermo, en el seno de una familia aristocrática. Desde niño, aprende las principales lenguas extranjeras; pero, a los veinte años, es obligado a abandonar sus estudios para participar en la Primera Guerra Mundial, donde es hecho prisionero.
Durante uno de sus numerosos viajes al extranjero, se casa con Alessandra Woll-Stomersee, una de las pioneras del psicoanálisis en Italia. Con el grado de capitán participa también en la Segunda Guerra Mundial.

Fue un hombre solitario y un lector voraz que llegó a acumular una biblioteca de más de 4.000 volúmenes, sobre todo de literatura inglesa y francesa. Conoció también la literatura española, sobre todo la del Siglo de Oro, gracias a su hijo adoptivo, Gioacchino Lanza Tomasi.
Entre 1955 y 1956, escribe El Gatopardo, novela que había ido gestando durante mucho tiempo. Desgraciadamente, no se publicó hasta 1958, un año después de su muerte, y, aunque fue denigrada por críticos de izquierda, basándose en razones ideológicas, no sólo consiguió éxito de ventas, sino también el Premio Strega, en 1959, máximo galardón literario en Italia.

El turno de opiniones breves sobre la novela lo comenzamos con la que nos envió por correo electrónico Matías Fernández, nuevo miembro del Club de Lectura, que no pudo asistir, y a quien había interesado especialmente el doble proceso histórico de sustitución que se cuenta en ella: el de la aristocracia por la burguesía y el de la monarquía de los Borbones por la de los Saboyas. Además, entre los personajes, destacó a don Fabrizio, que unas veces se muestra amable y otras cáustico; pero que se siente superior a los demás por su educación y por la clase social a la que pertenece. Hay una frase que lo define: “¿Qué sería de mí, de un legislador inexperto que carece de la facultad de engañarse a sí mismo, requisito esencial en quien quiere guiar a los demás?”.
Enrique resumió su opinión así: “Esto sí es una novela; la fama no te la regala nadie”. Los personajes que crea Lampedusa son complejos, porque evolucionan; la historia está bien trabada y con interés histórico; y el estilo se ajusta a lo que cuenta.

Para José Ángel leer El Gatopardo ha sido una gozada en forma y fondo. Añadió que la primera parte de la misma le parece deudora del siglo XIX, por su linealidad; y la segunda, en cambio, sobre todo los capítulos séptimo y octavo, donde se producen sendos desplazamientos bruscos hacia el futuro, la acercan más a la novela experimental.

Víctor reconoció no haber tenido tiempo de reposar su lectura, aunque se queda con los personajes y con el sentido del humor del que hace gala Lampedusa, por ejemplo, cuando el padre Pirrone se encuentra con el cuerpo desnudo de don Fabrizio: “La figura del príncipe en estado adánico era un espectáculo inédito para el padre Pirrone. El sacramento de la penitencia lo había familiarizado con la desnudez de las almas, pero la de los cuerpos le era bastante menos habitual; podía escuchar sin pestañear la confesión, por ejemplo, de una intriga incestuosa, pero se turbó al encontrarse con aquella inocente desnudez titánica”.

Clara, primero, explicó sobre un mapa, que nos había enviado Matías, la división de Italia, antes de la reunificación. Después, confesó que, al estudiar historia, siempre había tenido en cuenta la frase que le dice Tancredi a su tío don Fabrizio: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”. En su opinión, la novela expresa muy bien la melancolía del pasado, el final de una sociedad y el principio de otra; y le encanta especialmente el ambiente decadente en el que se desarrolla la historia.

Para Benito también ha sido un placer la relectura de esta novela a la que se había acercado, cuando estudiaba en la Universidad, después de ver la película homónima de Visconti. Volver a leerla le ha permitido reencontrarse con personajes secundarios, como Concetta, que tiene una importancia capital. Igualmente, le ha llamado la atención la relación entre el Príncipe y su hijo mayor, Francesco Paolo, la cual le ha recordado a la relación que él mantenía con su padre.

Lola definió El Gatopardo como una novela barroca, tanto por los temas que aparecen (el desengaño, la apariencia falsa de la realidad, la decrepitud, la muerte…), como por el lenguaje preciosista que utiliza Lampedusa. El clímax, en su opinión, se consigue en dos momentos: el diálogo entre don Fabrizio y el senador que le propone formar parte de la Cámara Alta; y el que mantienen el herbolario y el padre Pirrone, en especial, cuando el primero se queda dormido y el segundo continúa hablándole, como si nada hubiera pasado.

Carmen comentó que, al principio, con tanta descripción le había costado entrar en la novela; pero que su lectura había ido ganando, progresivamente, hasta un final inesperado y simbólico, que le había encantado.

Y María confesó que la había disfrutado, en su época universitaria, y la ha vuelto a disfrutar ahora, sobre todo por el tono emocional que transmite. Se cuenta la decadencia de una clase social, pero también de una vida, como sucede en La muerte en Venecia de Thomas Mann. Le pondría dos músicas: la 5ª de Gustav Malher y el segundo movimiento de la 1ª Sinfonía de Georges Bizet.

En el debate propiamente dicho, comentamos que se trata de una novela histórica, no sólo porque recoge acontecimientos históricos concretos, con hechos y personajes reales, como la llegada de Garibaldi a la isla, que provocó la caída de los Borbones y la unificación italiana, sino también porque la historia ficticia que se cuenta está basada en antepasados del propio autor.

El punto de vista narrativo corresponde a una tercera persona del plural, que reflexiona sobre lo que cuenta: “pero este es un asunto demasiado importante para tratarlo de pasada, de modo que nos limitaremos a decir que aquella salida heráldica de don Calogero le deparó al príncipe el incomparable goce estético de asistir a la encarnación perfecta de un tipo, y la risa contenida endulzó tanto su boca que llegó a sentir náuseas”. También mencionamos que esta voz narradora sabe situarse en la perspectiva de los personajes, especialmente, en la de don Fabrizio y su mirada aristocrática de la vida.

Con respecto a la estructura interna, coincidimos en que avanza, cronológicamente, hasta el capítulo sexto, aunque, en ocasiones, se producen elipsis, que nos obligan a imaginar lo que ha podido suceder, por ejemplo, el encuentro sexual con la joven prostituta, que satisface las necesidades perentorias de don Fabrizio; y en otros momentos utiliza el salto atrás, como el que da cuenta de las penalidades del viaje a la casa de veraneo, cuando ya están a punto de llegar. En cambio, en los dos últimos capítulos, se producen dos prolepsis o saltos hacia el futuro, de gran eficacia narrativa.

Asimismo, valoramos muy positivamente el final, que se ha de interpretar en clave simbólica, pues el perro Bendicó, o lo que queda de él, representa a la clase social de los Salina. Por eso, arrojar su momia apolillada por la ventana supone también el fin de la misma.

Entre los temas que aparecen en la novela, comentamos:

  • La decadencia de la sociedad aristocrática que se aprecia en pequeños detalles deslizados con sutilidad por Lampedusa. Por ejemplo, en la descripción de la mesa, dispuesta para servir la cena, donde se indica que el mantel estaba remendado y los platos “eran supervivientes de los estragos producidos por los galopillos y procedían de servicios distintos”.
  • La vida entregada al ocio y los placeres, como las jornadas de caza en las que participa diariamente don Fabrizio: “Por lo demás, al príncipe las jornadas de caza le deparaban un placer que no dependía tanto de la abundancia del botín como de una multitud de pequeños episodios. Nacía mientras se afeitaba en el cuarto aún en sombras y la luz de la vela confería un aire teatral a sus movimientos al proyectarlos sobre las arquitecturas pintadas en el techo; crecía mientras atravesaba los dormidos salones y, alumbrado por la llama vacilante, iba esquivando las mesas, donde, entre naipes en desorden, fichas y copas vacías, asomaba el caballo de espadas augurándole viriles hazañas; mientras recorría el jardín inmóvil bajo la luz gris y los primeros pájaros de la madrugada agitaban las plumas para sacudirse el rocío…”
  • El amor entre Tancredi y Angélica, que no es verdadero sino interesado: “Ninguno de los dos era bueno, ambos tenían sus intereses, tanto ella como él alimentaban secretas aspiraciones; pero resultaba agradable y enternecedor verlos bailar mientras sus turbias pero ingenuas ambiciones se iban esfumando entre las cariñosas, alegres palabras que él le musitaba al oído, el perfume que envolvía la cabellera de la joven, y el abrazo en que acababan fundiéndose sus cuerpos destinados a morir.”
  • La muerte, porque en la novela se narra la de don Fabrizio y la de su clase social: la aristocracia. El propio personaje tiene conciencia de que con él desaparece el mundo al que pertenece: “Era inútil que intentara convencerse de lo contrario: el último Salina era él, el escuálido gigante que en aquel momento agonizaba en el balcón de un hotel. Porque un linaje noble solo existe mientras perduran las tradiciones, mientras se mantienen vivos los recuerdos; y él era el único que tenía recuerdos originales, distintos de los que se conservaban en otras familias”.
  • Y las dos imágenes contrapuestas de Sicilia y los sicilianos: por un lado, la de Chevalley que cree en la capacidad de transformación y de adaptarse a los cambios de estos; y por otro, la de don Fabrizio que está convencido de su conservadurismo: “Los sicilianos jamás querrán mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos; en ellos la vanidad es más fuerte que la miseria; toda intromisión de extraños, ya sea por el origen o –si se trata de sicilianos–por la libertad de las ideas, es un ataque contra el sueño de perfección en que se hallan sumidos, una amenaza contra la calma satisfecha con que aguardan la nada; aunque una docena de pueblos de diversa índole hayan venido a pisotearlos, están convencidos de tener un pasado imperial que les garantiza el derecho a un entierro fastuoso.”

En cuanto a los personajes, nos detuvimos en los siguientes:

  • Don Fabrizio que se siente así: “Soy un representante de la vieja clase y me siento por fuerza comprometido con el régimen borbónico al que me liga el sentido de la decencia, ya que no el afecto. Pertenezco a una generación infeliz, a caballo entre los viejos tiempos y los nuevos, que no se encuentra a gusto en estos ni en aquellos. Además, como ya lo habrá advertido usted, no tengo ilusiones; ¿qué haría conmigo el Senado, con un legislador inexperto e incapaz de engañarse a sí mismo, facultad imprescindible para cualquiera que se proponga guiar a los demás?”. Acepta con estoicismo los cambios que se están produciendo, sin actuar ni a favor ni en contra.
  • Don Calogero, padre de Angélica y alcalde del pueblo de Donnafugata, donde pasan los meses de verano don Fabrizio y su familia, que pertenece a la burguesía y se ha enriquecido con operaciones poco éticas. Su comportamiento tosco contrasta con las buenas maneras de don Fabrizio: “el alcalde avanzaba por el bosque de la vida con la seguridad de un elefante que, arrancando árboles y aplastando madrigueras, camina en línea recta sin advertir ni siquiera los arañazos de las espinas y los gemidos de sus víctimas. En cambio al príncipe, educado en pequeños y amenos valles recorridos por los céfiros corteses de los «por favor», «te agradecería», «me harías la merced», «has sido muy amable», las charlas con don Calogero lo transportaban a un páramo barrido por tiempos estériles…”.
  • El padre Pirrone, de origen humilde, que había llegado a ser sacerdote en la casa de Salina y hombre de confianza de don Fabrizio. Conocía cómo funcionaba la vida, con independencia de la posición social que se ocupe o de la riqueza que se posea. Así, lo demuestra al resolver su asunto familiar o pasando por alto la vida licenciosa de don Fabrizio, que acudía a confesarse con él, después de haber sido infiel a su mujer.
  • Tancredi que es entusiasta e inteligente, y representa al sector de la nobleza que se sabe adaptar a los nuevos tiempos: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Por eso, es apreciado por el Príncipe de Salina, que lo prefería a su pánfilo primogénito. Su matrimonio con la hija de don Calogero es por interés, pues él carece de fortuna.
  • Y Angélica que es la representante indiscutible de la atractiva, valiente y audaz clase burguesa. Su casamiento tampoco es por amor sino por interés, ya que aspira a lo que al final consigue: ser princesa.

Finalmente, elogiamos el estilo de Lampedusa, que destaca por la brillantez de sus imágenes, su sentido del humor y su extraordinaria capacidad para describir: “Ahora la calle corría entre naranjales en flor y el aroma nupcial del azahar anulaba todo el resto como anula un paisaje el plenilunio: el olor de los caballos sudados, el olor a cuero de la tapicería, el olor a príncipe y el olor a jesuita, todo quedaba borrado por aquel perfume islámico que evocaba huríes y un más allá colmado de placeres carnales.”

Próxima lectura: Tea rooms de Luisa Carnés, considerada la más importante narradora de la Generación del 27, aunque desgraciadamente desconocida. En esta novela, de la que hablaremos el 26 de junio, miércoles, a las 11:30, nos traslada su experiencia como empleada en un salón de té.

Os recuerdo que, después de la sesión del Club de Lectura, nos quedaremos a comer en un restaurante cercano.

Guion sobre El Gatopardo

CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN

(Sesión del día, 15 de mayo, miércoles, a las 18:30)

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela: si nos ha gustado o no y por qué
  3. Argumento
  4. Título: ¿qué explicación tiene?
  5. Género literario: ¿se puede calificar de novela histórica?, ¿es real lo que se cuenta?
  6. Punto de vista: ¿a quién corresponde la voz narradora?, ¿se puede identificar con algún personaje?
  7. Tiempo histórico: ¿qué periodo de la casa de Salina comprende la novela?
  8. Tiempo interno: ¿cómo avanza la historia?
  9. Espacios
  10. Estructura interna: ¿qué representa la muerte de Salina?, ¿cómo se puede interpretar el final?
  11. Personajes: ¿cuáles son sus rasgos principales?
  • Don Fabrizio
  • Tancredi
  • Concetta
  • Angélica
  • Don Calogero
  • La muerte
  • Russo
  • Ciccio Málvica
  • Francesco Paolo
  • El padre Pirrone
  • Los personajes mitológicos
  • El perro Bendicó
  1. Temas:
  • Crisis de la sociedad aristocrática
  • Vida entregada al ocio y los placeres
  • La falsa religiosidad
  • La discriminación de la mujer
  • La educación: ¿qué importancia tienen las normas de educación y urbanidad para la aristocracia?
  • El amor: ¿es verdadero el amor entre Tancredi y Angélica?
  • La monarquía
  • Los conventos en Palermo
  • La revolución burguesa
  • El referéndum: ¿está adulterado?
  • Sicilia: ¿qué diferente imagen tienen de Sicilia y los sicilianos Chevalley y don Fabrizio?
  • La muerte: según Javier Marías, El Gatopardo es un relato “sobre la muerte, la preparación para ella y su aceptación”. ¿Qué opinión te merecen estas palabras?
  1. Interpretación
  2. Estilo
  • Capacidad de sugerencia:
  • El arte de la descripción:
  • El sentido del humor
  1. Frases para la reflexión:
  • «Si nosotros no participamos también, esos tipos son capaces de encajarnos la república. Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie. (Tancredi sobre la actitud que debe tomar la aristocracia ante los cambios)
  • “Las golondrinas echarían a volar más pronto, y basta. Por lo demás, aún quedaban muchas en el nido”. ( Russo refiriéndose a los cambios que se avecinan)
  • “Cada vez que encontramos a un pariente nos topamos con una espina” (don Fabrizio)
  • “Los grandes señores eran reservados e incomprensibles; los campesinos, explícitos y claros; pero el demonio se los metía a todos en el bolsillo, sin hacer diferencias” (Padre Pirrone)
  • “El novio ya había explicado a Angelica cuán importante era permanecer impasible, porque en ello reside fundamentalmente la distinción” (Tancredi)
  • ¿Qué haría conmigo el Senado, con un legislador inexperto e incapaz de engañarse a sí mismo, facultad imprescindible para cualquiera que se proponga guiar a los demás? (Don Fabrizio a un representante enviado por el gobierno)
  1. Próxima lectura

 

 

La sutilidad de Sciascia

Aunque, en la sesión del Club de Lectura del pasado miércoles, hubo división de opiniones en la valoración de El día de la lechuza, algunos de los asistentes coincidimos en la sutilidad de Leonardo Sciascia, al contar la historia, probablemente condicionado por la censura que se impuso a sí mismo en esta novela donde, por primera vez, se denuncian las actividades de la mafia siciliana y sus implicaciones políticas y sociales: “Por eso, cuando me percaté de que mi imaginación no había tenido en su debida cuenta los límites que imponen las leyes del Estado y, más que las leyes, la susceptibilidad de quienes las hacen respetar, me puse a quitar y a quitar. Sustancialmente, de la primera a la segunda versión, la línea del relato ha quedado inalterada; ha desaparecido algún personaje, algún otro se ha retirado al anonimato, alguna secuencia ha caído. Puede ser que el relato haya ganado con ello”.

Miguel, que junto con María, había propuesto la lectura de esta novela, se encargó de la presentación del Leonardo Sciascia, un escritor que nace en Agrigento, en 1921, y muere en Palermo, en 1989. Estudia Magisterio y dedica parte de su juventud a la enseñanza. Con posterioridad, ejerce el periodismo, que simultanea con la práctica de la literatura, hasta convertirse en uno de los novelistas italianos más importantes del siglo XX. Simpatiza con el Partido Comunista Italiano, aunque acaba apartándose del mismo, para adoptar una posición independiente, que le lleva a ser considerado como la “conciencia crítica de Italia”, por sus denuncias contra la corrupción política y la violencia de la mafia.

Fue amigo de escritores ilustres, como Italo Calvino o Gesualdo Bufalino; discípulo de Vitaliano Brancati; admirador de Pirandello, cuya obra Seis personajes en busca de autor cita en esta novela; productor de su vino y su aceite, esposo, padre y abuelo, fino analista de la realidad italiana, coleccionista de grabados y sobre todo un hombre de letras y un escritor de estupendas novelas policíacas, cuentos llenos de humor e ironía, y penetrantes ensayos.

Gran conocedor de España y, particularmente, de El Quijote, libro del que decía “que debía leerse como mínimo dos veces”. Su admiración por la Generación del 27 que él denominó una «espléndida pléyade de poetas» se mantendrá viva desde su juventud hasta sus últimos años de vida. Este hecho se corrobora en la multitud de menciones que de estos escritores encontramos en sus novelas, ensayos y artículos, así como en las traducciones que hizo al italiano.

Sciascia pensaba que la literatura tenía un peso moral sobre el curso de las cosas. Y un día se asombró al comprobar que sus obras se anticipaban al futuro, como las investigaciones parlamentarias sobre la Mafia en El día de la lechuza, que se anticipó en dos años a las, realmente, que se llevaron a cabo en Italia.

Junto a autores como el brasileño Rubem Fonseca y el norteamericano Donald Westlake, Sciascia fue uno de los primeros que dotó de calidad literaria a las novelas policiacas y narró en las mismas historias del tiempo que le tocó vivir. No obstante, en opinión de Leonardo Padura, quizá por haber cultivado este género literario, aún hoy día considerado marginal, no haya tenido el reconocimiento que merece.

Entre sus obras traducidas al castellano, se encuentran:

Dueto, Plaza y Janés, Barcelona, 1968.

Todo modo, Bruguera, Barcelona, 1982.

El archivo de Egipto, Bruguera, Barcelona, 1977.

Cándido o Un sueño siciliano, Bruguera, Barcelona, 1979.

El caso Aldo Moro, Destino, Barcelona, 1996.

El caballero y la muerte, Tusquets, Barcelona, 1989.

El dia de la lechuza, Alianza, Madrid, 1990

En el debate propiamente dicho, hubo opiniones contrapuestas, pues, por una lado, estaban los críticos con la novela: Enrique sólo había llegado hasta la página 60; José Ángel no había conseguido entrar en ella, aunque reconoció que se dejaba leer y tenía sobre todo un valor extraliterario; Carmen la considera más un guion de cine que una novela, pues le falta desarrollo y un hilo conductor, pero le habían gustado los momentos de humor; Lola, abundando en esta opinión, reconoció que sólo había llegado al 40 % de la lectura, porque le parece que tiene más valores cinematográficos que literarios;  y Víctor a quien no le había dicho mucho por su localismo y por la falta de libertad al escribirla, reconocida por el propio autor.

Por otro lado, nos encontrábamos los que tenemos una opinión positiva sobre ella, como Miguel, para quien se trata de una novela escrita con sutilidad y valentía, pues Sciascia hace coincidir el tiempo histórico y el literario; Benito, que no pudo asistir a la sesión, pero que valoró precisamente esta coincidencia, como algo innovador en el género policiaco; y María a quien le gusta sobre todo, por su trasfondo histórico y porque ella es aficionada a la novela negra, aunque reconoció que hay otras, como Cándido o El caballero y la muerte, que están quizá mejor elaboradas.

La explicación del título estriba en que la lechuza es un animal con connotaciones de inteligencia y sabiduría, que son las que aplica el capitán Bellodi en su investigación policial, para descubrir la trama mafiosa y las implicaciones políticas, que hay detrás del asesinato de Colasberna.

Para conocer la intencionalidad con la que fue escrita, leímos en alto unas palabras del autor: “Pero la mafia era, y es, otra cosa: un «sistema» que en Sicilia contiene y mueve los intereses económicos y de poder de una clase que, de modo aproximado, podemos llamar burguesa; y que no surge y se desarrolla en el «vacío» del Estado (o sea cuando el Estado, con sus leyes y funciones, es débil o falta) sino «dentro» del Estado. La mafia, en suma, no es sino una burguesía parasitaria, una burguesía que no emprende sino que solamente explota. El día de la lechuza, en efecto, no es sino un «por ejemplo» de esa definición. Es decir, la escribí, entonces, con esa intención.

Tratándose de una novela perteneciente al género policiaco, coincidimos en que Sciascia sabe generar la intriga en torno a quién puede ser el asesino, así como a la implicación de la mafia y sus ramificaciones en el crimen. Para ello, utiliza una estructura dual, que se basa en la alternancia de dos tipos de secuencias narrativas: por un lado, las que se desarrollan en Sicilia, con el proceso de investigación del capitán Bellodi, y por otro, las conversaciones, que tienen lugar en Roma, entre personas poderosas y supuestamente respetables del mundo de la empresa y la política. No obstante, se coincidió en que estas conversaciones quizá resulten algo confusas, al desconocer las identidades de los que hablan.

En cuanto a los personajes, destacamos a dos:

  • El capitán Bellodi, un joven abogado, inteligente, sensato, y honrado en su trabajo, que quiere que la ley de la República se aplique a todos por igual. Esto se dice de él: “el capitán Bellodi, emiliano de Parma, republicano por tradición familiar y por convicción, hacía lo que antiguamente se llamaba el oficio de las armas, y en un cuerpo de policía, con la fe del hombre que ha participado en una revolución y que de la revolución ha visto surgir la ley: servía y hacía respetar esa ley que aseguraba libertad y justicia, la ley de la República”.
  • Y don Mariano Arena, el capo de la mafia, delatado por Parrinieddu, que se hace pasar por un buen hombre, padre de familia ejemplar y trabajador infatigable, que media en los conflictos entre ciudadanos, con la finalidad de impartir justicia, como un juez de paz, que llama, hipócritamente, a los chantajes, recomendaciones. Con estas palabras elogiosas, se refiere a él un amigo suyo: “Hablo de sentido de la justicia, no de administración de justicia … Y además le digo: si nosotros dos nos peleamos por un trozo de tierra, por una herencia, por una deuda, y viene un tercero a ponernos de acuerdo, a resolver la pendencia, en cierto sentido, viene a administrar justicia, pero ¿sabe usted qué nos hubiera pasado si hubiéramos continuado litigando ante su justicia? Pasarían los años, y a lo mejor por impaciencia o por rabia, uno de nosotros, o los dos, nos habíamos entregado a la violencia”.

Son dos personajes radicalmente distintos: uno joven y otro viejo; uno con formación universitaria y otro con la sabiduría que da la experiencia de vivir; uno dirige una institución legal, como la policía, y otro una organización criminal, como la mafia; uno es honrado y el otro un delincuente; etc. Sin embargo, ambos entrarían, dentro de la original clasificación de la humanidad que hace don Mariano Arena, en la de hombres.

Entre los temas que se plantean en la novela, comentamos los siguientes:

  • La mafia y sus ramificaciones, a la que se acerca Sciascia, con objetivad, mostrando su parte criminal, pero también lo que tiene esta organización de gran familia con sus propias leyes, que dan seguridad a los ciudadanos y que son aceptadas, con aparente naturalidad, por éstos.
  • La corrupción de las instituciones del Estado, que se refleja sobre todo en cómo echan por tierra la impecable investigación del capitán  Bellodi, proporcionándole al asesino esta coartada: “Personas sin tacha, absolutamente insospechables, respetabilísimas por extracción social y por cultura, habían testificado ante el juez instructor la imposibilidad de que Diego Marchica hubiese podido disparar a Colasberna y de que hubiese sido reconocido por Nicolosi, al encontrarse Diego ese día, y a la hora en que había sido cometido el delito, a la considerable distancia de setenta y seis kilómetros, los que, en efecto, median entre S. y P., donde Diego, en un jardín propiedad del doctor Baccarella, y ante los ojos del doctor, hombre acostumbrado a levantarse de la cama temprano y a seguir los trabajos del jardín, estaba ocupado en la serena y pacífica tarea de hacer llover agua sobre el césped mediante una manga de riego. Y de ello, no sólo el doctor, sino paisanos y transeúntes, seguros todos ellos de la identidad de Diego, podían dar testimonio con límpida memoria”.
  • La metáfora, de gran actualidad, de los cornudos, que utiliza Sciascia para referirse al pueblo, al que se la pegan, tanto en dictadura como en democracia, y no reacciona: “El pueblo cornudo era y cornudo sigue siendo: la diferencia es que el fascismo colgaba una sola bandera de los cuernos del pueblo y la democracia deja que cada cual se cuelgue la suya, del color que le guste de sus propios cuernos (…) ¡Y sabes quién se divierte paseando sobre los cuernos? Primero, y guárdatelo bien en la cabeza: los curas; segundo: los políticos, que cuanto más dicen que están con el pueblo, que quieren su bien, tanto más le pisotean los cuernos”.

Finalmente, elogiamos su estilo, que para algunos de los que asistimos a la sesión se resume en el primer párrafo de la novela, en el que, de algún modo, están las claves de la historia, o en este pasaje, donde se describe lo que sucede en la Cámara de Diputados, con una referencia final a una “luz de arena”, en esta sala, que simboliza también la turbiedad que impregna a todo lo relacionado con la mafia: “Lo que les impresionaba era el movimiento de los ujieres, continuo de un escaño a otro: parecía dotar a toda la sala del mecánico movimiento de un telar. Y ascendía un murmullo que parecía pertenecer, uniforme y continuo, al vacío de la sala más que a la presencia de aquellos grupos de personas, tristes y abstraídas, en el anfiteatro de escaños. De vez en cuando sonaba una campanilla. Luego, una voz comenzó a flotar en aquella luz de arena, que parecía alzarse como una mancha de aceite sobre el nivel gradualmente creciente del murmullo de la sala”.

 

Próxima lectura, a propuesta de María: El gatopardo de Lampedusa, novela de la que hablaremos el 15 de mayo, miércoles, a las 18:30, en la Biblioteca.