La moral de supervivencia

La protagonista de La romana, representa la moral de supervivencia. Así lo ha declarado Alberto Moravia en numerosas ocasiones y así lo consideramos nosotros, en la sesión del club de lectura que dedicamos a esta novela, porque Adriana sobrevive en un mundo que le es hostil y no juzga ni condena a los personajes con los que tiene relación, incluidos el policía torturador, Astarita, que la ama locamente, y el pérfido asesino, Sonzogno, que la considera como un objeto de su propiedad.

En la presentación del autor, Enrique mencionó: su nacimiento, en 1907, en el seno de una familia burguesa adinerada e indiferente al tema religioso; su condición de ávido lector, a pesar de no haber cursado estudios regulares; su inicio en la escritura, desde muy joven, mientras se recuperaba de una tuberculosis; su colaboración en revistas y periódicos; su independencia ideológica, así como su compromiso antifascista; y sus tres matrimonios: con Elsa Morante, Dacia Maraini y Carmen Llera. 

Entre sus novelas, escritas en un estilo austero y realista, y donde aparecen temas recurrentes, como el sexo, la alienación y el existencialismo, citó: La romana (1947), El amor conyugal (1949), El conformista (1951), El desprecio (1954), El aburrimiento (1960), El paraíso (1970) y El hombre que mira (1985). 

Algunas de estas estas novelas fueron proscritas por la dictadura fascista, incluidas en la lista de libros prohibidos por la curia vaticana y secuestradas en el periodo democrático por un fiscal conservador, a principios de los años ochenta. ¡Extraño honor el de Alberto Moravia!

En el turno de opiniones breves sobre La romana, María manifestó que le había encantado la manera sencilla con la que escribe Moravia; el trasfondo social que hay detrás de todos los personajes; y el grado de introspección de su protagonista, Adriana, quien, aunque carece de estudios, capta muy bien la psicología humana.

Benito dijo que había llegado a este autor por las adaptaciones cinematográficas de sus obras. Destacó igualmente: su capacidad para tratar temas trascendentes, mediante un lenguaje sencillo y directo; la presentación y desarrollo de los personajes sin juzgarlos; y el final, propio de la novela negra, pues en él se cierran todas las puertas que se han ido abriendo. Finalmente, comentó que, aunque la voz narradora corresponde a una mujer, se reconoce al hombre Alberto Moravia en algunos pasajes, como por ejemplo en la descripción de los cuerpos masculinos. 

Miguel nos reveló que había leído la novela hace muchos años, en su época universitaria, y que, en esta relectura, le había gustado más la primera parte, el proceso de Adriana hasta llegar a la prostitución, que la segunda, donde aparecen otros personajes. En su opinión, la protagonista no es una prostituta, sino una mujer que decide vivir su vida como quiere. Finalmente, se refirió a que algunas frases lapidarias y reflexiones profundas entran en contradicción con la escasa formación de este personaje.

Enrique comentó que Alberto Moravia, en esta y en otras novelas, le da el mismo tratamiento a las mujeres que Juan Valera, pues las presenta siempre como salvadoras, con más conocimientos y cualidades superiores a los personajes masculinos. En su opinión, Adriana es cínica y se pregunta y nos pregunta a los lectores si es una puta por vicio. Su defensa de la solidaridad se contradice con el ejercicio de la prostitución, que implica violencia del hombre sobre la mujer. 

A Víctor, finalmente, no le había gustado tanto La romana, principalmente, por dos razones: porque la protagonista no conecta con ningún personaje ni él, como lector, tampoco; y, desde el punto de vista formal, por la reiteración de algunas expresiones, por ejemplo, cuando se describe a sí misma.

En el debate, mencionamos  los siguientes aspectos: el contexto histórico donde se desarrolla la historia, la Roma de Mussolini, y en concreto, durante la Guerra de Etiopía, en 1935; el significado del título, relacionado con la moral de  supervivencia, que caracteriza al espíritu romano; el punto de vista narrativo de Adriana, que cuenta su vida desde que tenía 17 años;  y la estructura dual, con alternancia de la narración y la reflexión, como en las novelas picarescas del Siglo de Oro Español.

Nos detuvimos especialmente en algunos temas:

  • El relativismo moral

Porque para la protagonista, así como para Alberto Moravia, no hay culpables ni inocentes: “Sabía en el fondo que nadie era culpable; y que todo era como debía ser, por más que todo fuese insoportable, y que, si se quería en verdad que hubiera culpa o inocencia, entonces todos eran inocentes y culpables al mismo tiempo”.

En efecto, Adriana no juzga a ninguno de sus amantes, ni siquiera al asesino Sonzogno, como tampoco, emite juicio alguno sobre sí misma, porque está convencida de que debe aceptarse como es, aunque eso vaya contra la moral tradicional.  

  • La prostitución

La protagonista toma la decisión de dedicarse libremente a la prostitución: “Me miré desnuda en el espejo y entonces, por vez primera, comprendí a mi madre cuando con orgullo decía al pintor: «Mire qué pecho… qué piernas… qué caderas». Pensé en Astarita, a quien el deseo de aquel pecho, de aquellas piernas, de aquellas caderas, hacía cambiar de carácter, de modales y hasta de voz, y me dije que sin duda encontraría a otros hombres que por gozar de mi cuerpo me darían tanto y quizá más dinero que él.”

Y no sólo eso sino que llega a declarar que no le disgusta ejercerla y reconoce un “sentimiento fuerte de complicidad y de sensualidad”, al recibir el pago por su servicio sexual. Sólamente se arrepiente de ser prostituta cuando se enamora de Jacobo y piensa que él la desprecia por eso.

Comentamos que esta concepción libre y positiva de la prostitución contrasta con la condena de que es objeto hoy día, porque se la considera como una humillación para las mujeres, muchas de las cuales son inmigrantes engañadas por las mafias. 

  • El amor

Coincidimos en que los que aparecen en la novela son todos no correspondidos: Adriana está enamorada de Gino, aunque éste la engaña prometiéndole un matrimonio que es imposible; Astarita lo está de Adriana, hasta el extremo de que se convierte en su esclavo, aunque a cambio sólo recibe compasión; y Adriana experimenta un  verdadero amor hacia Jacobo, aunque éste se comporta con total indiferencia hacia ella.

Esta concepción del amor la resume la protagonista en una de sus reflexiones: “la peor maldición del amor: que nunca es correspondido, y cuando se ama no se es amado, cuando se es amado no se ama. Nunca ocurre que dos amantes vayan a la par en sentimientos y en el deseo, aun cuando éste sea el ideal a que todos los hombres tienden cada uno por su lado”.

  • La religión

Los personajes viven la religión de distinta manera: para la madre es un falso consuelo que le permite a las personas olvidar las durezas de la vida; sin embargo, Adriana la profesa de un modo particular, pues, al principio, va a confesarse por las relaciones sexuales que mantenía con Gino, fuera del matrimonio; pero, más adelante, visita la iglesia después de robar un pañuelo y no siente el más mínimo remordimiento: “Sabía que ese Dios no estaba ahí para juzgarme y condenarme, sino para justificar mi existencia, que sólo podía ser buena puesto que dependía directamente de él”.

  • El existencialismo

Es una corriente filosófica, pero sorprendentemente se reconoce este pensamiento en las palabras de Adriana y su madre, las cuales carecen de formación:  

Así, la primera, una vez que se decide a ejercer la prostitución se dice a sí misma: “Pensaba que había salido de una oscuridad sin fin y que pronto volvería a otra oscuridad igualmente ilimitada, y que mi breve paso habría estado marcado tan solo por actos absurdos y casuales. Comprendía entonces que mi angustia no era debida a las cosas que hacía, sino, más profundamente, al mero hecho de vivir, que no era ni malo ni bueno, sino sólo doloroso  e insensato.”

Y la segunda le dice a la hija, después del primer cliente que recibe esta: “Te digo que he tenido miedo; y he pensado: y si uno no quisiera continuar viviendo, ¿deberá continuar viviendo por fuerza…? No digo que uno haya de matarse, para matarse hace falta valor, no, sino tan solo no querer seguir viviendo, como no se quiere comer más o caminar más… pues, bueno, te lo juro por el alma de tu padre… quisiera no vivir más”.

Al analizar los personajes, coincidimos en la complejidad de todos ellos, especialmente Adriana, que evoluciona desde su ingenuidad y sentimentalismo iniciales, que la hacen soñar con un matrimonio que le permita encontrar la felicidad, hasta aceptar el proyecto que ha trazado para ella su madre de ejercer la prostitución. A partir de este momento, toma las riendas de su destino, asumiendo el papel de protagonista de su propia vida, sin depender de los demás y cargando con las consecuencias. Sus reflexiones nos sorprenden por su hondura y clarividencia.

A su madre las estrecheces de la vida la convierten en una mujer fría y amoral, que propone a su hija convertirse en prostituta, por su bien, para que no tenga la vida miserable que ella ha tenido. Ambas representan una forma abierta de considerar la vida, la cual aceptan con sus miserias y sus grandezas. 

Los personajes masculinos no salen muy bien parados en la novela: 

Gino, aunque aparenta ser un chico educado e íntegro, en realidad es todo lo contrario, pues engaña a Adriana y se comporta con ruindad cuando provoca la detención de su compañera de trabajo, bajo una acusación falsa. 

Astarita es un alto funcionario que se dedica a torturar a los presos políticos, tras el que se oculta una persona débil, insegura e infeliz, que se enamora perdidamente de Adriana y se somete a su voluntad.

Sonzogno es un vil asesino, que intimida por la fuerza de sus músculos y que trata a Adriana como una mujer que le pertenece; pero en realidad es un personaje inseguro.

Y Jacobo es un joven estudiante, culto, al que no le falta de nada, aunque todo lo que le rodea le resulta indiferente, incluida Adriana. Para lavar su mala conciencia de pertenecer a la clase burguesa, se afilia a un partido político de izquierdas, a cuyos compañeros acaba delatando, lo cual le lleva al suicidio.

Después de dos horas de debate, nos quedamos con la sensación de que se nos quedaban muchas cosas en el tintero, porque La romana es una de las grandes novelas europeas del siglo XX.

Próxima lectura, a propuesta de Carmen,  a la que por cierto echamos de menos ayer, Las uvas de la ira de John Steinbeck, sobre la que debatiremos el 6 de noviembre, miércoles, a las 18 horas.

OBSERVACIÓN IMPORTANTE:

Antes de comenzar la sesión, Inés se refirió a una actividad, con motivo de la cumbre sobre el cambio climático en Chile, del 2 al 13 de diciembre, en la que nos invita a participar: la lectura continuada, en un espacio público de Córdoba por determinar, bien, de La primavera silenciosa de Rachel Carson, o bien, de El mundo Imaginario de Miguel Delibes.

Guion de Tea Rooms

 

GUION PARA EL DEBATE

(Sesión del Club de Lectura del próximo 26 de junio, miércoles, a las 11:30, en Audiovisuales)

  1. Presentación de la autora en su época 

  2. Opinión breve sobre la novela 

  3. Punto de vista narrativo 

  4. Género literario 

  5. Intencionalidad 

  6. Estructura
  • Externa: ¿cómo se estructura formalmente la novela? 

  • Interna: ¿cómo interpretamos el final? 

  1. Temas
  • La ciudad 

  • La pobreza 

  • La utopía comunista 

  • La independencia y emancipación de la mujer 

  • La conciencia de clase 

  • El trabajo de camarera 

  • Las huelgas y protestas: ¿por qué se producen?, ¿qué actitud adoptan los jefes?, ¿cómo actúan los piquetes?
  • La represión policial 

  • La figura de la medianera 

  • El temor al jefe
  • La opinión ajena
  1. Personajes:
  • Matilde 

  • Teresa 

  • Esperanza 

  • Antonia 

  • Don Fermín 

  • Cañete 

  • Laurita 

  • Pietro Fazziello 

  • Marta 

  1. Estilo
  • Variedad de registros 

  • Capacidad de sugerencia 

  • Formas de expresión 

  1. Próxima lectura 


 

“Me gusta estar más con las cosas que con las personas”

Esta es una frase de Lampedusa, autor de El Gatopardo, que probablemente defina también al protagonista de esta novela, Don Fabrizio, último representante de la Casa de Salina, que se siente especialmente feliz con las cosas que le rodean. Sirva como ejemplo esta descripción de las pinturas del cielorraso de su palacio de Palermo, donde los dioses y animales mitológicos cobran vida en honor a la familia: “En el fresco del cielorraso las divinidades se despertaron. Las escuadras de tritones y de dríades, que desde los montes y los mares se precipitaban entre nubes frambuesa y ciclamen hacia una transfigurada Conca d’Oro para exaltar la gloria de la Casa de los Salina, surgieron de pronto tan plenas de regocijo que las más elementales reglas de la perspectiva quedaron anuladas; y los dioses mayores, los príncipes entre los dioses, fúlgido Júpiter, ceñudo Marte, lánguida Venus, que habían precedido a la turba de los menores, sujetaban complacidos el escudo azul con el Gatopardo. Sabían que por otras veintitrés horas y media volverían a ser los amos de la villa”.

María fue la encargada de presentar al autor de El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que nace en 1896 en Palermo, en el seno de una familia aristocrática. Desde niño, aprende las principales lenguas extranjeras; pero, a los veinte años, es obligado a abandonar sus estudios para participar en la Primera Guerra Mundial, donde es hecho prisionero.
Durante uno de sus numerosos viajes al extranjero, se casa con Alessandra Woll-Stomersee, una de las pioneras del psicoanálisis en Italia. Con el grado de capitán participa también en la Segunda Guerra Mundial.

Fue un hombre solitario y un lector voraz que llegó a acumular una biblioteca de más de 4.000 volúmenes, sobre todo de literatura inglesa y francesa. Conoció también la literatura española, sobre todo la del Siglo de Oro, gracias a su hijo adoptivo, Gioacchino Lanza Tomasi.
Entre 1955 y 1956, escribe El Gatopardo, novela que había ido gestando durante mucho tiempo. Desgraciadamente, no se publicó hasta 1958, un año después de su muerte, y, aunque fue denigrada por críticos de izquierda, basándose en razones ideológicas, no sólo consiguió éxito de ventas, sino también el Premio Strega, en 1959, máximo galardón literario en Italia.

El turno de opiniones breves sobre la novela lo comenzamos con la que nos envió por correo electrónico Matías Fernández, nuevo miembro del Club de Lectura, que no pudo asistir, y a quien había interesado especialmente el doble proceso histórico de sustitución que se cuenta en ella: el de la aristocracia por la burguesía y el de la monarquía de los Borbones por la de los Saboyas. Además, entre los personajes, destacó a don Fabrizio, que unas veces se muestra amable y otras cáustico; pero que se siente superior a los demás por su educación y por la clase social a la que pertenece. Hay una frase que lo define: “¿Qué sería de mí, de un legislador inexperto que carece de la facultad de engañarse a sí mismo, requisito esencial en quien quiere guiar a los demás?”.
Enrique resumió su opinión así: “Esto sí es una novela; la fama no te la regala nadie”. Los personajes que crea Lampedusa son complejos, porque evolucionan; la historia está bien trabada y con interés histórico; y el estilo se ajusta a lo que cuenta.

Para José Ángel leer El Gatopardo ha sido una gozada en forma y fondo. Añadió que la primera parte de la misma le parece deudora del siglo XIX, por su linealidad; y la segunda, en cambio, sobre todo los capítulos séptimo y octavo, donde se producen sendos desplazamientos bruscos hacia el futuro, la acercan más a la novela experimental.

Víctor reconoció no haber tenido tiempo de reposar su lectura, aunque se queda con los personajes y con el sentido del humor del que hace gala Lampedusa, por ejemplo, cuando el padre Pirrone se encuentra con el cuerpo desnudo de don Fabrizio: “La figura del príncipe en estado adánico era un espectáculo inédito para el padre Pirrone. El sacramento de la penitencia lo había familiarizado con la desnudez de las almas, pero la de los cuerpos le era bastante menos habitual; podía escuchar sin pestañear la confesión, por ejemplo, de una intriga incestuosa, pero se turbó al encontrarse con aquella inocente desnudez titánica”.

Clara, primero, explicó sobre un mapa, que nos había enviado Matías, la división de Italia, antes de la reunificación. Después, confesó que, al estudiar historia, siempre había tenido en cuenta la frase que le dice Tancredi a su tío don Fabrizio: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”. En su opinión, la novela expresa muy bien la melancolía del pasado, el final de una sociedad y el principio de otra; y le encanta especialmente el ambiente decadente en el que se desarrolla la historia.

Para Benito también ha sido un placer la relectura de esta novela a la que se había acercado, cuando estudiaba en la Universidad, después de ver la película homónima de Visconti. Volver a leerla le ha permitido reencontrarse con personajes secundarios, como Concetta, que tiene una importancia capital. Igualmente, le ha llamado la atención la relación entre el Príncipe y su hijo mayor, Francesco Paolo, la cual le ha recordado a la relación que él mantenía con su padre.

Lola definió El Gatopardo como una novela barroca, tanto por los temas que aparecen (el desengaño, la apariencia falsa de la realidad, la decrepitud, la muerte…), como por el lenguaje preciosista que utiliza Lampedusa. El clímax, en su opinión, se consigue en dos momentos: el diálogo entre don Fabrizio y el senador que le propone formar parte de la Cámara Alta; y el que mantienen el herbolario y el padre Pirrone, en especial, cuando el primero se queda dormido y el segundo continúa hablándole, como si nada hubiera pasado.

Carmen comentó que, al principio, con tanta descripción le había costado entrar en la novela; pero que su lectura había ido ganando, progresivamente, hasta un final inesperado y simbólico, que le había encantado.

Y María confesó que la había disfrutado, en su época universitaria, y la ha vuelto a disfrutar ahora, sobre todo por el tono emocional que transmite. Se cuenta la decadencia de una clase social, pero también de una vida, como sucede en La muerte en Venecia de Thomas Mann. Le pondría dos músicas: la 5ª de Gustav Malher y el segundo movimiento de la 1ª Sinfonía de Georges Bizet.

En el debate propiamente dicho, comentamos que se trata de una novela histórica, no sólo porque recoge acontecimientos históricos concretos, con hechos y personajes reales, como la llegada de Garibaldi a la isla, que provocó la caída de los Borbones y la unificación italiana, sino también porque la historia ficticia que se cuenta está basada en antepasados del propio autor.

El punto de vista narrativo corresponde a una tercera persona del plural, que reflexiona sobre lo que cuenta: “pero este es un asunto demasiado importante para tratarlo de pasada, de modo que nos limitaremos a decir que aquella salida heráldica de don Calogero le deparó al príncipe el incomparable goce estético de asistir a la encarnación perfecta de un tipo, y la risa contenida endulzó tanto su boca que llegó a sentir náuseas”. También mencionamos que esta voz narradora sabe situarse en la perspectiva de los personajes, especialmente, en la de don Fabrizio y su mirada aristocrática de la vida.

Con respecto a la estructura interna, coincidimos en que avanza, cronológicamente, hasta el capítulo sexto, aunque, en ocasiones, se producen elipsis, que nos obligan a imaginar lo que ha podido suceder, por ejemplo, el encuentro sexual con la joven prostituta, que satisface las necesidades perentorias de don Fabrizio; y en otros momentos utiliza el salto atrás, como el que da cuenta de las penalidades del viaje a la casa de veraneo, cuando ya están a punto de llegar. En cambio, en los dos últimos capítulos, se producen dos prolepsis o saltos hacia el futuro, de gran eficacia narrativa.

Asimismo, valoramos muy positivamente el final, que se ha de interpretar en clave simbólica, pues el perro Bendicó, o lo que queda de él, representa a la clase social de los Salina. Por eso, arrojar su momia apolillada por la ventana supone también el fin de la misma.

Entre los temas que aparecen en la novela, comentamos:

  • La decadencia de la sociedad aristocrática que se aprecia en pequeños detalles deslizados con sutilidad por Lampedusa. Por ejemplo, en la descripción de la mesa, dispuesta para servir la cena, donde se indica que el mantel estaba remendado y los platos “eran supervivientes de los estragos producidos por los galopillos y procedían de servicios distintos”.
  • La vida entregada al ocio y los placeres, como las jornadas de caza en las que participa diariamente don Fabrizio: “Por lo demás, al príncipe las jornadas de caza le deparaban un placer que no dependía tanto de la abundancia del botín como de una multitud de pequeños episodios. Nacía mientras se afeitaba en el cuarto aún en sombras y la luz de la vela confería un aire teatral a sus movimientos al proyectarlos sobre las arquitecturas pintadas en el techo; crecía mientras atravesaba los dormidos salones y, alumbrado por la llama vacilante, iba esquivando las mesas, donde, entre naipes en desorden, fichas y copas vacías, asomaba el caballo de espadas augurándole viriles hazañas; mientras recorría el jardín inmóvil bajo la luz gris y los primeros pájaros de la madrugada agitaban las plumas para sacudirse el rocío…”
  • El amor entre Tancredi y Angélica, que no es verdadero sino interesado: “Ninguno de los dos era bueno, ambos tenían sus intereses, tanto ella como él alimentaban secretas aspiraciones; pero resultaba agradable y enternecedor verlos bailar mientras sus turbias pero ingenuas ambiciones se iban esfumando entre las cariñosas, alegres palabras que él le musitaba al oído, el perfume que envolvía la cabellera de la joven, y el abrazo en que acababan fundiéndose sus cuerpos destinados a morir.”
  • La muerte, porque en la novela se narra la de don Fabrizio y la de su clase social: la aristocracia. El propio personaje tiene conciencia de que con él desaparece el mundo al que pertenece: “Era inútil que intentara convencerse de lo contrario: el último Salina era él, el escuálido gigante que en aquel momento agonizaba en el balcón de un hotel. Porque un linaje noble solo existe mientras perduran las tradiciones, mientras se mantienen vivos los recuerdos; y él era el único que tenía recuerdos originales, distintos de los que se conservaban en otras familias”.
  • Y las dos imágenes contrapuestas de Sicilia y los sicilianos: por un lado, la de Chevalley que cree en la capacidad de transformación y de adaptarse a los cambios de estos; y por otro, la de don Fabrizio que está convencido de su conservadurismo: “Los sicilianos jamás querrán mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos; en ellos la vanidad es más fuerte que la miseria; toda intromisión de extraños, ya sea por el origen o –si se trata de sicilianos–por la libertad de las ideas, es un ataque contra el sueño de perfección en que se hallan sumidos, una amenaza contra la calma satisfecha con que aguardan la nada; aunque una docena de pueblos de diversa índole hayan venido a pisotearlos, están convencidos de tener un pasado imperial que les garantiza el derecho a un entierro fastuoso.”

En cuanto a los personajes, nos detuvimos en los siguientes:

  • Don Fabrizio que se siente así: “Soy un representante de la vieja clase y me siento por fuerza comprometido con el régimen borbónico al que me liga el sentido de la decencia, ya que no el afecto. Pertenezco a una generación infeliz, a caballo entre los viejos tiempos y los nuevos, que no se encuentra a gusto en estos ni en aquellos. Además, como ya lo habrá advertido usted, no tengo ilusiones; ¿qué haría conmigo el Senado, con un legislador inexperto e incapaz de engañarse a sí mismo, facultad imprescindible para cualquiera que se proponga guiar a los demás?”. Acepta con estoicismo los cambios que se están produciendo, sin actuar ni a favor ni en contra.
  • Don Calogero, padre de Angélica y alcalde del pueblo de Donnafugata, donde pasan los meses de verano don Fabrizio y su familia, que pertenece a la burguesía y se ha enriquecido con operaciones poco éticas. Su comportamiento tosco contrasta con las buenas maneras de don Fabrizio: “el alcalde avanzaba por el bosque de la vida con la seguridad de un elefante que, arrancando árboles y aplastando madrigueras, camina en línea recta sin advertir ni siquiera los arañazos de las espinas y los gemidos de sus víctimas. En cambio al príncipe, educado en pequeños y amenos valles recorridos por los céfiros corteses de los «por favor», «te agradecería», «me harías la merced», «has sido muy amable», las charlas con don Calogero lo transportaban a un páramo barrido por tiempos estériles…”.
  • El padre Pirrone, de origen humilde, que había llegado a ser sacerdote en la casa de Salina y hombre de confianza de don Fabrizio. Conocía cómo funcionaba la vida, con independencia de la posición social que se ocupe o de la riqueza que se posea. Así, lo demuestra al resolver su asunto familiar o pasando por alto la vida licenciosa de don Fabrizio, que acudía a confesarse con él, después de haber sido infiel a su mujer.
  • Tancredi que es entusiasta e inteligente, y representa al sector de la nobleza que se sabe adaptar a los nuevos tiempos: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Por eso, es apreciado por el Príncipe de Salina, que lo prefería a su pánfilo primogénito. Su matrimonio con la hija de don Calogero es por interés, pues él carece de fortuna.
  • Y Angélica que es la representante indiscutible de la atractiva, valiente y audaz clase burguesa. Su casamiento tampoco es por amor sino por interés, ya que aspira a lo que al final consigue: ser princesa.

Finalmente, elogiamos el estilo de Lampedusa, que destaca por la brillantez de sus imágenes, su sentido del humor y su extraordinaria capacidad para describir: “Ahora la calle corría entre naranjales en flor y el aroma nupcial del azahar anulaba todo el resto como anula un paisaje el plenilunio: el olor de los caballos sudados, el olor a cuero de la tapicería, el olor a príncipe y el olor a jesuita, todo quedaba borrado por aquel perfume islámico que evocaba huríes y un más allá colmado de placeres carnales.”

Próxima lectura: Tea rooms de Luisa Carnés, considerada la más importante narradora de la Generación del 27, aunque desgraciadamente desconocida. En esta novela, de la que hablaremos el 26 de junio, miércoles, a las 11:30, nos traslada su experiencia como empleada en un salón de té.

Os recuerdo que, después de la sesión del Club de Lectura, nos quedaremos a comer en un restaurante cercano.

Guion sobre El Gatopardo

CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN

(Sesión del día, 15 de mayo, miércoles, a las 18:30)

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela: si nos ha gustado o no y por qué
  3. Argumento
  4. Título: ¿qué explicación tiene?
  5. Género literario: ¿se puede calificar de novela histórica?, ¿es real lo que se cuenta?
  6. Punto de vista: ¿a quién corresponde la voz narradora?, ¿se puede identificar con algún personaje?
  7. Tiempo histórico: ¿qué periodo de la casa de Salina comprende la novela?
  8. Tiempo interno: ¿cómo avanza la historia?
  9. Espacios
  10. Estructura interna: ¿qué representa la muerte de Salina?, ¿cómo se puede interpretar el final?
  11. Personajes: ¿cuáles son sus rasgos principales?
  • Don Fabrizio
  • Tancredi
  • Concetta
  • Angélica
  • Don Calogero
  • La muerte
  • Russo
  • Ciccio Málvica
  • Francesco Paolo
  • El padre Pirrone
  • Los personajes mitológicos
  • El perro Bendicó
  1. Temas:
  • Crisis de la sociedad aristocrática
  • Vida entregada al ocio y los placeres
  • La falsa religiosidad
  • La discriminación de la mujer
  • La educación: ¿qué importancia tienen las normas de educación y urbanidad para la aristocracia?
  • El amor: ¿es verdadero el amor entre Tancredi y Angélica?
  • La monarquía
  • Los conventos en Palermo
  • La revolución burguesa
  • El referéndum: ¿está adulterado?
  • Sicilia: ¿qué diferente imagen tienen de Sicilia y los sicilianos Chevalley y don Fabrizio?
  • La muerte: según Javier Marías, El Gatopardo es un relato “sobre la muerte, la preparación para ella y su aceptación”. ¿Qué opinión te merecen estas palabras?
  1. Interpretación
  2. Estilo
  • Capacidad de sugerencia:
  • El arte de la descripción:
  • El sentido del humor
  1. Frases para la reflexión:
  • «Si nosotros no participamos también, esos tipos son capaces de encajarnos la república. Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie. (Tancredi sobre la actitud que debe tomar la aristocracia ante los cambios)
  • “Las golondrinas echarían a volar más pronto, y basta. Por lo demás, aún quedaban muchas en el nido”. ( Russo refiriéndose a los cambios que se avecinan)
  • “Cada vez que encontramos a un pariente nos topamos con una espina” (don Fabrizio)
  • “Los grandes señores eran reservados e incomprensibles; los campesinos, explícitos y claros; pero el demonio se los metía a todos en el bolsillo, sin hacer diferencias” (Padre Pirrone)
  • “El novio ya había explicado a Angelica cuán importante era permanecer impasible, porque en ello reside fundamentalmente la distinción” (Tancredi)
  • ¿Qué haría conmigo el Senado, con un legislador inexperto e incapaz de engañarse a sí mismo, facultad imprescindible para cualquiera que se proponga guiar a los demás? (Don Fabrizio a un representante enviado por el gobierno)
  1. Próxima lectura

 

 

La sutilidad de Sciascia

Aunque, en la sesión del Club de Lectura del pasado miércoles, hubo división de opiniones en la valoración de El día de la lechuza, algunos de los asistentes coincidimos en la sutilidad de Leonardo Sciascia, al contar la historia, probablemente condicionado por la censura que se impuso a sí mismo en esta novela donde, por primera vez, se denuncian las actividades de la mafia siciliana y sus implicaciones políticas y sociales: “Por eso, cuando me percaté de que mi imaginación no había tenido en su debida cuenta los límites que imponen las leyes del Estado y, más que las leyes, la susceptibilidad de quienes las hacen respetar, me puse a quitar y a quitar. Sustancialmente, de la primera a la segunda versión, la línea del relato ha quedado inalterada; ha desaparecido algún personaje, algún otro se ha retirado al anonimato, alguna secuencia ha caído. Puede ser que el relato haya ganado con ello”.

Miguel, que junto con María, había propuesto la lectura de esta novela, se encargó de la presentación del Leonardo Sciascia, un escritor que nace en Agrigento, en 1921, y muere en Palermo, en 1989. Estudia Magisterio y dedica parte de su juventud a la enseñanza. Con posterioridad, ejerce el periodismo, que simultanea con la práctica de la literatura, hasta convertirse en uno de los novelistas italianos más importantes del siglo XX. Simpatiza con el Partido Comunista Italiano, aunque acaba apartándose del mismo, para adoptar una posición independiente, que le lleva a ser considerado como la “conciencia crítica de Italia”, por sus denuncias contra la corrupción política y la violencia de la mafia.

Fue amigo de escritores ilustres, como Italo Calvino o Gesualdo Bufalino; discípulo de Vitaliano Brancati; admirador de Pirandello, cuya obra Seis personajes en busca de autor cita en esta novela; productor de su vino y su aceite, esposo, padre y abuelo, fino analista de la realidad italiana, coleccionista de grabados y sobre todo un hombre de letras y un escritor de estupendas novelas policíacas, cuentos llenos de humor e ironía, y penetrantes ensayos.

Gran conocedor de España y, particularmente, de El Quijote, libro del que decía “que debía leerse como mínimo dos veces”. Su admiración por la Generación del 27 que él denominó una «espléndida pléyade de poetas» se mantendrá viva desde su juventud hasta sus últimos años de vida. Este hecho se corrobora en la multitud de menciones que de estos escritores encontramos en sus novelas, ensayos y artículos, así como en las traducciones que hizo al italiano.

Sciascia pensaba que la literatura tenía un peso moral sobre el curso de las cosas. Y un día se asombró al comprobar que sus obras se anticipaban al futuro, como las investigaciones parlamentarias sobre la Mafia en El día de la lechuza, que se anticipó en dos años a las, realmente, que se llevaron a cabo en Italia.

Junto a autores como el brasileño Rubem Fonseca y el norteamericano Donald Westlake, Sciascia fue uno de los primeros que dotó de calidad literaria a las novelas policiacas y narró en las mismas historias del tiempo que le tocó vivir. No obstante, en opinión de Leonardo Padura, quizá por haber cultivado este género literario, aún hoy día considerado marginal, no haya tenido el reconocimiento que merece.

Entre sus obras traducidas al castellano, se encuentran:

Dueto, Plaza y Janés, Barcelona, 1968.

Todo modo, Bruguera, Barcelona, 1982.

El archivo de Egipto, Bruguera, Barcelona, 1977.

Cándido o Un sueño siciliano, Bruguera, Barcelona, 1979.

El caso Aldo Moro, Destino, Barcelona, 1996.

El caballero y la muerte, Tusquets, Barcelona, 1989.

El dia de la lechuza, Alianza, Madrid, 1990

En el debate propiamente dicho, hubo opiniones contrapuestas, pues, por una lado, estaban los críticos con la novela: Enrique sólo había llegado hasta la página 60; José Ángel no había conseguido entrar en ella, aunque reconoció que se dejaba leer y tenía sobre todo un valor extraliterario; Carmen la considera más un guion de cine que una novela, pues le falta desarrollo y un hilo conductor, pero le habían gustado los momentos de humor; Lola, abundando en esta opinión, reconoció que sólo había llegado al 40 % de la lectura, porque le parece que tiene más valores cinematográficos que literarios;  y Víctor a quien no le había dicho mucho por su localismo y por la falta de libertad al escribirla, reconocida por el propio autor.

Por otro lado, nos encontrábamos los que tenemos una opinión positiva sobre ella, como Miguel, para quien se trata de una novela escrita con sutilidad y valentía, pues Sciascia hace coincidir el tiempo histórico y el literario; Benito, que no pudo asistir a la sesión, pero que valoró precisamente esta coincidencia, como algo innovador en el género policiaco; y María a quien le gusta sobre todo, por su trasfondo histórico y porque ella es aficionada a la novela negra, aunque reconoció que hay otras, como Cándido o El caballero y la muerte, que están quizá mejor elaboradas.

La explicación del título estriba en que la lechuza es un animal con connotaciones de inteligencia y sabiduría, que son las que aplica el capitán Bellodi en su investigación policial, para descubrir la trama mafiosa y las implicaciones políticas, que hay detrás del asesinato de Colasberna.

Para conocer la intencionalidad con la que fue escrita, leímos en alto unas palabras del autor: “Pero la mafia era, y es, otra cosa: un «sistema» que en Sicilia contiene y mueve los intereses económicos y de poder de una clase que, de modo aproximado, podemos llamar burguesa; y que no surge y se desarrolla en el «vacío» del Estado (o sea cuando el Estado, con sus leyes y funciones, es débil o falta) sino «dentro» del Estado. La mafia, en suma, no es sino una burguesía parasitaria, una burguesía que no emprende sino que solamente explota. El día de la lechuza, en efecto, no es sino un «por ejemplo» de esa definición. Es decir, la escribí, entonces, con esa intención.

Tratándose de una novela perteneciente al género policiaco, coincidimos en que Sciascia sabe generar la intriga en torno a quién puede ser el asesino, así como a la implicación de la mafia y sus ramificaciones en el crimen. Para ello, utiliza una estructura dual, que se basa en la alternancia de dos tipos de secuencias narrativas: por un lado, las que se desarrollan en Sicilia, con el proceso de investigación del capitán Bellodi, y por otro, las conversaciones, que tienen lugar en Roma, entre personas poderosas y supuestamente respetables del mundo de la empresa y la política. No obstante, se coincidió en que estas conversaciones quizá resulten algo confusas, al desconocer las identidades de los que hablan.

En cuanto a los personajes, destacamos a dos:

  • El capitán Bellodi, un joven abogado, inteligente, sensato, y honrado en su trabajo, que quiere que la ley de la República se aplique a todos por igual. Esto se dice de él: “el capitán Bellodi, emiliano de Parma, republicano por tradición familiar y por convicción, hacía lo que antiguamente se llamaba el oficio de las armas, y en un cuerpo de policía, con la fe del hombre que ha participado en una revolución y que de la revolución ha visto surgir la ley: servía y hacía respetar esa ley que aseguraba libertad y justicia, la ley de la República”.
  • Y don Mariano Arena, el capo de la mafia, delatado por Parrinieddu, que se hace pasar por un buen hombre, padre de familia ejemplar y trabajador infatigable, que media en los conflictos entre ciudadanos, con la finalidad de impartir justicia, como un juez de paz, que llama, hipócritamente, a los chantajes, recomendaciones. Con estas palabras elogiosas, se refiere a él un amigo suyo: “Hablo de sentido de la justicia, no de administración de justicia … Y además le digo: si nosotros dos nos peleamos por un trozo de tierra, por una herencia, por una deuda, y viene un tercero a ponernos de acuerdo, a resolver la pendencia, en cierto sentido, viene a administrar justicia, pero ¿sabe usted qué nos hubiera pasado si hubiéramos continuado litigando ante su justicia? Pasarían los años, y a lo mejor por impaciencia o por rabia, uno de nosotros, o los dos, nos habíamos entregado a la violencia”.

Son dos personajes radicalmente distintos: uno joven y otro viejo; uno con formación universitaria y otro con la sabiduría que da la experiencia de vivir; uno dirige una institución legal, como la policía, y otro una organización criminal, como la mafia; uno es honrado y el otro un delincuente; etc. Sin embargo, ambos entrarían, dentro de la original clasificación de la humanidad que hace don Mariano Arena, en la de hombres.

Entre los temas que se plantean en la novela, comentamos los siguientes:

  • La mafia y sus ramificaciones, a la que se acerca Sciascia, con objetivad, mostrando su parte criminal, pero también lo que tiene esta organización de gran familia con sus propias leyes, que dan seguridad a los ciudadanos y que son aceptadas, con aparente naturalidad, por éstos.
  • La corrupción de las instituciones del Estado, que se refleja sobre todo en cómo echan por tierra la impecable investigación del capitán  Bellodi, proporcionándole al asesino esta coartada: “Personas sin tacha, absolutamente insospechables, respetabilísimas por extracción social y por cultura, habían testificado ante el juez instructor la imposibilidad de que Diego Marchica hubiese podido disparar a Colasberna y de que hubiese sido reconocido por Nicolosi, al encontrarse Diego ese día, y a la hora en que había sido cometido el delito, a la considerable distancia de setenta y seis kilómetros, los que, en efecto, median entre S. y P., donde Diego, en un jardín propiedad del doctor Baccarella, y ante los ojos del doctor, hombre acostumbrado a levantarse de la cama temprano y a seguir los trabajos del jardín, estaba ocupado en la serena y pacífica tarea de hacer llover agua sobre el césped mediante una manga de riego. Y de ello, no sólo el doctor, sino paisanos y transeúntes, seguros todos ellos de la identidad de Diego, podían dar testimonio con límpida memoria”.
  • La metáfora, de gran actualidad, de los cornudos, que utiliza Sciascia para referirse al pueblo, al que se la pegan, tanto en dictadura como en democracia, y no reacciona: “El pueblo cornudo era y cornudo sigue siendo: la diferencia es que el fascismo colgaba una sola bandera de los cuernos del pueblo y la democracia deja que cada cual se cuelgue la suya, del color que le guste de sus propios cuernos (…) ¡Y sabes quién se divierte paseando sobre los cuernos? Primero, y guárdatelo bien en la cabeza: los curas; segundo: los políticos, que cuanto más dicen que están con el pueblo, que quieren su bien, tanto más le pisotean los cuernos”.

Finalmente, elogiamos su estilo, que para algunos de los que asistimos a la sesión se resume en el primer párrafo de la novela, en el que, de algún modo, están las claves de la historia, o en este pasaje, donde se describe lo que sucede en la Cámara de Diputados, con una referencia final a una “luz de arena”, en esta sala, que simboliza también la turbiedad que impregna a todo lo relacionado con la mafia: “Lo que les impresionaba era el movimiento de los ujieres, continuo de un escaño a otro: parecía dotar a toda la sala del mecánico movimiento de un telar. Y ascendía un murmullo que parecía pertenecer, uniforme y continuo, al vacío de la sala más que a la presencia de aquellos grupos de personas, tristes y abstraídas, en el anfiteatro de escaños. De vez en cuando sonaba una campanilla. Luego, una voz comenzó a flotar en aquella luz de arena, que parecía alzarse como una mancha de aceite sobre el nivel gradualmente creciente del murmullo de la sala”.

 

Próxima lectura, a propuesta de María: El gatopardo de Lampedusa, novela de la que hablaremos el 15 de mayo, miércoles, a las 18:30, en la Biblioteca.

El día de la lechuza – Guion

 

CLUB DE LECTURA DEL IES GRAN CAPITÁN

Guion para el debate

(Sesión del miércoles, 27 de marzo, a las 17:30)

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. Género literario
  4. Intencionalidad: ¿con que intención escribió el autor El día de la lechuza?
  5. Intriga: ¿sabe generar la intriga y mantenerla?
  6. Espacio: ¿qué importancia tiene el espacio en el desarrollo de la historia?
  7. Tiempo histórico: ¿coincide con la época en que Sciascia escribió esta novela?
  8. Estructura
  9. Personajes:
  • Salvatore Colasberna
  • El capitán Bellodi
  • El hombre vestido de negro
  • El confidente Parrinieddu
  • Diego Marchica
  • Mariano Arena
  • El ministro Mancuso
  1. Temas
  • La mafia siciliana: ¿cómo funciona?, ¿hasta dónde llegan sus ramificaciones?
  • La corrupción de las instituciones del estado
  • La investigación policial: ¿se desarrolla en los cauces de la ley?
  • La suspensión de las garantías constitucionales o la  guerra sucia: ¿es lícita para combatir a la mafia?
  • Los tópicos sobre las regiones: ¿qué imagen se tiene de los sicilianos en Italia?, ¿qué hay de verdad en ello?
  • Los cornudos: ¿qué dos tipos de cornudo se distinguen en la novela?, ¿se puede aplicar esta diferenciación al pueblo?
  • La libertad del creador: ¿ha sido libre Leonardo Sciascia, al escribir esta novela, a tenor de lo que dice en en el apartado de Notas?
  • La teoría de las ideas de Platón: ¿Puede hallarse un eco de esta teoría en las siguientes palabras, que le dirige don Mariano al capitán Bellodi? : “La verdad está en el fondo de un pozo; uno mira en un pozo y ve el sol y la luna, pero si se tira ya no hay ni sol ni luna, está la verdad.”
  1. Estilo: ¿por qué rasgos se caracteriza el estilo de Leonardo Sciascia?, ¿qué pasaje de la novela te ha parecido especialmente brillante?
  2. Próxima lectura

 

 

La resistencia amable

En esta expresión resumió Carmen la sesión que ayer dedicamos a La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, porque el grupo de personajes que forman parte de esta sociedad resistió la ocupación nazi de la isla, gracias a la lectura compartida.  Elizabeth se lo explicó a un oficial nazi: que venían de una reunión de la Sociedad Literaria de Guernsey, y que el debate de la noche sobre Elizabeth y su jardín alemán había sido tan agradable, que habían perdido la noción del tiempo, es decir, se habían sentido libres, dichosos y llenos de energía, hablando sobre un libro.

Al principio de la sesión, Miguel nos proporcionó los escasos datos biográficos que hay sobre la autora de la mayor parte del texto, Mary Ann Shaffer, nacida en 1934 en Martinsburg (Estados Unidos). Fue editora, bibliotecaria y librera, profesiones relacionadas con el mundo del libro que le llevaron a escribir la novela. Tras un viaje a Guernsey, se enamora de este lugar, que se encuentra bajo la ocupación alemana y decide convertirlo en el tema central de la misma. Dedicó varios años a su escritura; pero, cuando su salud empeoró, le pidió ayuda a su sobrina Annie Barrows, para que la finalizara. Falleció en 2008, antes de ver publicada La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, que acabó convirtiéndose en un best seller y dio lugar a una película del mismo nombre.

En el turno de opiniones, Inés comentó que le había interesado sobre todo cómo los personajes superan un trauma como la guerra, a través de la lectura.

A Miguel Ángel le había gustado la novela por varias razones: por su forma epistolar, por su trasfondo histórico, por la amplia documentación para escribirla y, especialmente, por la presencia en la misma de lo metaliterario. En este sentido, había comprobado que casi todos los autores citados son ingleses, quizá porque los títulos están sacados de alguna biblioteca de pueblo de la época. Sólo le había chirriado la presencia un tanto forzada de las cartas que Oscar Wilde le escribió, supuestamente, a la abuela de Isola, cuando era niña.

Víctor confesó que la relectura de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey le había agradado menos que la primera vez, porque había advertido con claridad que sus autoras profundizan en el lado más amable de las personas, quizá para incrementar el número de lectores.

En cambio, Miguel dijo que el contenido de la novela no sólo es amable, sino que tiene también amargura, que se aprecia en los personajes que sufrieron y lo pasaron muy mal, durante la guerra. Añadió que haberla vuelto a leer le había permitido valorar la forma epistolar en que está escrita, para la cual la autora pudo tener como referencia las Cartas a Lucilio de Séneca, donde se abordan temas muy variados, con el objetivo de enseñarnos a aprender a vivir y ser felices

A Carmen le había atraído el valor terapéutico de la lectura para remontar situaciones difíciles, y que sean personajes normales y corrientes los que se enganchen a ella. Igualmente, valoraba lo que tiene de crítica literaria, pues son muchos los libros que se mencionan y comentan, así como el sentido del humor del que hace gala Mary Ann Shaffer.

Para Clara, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, a pesar de la amargura y el trauma de la Segunda Guerra Mundial, tiene un aire limpio, pues el ser humano es capaz de sacar lo mejor de sí mismo, con la ayuda de la lectura. A su entender, es una novela muy británica, empezando por su forma epistolar, que es uno de sus atractivos.

Benito, a quien le había resultado muy agradable leerla, destacó los siguientes aspectos: el mensaje de esperanza que contiene; la superación colectiva de la adversidad, a través de los libros; y el contexto histórico del que se informa progresivamente. Asimismo, confesó que se había ido enamorando de la protagonista, Juliet, por la transformación que experimenta, a lo largo de la novela, pasando de ser un personaje vacío a otro lleno de vida, que acaba encontrando la amistad, la maternidad y el amor.

Paco comentó, en primer lugar, que la lectura le había permitido descubrir dónde estaba la isla de Guernsey. Además, le habían llamado la atención tres cosas: el género epistolar, con la dificultad que conlleva, frente a la relativa sencillez de contar una historia linealmente; la experiencia terrible de vivir una guerra; y el final de la novela, donde sorprendentemente es la mujer, Juliet, la que se declara al hombre, Dawsey.

Finalmente, a María le había parecido una novela simpática, que está escrita para agradar, aunque apreciaba su trasfondo histórico, en particular, la referencia a los obreros esclavizados por los nazis y los valores humanos que surgen de las personas en las situaciones más dramáticas. Por eso, añadió que pensaba proponer su lectura al alumnado de 1º de Bachillerato.

A propósito de la posible bondad de la historia, para vender más ejemplares, leímos unas palabras, escritas por la propia autora, donde declara abiertamente su intencionalidad: “Como mínimo, espero que estos personajes y su historia emitan algo de luz en medio del sufrimiento por el que pasaron las islas del Canal de la Mancha, durante la Ocupación alemana. Espero también que mi libro refleje mi creencia en que el amor al arte —sea poesía, narrativa, pintura, escultura o música— ayuda a la gente a superar cualquier barrera erigida por el hombre”.

Sobre el título tan extenso, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, comentamos que, aunque, en un principio, produzca un cierto rechazo, al mismo tiempo, despierta expectativas en el lector y genera intriga sobre el significado del mismo.

En cuanto a los personajes, Mary Ann Shaffer sólo profundiza en los que se podría calificar de buenos:

  • Juliet

Destacamos su evolución, particularmente, a partir del momento en que entra en contacto con los miembros de la Sociedad Literaria y decide ir a visitarlos: “Mientras el barco entraba balanceándose en el puerto, vi los tejados de las casas de St. Peter Port salir por encima del mar, con una iglesia arriba, como la decoración de una tarta, y me di cuenta de que el corazón me iba a toda velocidad. Por mucho que intentara convencerme de que era la emoción del paisaje, sabía que que era algo más. Toda aquella gente a la que había conocido e incluso empezado a querer un poco me habían venido a esperar. Y yo sin ningún periódico con el que esconderme”. Así, con estas palabras se refiere, en una carta dirigida Sidney, a los que serán sus amigos y le darán un sentido pleno a su vida.

  • Elizabeth

Es un personaje modélico por la valentía y la solidaridad que demuestra con los más débiles. A causa de esto, primero, es detenida por los nazis y, después, asesinada en el campo de concentración. Poco a poco, se convierte no sólo en protagonista de la novela de Mary Ann Shaffer, sino también en el libro que está escribiendo Juliet sobre la isla de Guernsey.   

  • Dawsey

Es un descargador de barcos en Guernsey, que se pone en contacto con Juliet, a través de una carta, para pedirle un libro de Charles Lamb. Pertenece a la Sociedad Literaria. No es egoísta, al contrario, es humilde y no se da ninguna importancia: “Me gusta recibir sus cartas -le escribe a Juliet- aunque a menudo creo que no tengo nada interesante que contar, así que me va bien responder a sus preguntas retóricas”.

  • Eben

Cortador y grabador de lápidas que descubre la lectura en la Sociedad literaria. El verso que más admira y que, de haberlo conocido, cuando entraron los nazis, le habría servido de alivio, pertenece a  Shakespeare: “El luminoso día ha terminado y estamos destinados a la oscuridad”. Por eso, se aferra a los libros, para olvidar la ocupación de la isla por estos. Está a cargo de su nieto, Eli, cuyos padres murieron durante la guerra.

  • Christian Hellman

Doctor alemán que se hizo amante de Elizabeth, con quien tuvo un hijo, y amigo de Dawsey.  Éste se lo describe así a Juliet: “Se parecía a los alemanes, ya sabes, alto, rubio, con ojos azules, la diferencia es que él era capaz de sentir dolor”.

  • Etc.

Sobre los temas que aparecen en la novela, comentamos, además de algunos ya mencionados, los siguientes:

  • La Segunda Guerra Mundial

Condiciona la vida de estos personajes y la vemos reflejada en la evacuación de los niños de la isla, para alejarlos del peligro de la contienda; en los destrozos ocasionados en Londres por los bombardeos de la aviación alemana; en la ocupación de Guernsey, donde los nazis construyeron búnkers y túneles, gracias a trabajadores esclavos; en el toque de queda establecido en la isla, cuya violación dio lugar a la Sociedad Literaria; en la vida miserable en los campos de concentración: “Nuestras camas eran baldas de madera, construidas en plataformas de tres. Teníamos paja para dormir encima, de olor desagradable y con pulgas y piojos. Por la noche, ratas grandes corrían a nuestros pies…”;  etc.

  • La solidaridad entre enemigos

Sam Withers, encargado del cementerio, le cuenta a Juliet, que no todos los alemanes eran canallas y miserables, pues había otros buenos, como Christian, el que ayudó al hijo de la Señora Fouquet, dándole a esta sulfamida para su hijo enfermo con neumonía, o los que tiraban patatas y trozos de carbón fuera de los camiones, para que los recogieran los niños, que iban corriendo detrás de ellos.

  • La sociedad literaria

Nace como explicación para evitar la represalia de los nazis, cuando los que serán futuros miembros de la sociedad, son sorprendidos violando el toque de queda; y se mantiene para sobrellevar la ocupación, pues sus componentes, mientras asisten a estas reuniones, se olvidan del horror de la guerra, disfrutan con la lectura compartida y fomentan lazos de amistad entre ellos.

Se reúnen cada 15 días y se van turnando para hablar de los libros que cada uno ha leído. Al principio lo hacen de forma objetiva, pero después tratan de incitar a los demás a leerlos, y, si dos o más han leído el mismo libro, debaten entre ellos.

  • La naturaleza frente a lo creado por el hombre:

En este sentido, leímos en alto estas palabras del escritor Charles Lamb en respuesta al también escritor Wordsworth, reprochándole que no se preocupara lo suficiente de la naturaleza: “No me apasionan las arboledas ni los valles. Las habitaciones donde nací, los muebles que han estado delante de mis ojos toda mi vida, los libros que me han seguido como un perro fiel a donde quiera que fuera, sillas antiguas, viejas calles, plazas donde he tomado el sol, mi antigua escuela, ¿no he tenido suficiente sin tus montañas? No te envidio. Debería compadecerte, pero la mente se acostumbra a cualquier cosa”.

  • El sentimiento del amor

Comentamos las similitudes entre las diferentes historias amorosas que aparecen en la novela: la que hubo entre Elizabeth y el doctor alemán, supuestamente dos personas antagónicas, pues pertenecen a cada uno de los dos bandos en conflicto durante la guerra; la que surge, de forma callada, entre Juliet, escritora de un cierto renombre, y Dawsey, que se dedica a cuidar cerdos; la de Clovis Fossey, que empezó a leer poesía para seducir a su amada: “Mira eso, Nanzy. La dulzura del cielo está en el mar. ¡Escucha!”.

Finalmente, nos referimos al estilo, que varía en función del autor de las cartas, pues unas están escritas con extraordinaria sencillez, como las de Dawsey, y otras en un lenguaje más literario, como la primera que escribe Juliet a Sidney, desde la isla de Guernsey.

 

Próxima lectura, a propuesta de María: El día de la lechuza del escritor italiano Leonardo Sciascia, de la que hablaremos el miércoles, 27 de marzo, a las 17:30.

 

Guion sobre La Sociedad Literaria

Club de Lectura del IES Gran Capitán

Guion para el debate

(Sesión del 13 de febrero, miércoles, a las 17:30, en la Biblioteca)

  1. Presentación de las autoras en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. El título: ¿a qué alude?, ¿nos parece adecuado?
  4. Intencionalidad declarada por la propia autora
  5. Estructura
  • Externa
  • Interna: ¿tiene la historia un desarrollo lineal?, ¿se puede decir que los lectores la reconstruimos?, ¿qué nos parece el final?
  1. Tiempo histórico
  2. Espacio
  3. Género literario
  4. Punto de vista narrativo
  5. Personajes
  • Juliet Ashton
  • Sophie Strachan
  • Sidney Stark
  • Markham V. Reynolds
  • Dawsey Adams
  • Amelia Maugery
  • Isola
  • Elizabeth McKenna
  • Eben
  • Adelaide Addison
  • Clovis Fossey
  • John Booker
  • Christian Hellman
  • Will Thisbee
  • Thompson Etubbins
  • Reme
  • Eddie Meares
  • Las hermanas Benoit
  • Kit
  1. Temas:
  • La Segunda Guerra Mundial: ¿en qué aspectos la vemos reflejada?
  • La solidaridad entre enemigos: ¿es posible?
  • La sociedad literaria: ¿por qué nace?, ¿qué supone para los personajes formar parte de ella?, ¿cómo funciona?
  • Las librerías: ¿qué opina Juliet de ellas y de los libreros?, ¿coincidimos con esta opinión?
  • El periodismo sensacionalista: ¿quién lo practica?
  • La naturaleza frente a lo creado por el hombre: ¿qué nos parecen estas palabras del escritor Charles Lamb en respuesta al también escritor Wordsworth reprochándole que no se preocupara lo suficiente de la naturaleza?

“No me apasionan las arboledas ni los valles. Las habitaciones donde nací, los muebles que han estado delante de mis ojos toda mi vida, los libros que me han seguido como un perro fiel a donde quiera que fuera, sillas antiguas, viejas calles, plazas donde he tomado el sol, mi antigua escuela, ¿no he tenido suficiente sin tus montañas? No te envidio. Debería compadecerte, pero la mente se acostumbra a cualquier cosa”.

  • La relación epistolar: ¿qué diferencias hay entre escribir y hablar, entre contar las cosas por carta y oralmente?
  • El sentimiento del amor
  • La metaliteratura: ¿cómo se refleja en la novela?
  1. Estilo: ¿por qué rasgos se caracteriza?, ¿en qué pasajes se manifiesta su sentido del humor?
  2. Próxima lectura

 

 

La comunicación a través de la música

Es una de las ideas de las que hablamos ayer, en la sesión del Club de Lectura, dedicada a la novela Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides, porque, en efecto, en el desarrollo de la misma, se establece un original intercambio musical, a través del teléfono, entre los jóvenes narradores y las hermanas Lisbon, que han sido encerradas en casa por su propia madre. Benito explicó con detalle el proceso, desde la primera canción que ponen ellos y que habla de días difíciles, de largas noches y de un hombre aguardando fuera de una cabina telefónica, a la que ellas responden con otra de Gilbert O’Sullivan, que describe las desventuras de la vida de un joven cada vez más solo.

Las canciones de las chicas son en su mayor parte de música folk, voces plañideras que piden justicia e igualdad; pero las de los chicos también se vuelven tristes y sensibleras.

Concluye el intercambio con “Puente sobre aguas turbulentas”, donde ellos se ofrecen para ayudar a las hermanas, y estas responden, dándoles a entender la decisión que han tomado:

“¡Eh! ¿habéis intentado probar alguna vez llegar al otro

lado?

Tal vez suba el arcoiris,

Pero, amigo, ahí está:

Los sueños son para los que duermen,

a nosotros nos toca vivir.

Y si te preguntas adónde va a parar esta canción,

quiero descubrirlo contigo.”

Jeffrey Eugenides nace en 1960 en Detroit, ciudad que durante décadas fue el corazón de la industria automovilística más poderosa del mundo. Vive de cerca el dramático proceso de deterioro que sufrió esta ciudad, desde el punto de observador privilegiado de Grosse Point, zona residencial situada en las orillas del lago Michigan, que es el escenario, precisamente, de Las vírgenes suicidas. Está casado con la artista Karen Yamauchi y viven ambos en Princeton, New Jersey.

Pertenece a un grupo de escritores estadounidenses, donde también se encuentran Jonathan Franzen, David Foster Wallace y Jonathan Safran Foer, y que se ha calificado como una generación posmodernista, pues parece ser que en la universidad crecieron con el experimentalismo y algunos profesores les animaban a seguir ese camino. Sin embargo, Eugenides ha declarado al respecto en una entrevista en Babelia: “yo al menos no lograba hacer nada experimental que tuviese algún interés. Siempre he querido contar historias y mezclar una sensibilidad posmoderna* con una narrativa más a la vieja usanza”.

Ha publicado tres novelas y en cada una ellas trabaja un aspecto específico del género narrativo: en Las vírgenes suicidas (1993) la voz, pues está narrada en primera persona del plural; en Middlesex (2002) los personajes y el desarrollo de los mismos; y en La trama nupcial ( 2011) como el propio título sugiere, la trama.

Sobre estos tres aspectos del arte de novelar, ha declarado en otra entrevista:

“-Cuando escribes, siempre comienzas como un principiante o como un inocente. Nunca siento que he logrado un método que pueda reproducir o repetir. Siempre siento que estoy comenzando de cero. Siempre sientes que estás intentando acercarte más a una declaración pura, o a una forma pura de escribir en donde todo lo que quieres decir es transmitido por el lenguaje. Es cierto que está conectado con la voz del narrador, ciertamente está relacionado con el desarrollo de los personajes o el carácter porque pienso que si puedes inculcar la voz con sus particularidades, entonces, por ende, estás creando un personaje. Creo que todas estas cosas al fin se hacen una. Hay una unidad. Pero tienes que comprender las tres piezas principales, de personaje, trama y voz, antes de que puedas escribir de verdad. Creo que estoy en un punto de mi carrera en el cual tengo un manejo de esas tres cosas, pero juntarlas de diferentes maneras seguirá siendo tan difícil como fue aprender cada uno de los tres elementos en la primera instancia.”

En el turno de opiniones sobre la novela, Miguel comentó que le había encantado, por su lucidez, el personaje de la anciana Karafilis, que vive en el sótano de una casa cercana a la de las chicas: “Nosotros los griegos somos gente taciturna. Para nosotros el suicidio tiene sentido. Pero poner luces de Navidad, después de que tu hija se ha suicidado, eso sí que no tiene sentido. Lo que mi yia yia no llegó a entender jamás de este país es por qué la gente se empeña en ser constantemente feliz”. Por otra parte, señaló algunas disonancias de la voz narradora, por ejemplo, cuando describe, pues demuestra un dominio de la lengua que no se corresponde con los chicos, que están detrás de esa primera persona del plural.

Enrique confesó que sólo había llegado a leer un tercio de la novela, porque la historia le parece poco creíble, al mezclar tragedia y comedia, violando, así, una de las normas establecidas por Aristóteles.

Inés coincidió con él en la escasa verosimilitud de lo que se cuenta, aunque la película de Sofía Coppola, basada en la novela, le había encantado. También valoró positivamente el tratamiento del tema de la adolescencia por parte de Eugenides.

A Víctor le parece que lo más original de Las vírgenes suicidas es la voz narradora, aunque se trata de una novela, en su opinión, sobrevalorada, en parte por el éxito alcanzado por la versión cinematográfica. Añadió que le habían gustado las referencias al contexto histórico (las situaciones de racismo, la huelga de sepultureros, la decadencia de la industria del automóvil en Detroit, etc.), así como el personaje de la anciana Karafilis.

Finalmente, Benito comentó que le había ido interesando más, a medida que avanzaba en su lectura, sobre todo el punto de vista y la original comunicación telefónica que se establece entre los chicos y las hermanas Lisbon, a través de las canciones. Por lo demás, le parece una novela con muchas capas: la individual, la social, la histórica, la perspectiva femenina, etc.

Sobre el título, coincidimos en que hace referencia al hecho de que se suiciden las jóvenes hermanas; y también a la letra de una canción de rock, que escuchaba una de ellas, Lux, y que alude a unas fuerzas oscuras o un mal que las acecha:

“Virgen suicida

¿Qué gritaba ella?

Es inútil seguir

en ese viaje al holocausto.

Me dio su cereza.

Es mi virgen suicida.”

El punto de vista narrativo, como se ha dicho, corresponde a una primera persona del plural, tras la que se encuentran los chicos enamorados de las hermanas Lisbon, que están recordando la vida de estas, veinte años después, con el fin de atar cabos y encontrar las razones de su suicidio. Manejan, para ello, informes médicos y policiales, fragmentos de diarios, fotografías, etc. Esta perspectiva con la que se cuenta la historia la adopta Eugenides -según él mismo ha declarado- por influencia de Una rosa para Emily, novela de Faulkner que leyó cuando era joven y que le marcó profundamente.

En cuanto a los temas que se tratan, mencionamos:

  • El intento de suicidio de Cecilia que se presenta como un sacrificio para aplacar a los dioses, los cuales pueden ser la propia sociedad conservadora e hipócrita estadounidense: “Bajo los árboles ondulantes y sobre la hierba restallante y agostada las cuatro figuras posaron como en un cuadro: dos esclavos ofrecían la víctima al altar (levantaban la camilla para meterla en la ambulancia), la sacerdotisa blandía la antorcha (agitaba la bata de franela) y la virgen narcotizada, se incorporaba apoyándose en los codos con una sonrisa ultraterrena en los descoloridos labios”. En cambio, el suicidio de sus hermanas, aunque tenga como detonante el encierro a que las somete su madre, en realidad obedece a un conjunto de factores y se explica, al final de la novela, con la metáfora de la ruleta rusa, como recordó Miguel: “En el caso de las hermanas, el arma estaba completamente cargada. Una bala por presión familiar. Una bala por predisposición genética. Una bala por malestar histórico. Una bala por un impulso inevitable. Las otras dos balas son imposibles de nombrar, pero esto no quiere decir que las cámaras estuvieran vacías”.
  • El deseo de vivir y realizarse como personas, que se manifiesta en detalles que aparecen, a lo largo de la novela: cuando Peter Sissen, el único chico que entró en la casa, cuenta que “le habían estado pegando continuamente puntapiés por debajo de la mesa; o cuando Lux escribe en el margen del libro de Matemáticas, que comparte con Tom Faheem: “Quiero irme de aquí”; o cuando Therese le dice a un chico el día del baile: “Lo que queremos es vivir, si nos dejan”; o, en fin, cuando Mary se pone jerseys de colores chillones para demostrar “la urgente y desesperada necesidad de sentirse hermosa”.
  • La hipocresía de la clase media alta estadounidense representada por los Lisbon, que fingen normalidad, aunque la tragedia está por dentro; y también por el resto de las familias del barrio, que muestran una falsa felicidad, por ejemplo, las chicas que asisten a las fiesta organizada por los O´Connor: “Borrachas, besándonos o medio derribadas en las sillas, su destino era la universidad, el marido, el cuidado de los hijos, la infelicidad atisbada confusamente. En otras palabras: su destino era la vida”.
  • Los medios de comunicación y su comportamiento poco ético, pues, sin importarles nada la delicada situación en la que se encontraban los padres de las chicas, inician una serie de retransmisiones en directo que convierten los suicidios de estas en un espectáculo, donde se muestran: un vestido de novia, confeccionado el mismo año que el de Cecilia; una carta que Therese había escrito a la universidad, sólo tres días antes que se quitara la vida; y otros objetos personales. Además, daban como hechos probados lo que sólo eran versiones apócrifas; confunden los nombres de las hermanas; califican a Cecilia como “la loca”; etc.
  • Y el realismo mágico, pues suceden cosas que escapan al sentido común y a la razón, aunque contribuyen a profundizar más en la realidad: Lux haciendo el amor, de forma compulsiva e indiscriminada, en el tejado, donde, además, hay una nube permanente; los árboles del jardín venciéndose y espesándose hasta tapar la casa, de donde sale un olor denso y duradero: “Porque, aunque la casa comenzaba a caerse a pedazos y vomitaba las vaharadas que desprendía la madera podrida y las alfombras húmedas, aquel otro olor ya comenzaba a salir de la vivienda de los Lisbon para poblar nuestros sueños e incitarnos a lavarnos las manos una vez tras otra. Era un olor tan denso que parecía líquido y, si te introducías en él, era como si te salpicase…“; etc.

En esta línea del realismo mágico, hablamos también de los símbolos: la estampa de la Virgen María, que lleva entre sus manos Cecilia, cuando la sacan de la bañera, donde intenta suicidarse; el traje de novia, con el que siempre va vestida, que representa su deseo casarse; la plaga de la mosca del pescado que cubre la ciudad y la enfermedad del escarabajo holandés, que pueden simbolizar el declive de la sociedad; los planetas colgados del techo de la clase del señor Lisbon, que son arrinconados por su sustituta, cuando es despedido del colegio, parecen indicarnos el desastre total del universo; etc.

Finalmente, nos detuvimos en los personajes:

  • La señora Lisbon, por las normas estrictas que impone a sus hijas, así como su marido pusilánime, que las acata sin rechistar, son en buena parte responsables de lo que les sucede.
  • Las hermanas Lisbon tienen aspectos comunes, tanto físicos, pues son todas guapas y atractivas, como psicológicos, ya que comparten el deseo, propio de las adolescentes,  de estar con chicos. Cecilia, en su diario llega a hablar de ella  y sus hermanas como de una entidad única, como un ser mítico de diez piernas y cinco cabezas, que se queda en la cama comiendo chucherías. En el colegio, se mantienen distantes de los demás chicos y chicas, por lo que es más difícil establecer relación con ellas, y, cuando empezaron a recuperarse, después del suicidio de Cecilia, gracias a la labor de la psicóloga, surgió lo de Lux y la madre las encerró en casa. Por eso, viajaban con la imaginación, comprando catálogos de viajes por correo, o se comunicaban con los chicos mediante cartas y canciones.

 

Próxima lectura, a propuesta de Miguel y Víctor: La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Mary Ann Shaffer, novela corta de la que hablaremos el miércoles, 13 de febrero, a las 17:30, en la biblioteca del centro.

 

Guion sobre Las vírgenes suicidas

GUION PARA EL DEBATE

Sesión del 9 de enero, miércoles, a las 17:30

Club de Lectura del IES Gran Capitán

 

  1. Presentación del autor en su época
  2. Opinión breve sobre la novela
  3. El título hace referencia a lo que les sucede a las hermanas Lisbon, pero también a la letra de una canción
  4. Espacio: ¿tiene alguna relación esta historia con lo que sucede en Detroit, la ciudad donde se desarrolla?
  5. Tiempo
  • Tiempo externo
  • Tiempo interno
  1. Estructura: ¿cómo se estructura la novela? ¿qué opinión te merece el final?
  2. Punto de vista: ¿a quién corresponde?, ¿qué aporta a la narración de unos hechos tan terribles?, ¿son creíbles, tal y como se cuentan, estos hechos?
  3. Personajes: ¿qué tienen en común las hermanas Lisbon? ¿qué representan?,
  • Cecilia
  • Lisbon
  • Lisbon
  • Therese
  • Bonnie
  • Mary
  • Lux
  • Paul Baldino
  • Trip Fontaine
  • Los vecinos
  1. Temas
  • El suicidio: ¿cómo se presenta el intento de quitarse la vida de Cecilia?, ¿cómo lo interpreta el doctor que la atendió?, ¿qué simbolizan los suicidios de las cinco hermanas?, ¿qué medidas se toman para combatir la plaga de suicidios entre los jóvenes?
  • El deseo de vivir la vida y realizarse como persona
  • El aislamiento forzado de las hermanas: ¿qué supone para ellas?, ¿de qué formas escapan de él?
  • La decadencia de la clase media americana en los años 60
  • La hipocresía de la sociedad estadounidense: ¿quién o quiénes la representa en la novela?
  • La religiosidad: ¿cómo se manifiesta?
  • El realismo mágico: ¿se puede hablar de inclusión de elementos fantásticos en la narración, a partir del aislamiento de las hermanas en su casa?, ¿con qué finalidad?
  • Los medios de comunicación: ¿es ético su comportamiento en el desarrollo de la historia?
  • El racismo: ¿aparecen rasgos de discriminación hacia la población negra?
  • El amor: ¿qué sienten los narradores de la historia hacia las hermanas Lisbon?
  1. Simbolismo:
  • Las estampas de la Virgen María
  • La plaga de la mosca del pescado
  • La enfermedad del escarabajo holandés
  • El traje de novia
  • Los planetas colgados del techo de la clase del señor Lisbon
  • La casa y el jardín de la familia Lisbon
  1. Estilo
  • Características
  • El sentido del humor
  1. Próxima lectura