Diferentes lecturas de El jugador

Ayer, en la sesión del club de lectura dedicada a El jugador de Dostoyevski quedó patente la libertad de interpretación de la que gozamos los lectores. Los numerosos asistentes -seis alumnas de Literatura Universal de 2º de Bachillerato, tres madres, un padre, tres profesores y cuatro profesoras- se dividieron en dos grupos. Por una lado, a los que no les había gustado la novela, por diferentes razones: la pesadez del principio, hasta el momento en que Alexei se engancha al juego; el ambiente decadente y trasnochado en el que se desarrolla la historia, muy alejado de la sociedad actual; la ausencia de profundización en la psicología de los personajes; etc. Por otro lado, a los que sí nos había gustado, fundamentalmente, porque Dostoyevski consigue describir la adicción al juego del protagonista de una forma progresiva y convincente: desde que entra en el casino por primera vez, sin decidirse a jugar, aunque sintiendo latir fuertemente el corazón y con la conciencia de que algo radical y definitivo le iba a ocurrir en su vida; pasando por momentos de duda y observación, que le llevan a considerar el juego como algo moralmente inmundo; hasta que acompaña al casino a Antonida Vasilievna, la tía del general, y esta, con su apuestas alocadas, le va metiendo el veneno de la ruleta en su interior:

“Aquí está –Sacó del bolsillo un monedero repleto y tomó un Federico- Ponlo en el cero.

-Abuela, el cero acaba de salir –le dije-; por lo tanto, tardará en volver a hacerlo. Va a perder mucho. Espere, al menos, un poco.

-Calla y ponlo.

-Escúcheme, quizá no vuelva a salir hasta la noche, puede perder hasta mil. Más de una vez ha ocurrido.

-¡Tonterías, ¿oyes?, tonterías! Quien tema al lobo que no vaya al bosque. ¿Qué? Hemos perdido. Vuelve a poner.”

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De este primer intercambio de opiniones, pasamos a valorar la arquitectura de la novela, perfectamente diseñada por Dostoyevski, a pesar de habérsela dictado a su secretaria en tan solo 26 días: el inicio in media res que había desconcertado a algunos, porque no se sabe nada de Alexei, aunque justamente esto es lo que nos había incitado a otros a seguir leyendo; la parte central llena de incertidumbres sobre la suerte de los personajes; y el final que poco a poco se va abriendo paso y que aparentemente es abierto, aunque en realidad tenemos la certeza de que el protagonista volverá a se arrastrado por juego.

La novela tiene carácter autobiográfico, porque es conocida la afición al juego de Dostoyevski, pero la historia la cuenta un personaje de ficción: Alexei. Su voz narradora se mantiene de principio a fin, con referencias precisas a las notas que escribe, después de que pasaran los hechos. Es mérito del autor mostrarnos una faceta de su vida rechazada por él mismo –tal y como le cuenta a su mujer en una carta que leyó Carmen-, con la objetividad que da la distancia literaria.

En cuanto a los personajes, coincidimos en que Alexei se muestra incapaz de controlar su afición al juego, porque depende psicológicamente del mismo. Incluso está por encima del amor que siente hacia Polina, pues, cuando esta le reconoce que le ama, él prefiere ir a jugar al casino:

“-¡Polina, concédeme una sola hora! ¡Espérame aquí mismo y… volveré! Es… es necesario ¡Lo verás! ¡Quédate, quédate aquí!

Y salí corriendo de la habitación, sin responder a su mirada interrogativa… Me gritó algo, pero no me volví.”

Su amor no parece tan fuerte como el de ella. Por eso, -comentó Miguel- es esta la que al final le saca de la cárcel pagando su deuda de juego. Sin embargo, Alexei llora amargamente, cuando Astley le confiesa que ha ido a Homburg por encargo de Polina, que le sigue queriendo.

Nos pareció especialmente divertida la abuela, Antonida Vasilievna, con su irrupción en el hotel sentada en el sillón, pues estaba privada del uso de las piernas, pero “como era habitual en ella, animosa, burlona, satisfecha (…) siempre increpando a alguien”. Se trata de un personaje que le de da un plus de interés a la novela, como comentaron las madres (Puri, María y Toñi), porque pone a cada uno en su sitio con sus ácidos comentarios:

  • “Te conozco, farsante; no creo un ápice de lo que dices” –le espeta a Des Grieux.
  • “¡Oh, baja los ojos, hace remilgos y melindres! ¡Ya se ve qué pájara es!” –comenta sobre mademoiselle Blanche, que quiere casarse con el general por el dinero que supuestamente va a heredar.
  • Al general, que es su sobrino, le tilda de mentiroso, cuando éste le expresa su alarma y preocupación por la enfermedad de Antonida, porque sabe a ciencia cierta que lo que en realidad desea es su muerte.

Con respecto a los temas que aparecen en la novela, destacamos los siguientes:

  • El juego que, en opinión de Antonio, debía ser el título adecuado por la hegemonía del mismo en la historia, y por la atracción irresistible que ejerce sobre el protagonista. También, tras el riesgo que implica jugar, se quiso ver un propuesta vital contraria a la seguridad y al conformismo.
  • El destino, en el que creen personajes, como el propio Alexei, el general y Antonida Vasilievna, porque confían en un golpe de fortuna, que al final acaba dándoles la espalda.
  • El clasismo de la sociedad de la época, que se manifiesta en los comentarios despectivos del narrador protagonista sobre la gente  que asiste a los casinos con la intención de ganar dinero, a la que se refiere como “chusma” y “canalla”, frente a los caballeros que juegan por puro entretenimiento, “por el placer de observar el proceso de ganancias y pérdidas, pero jamás interesándose por el dinero”.
  • Y el nacionalismo y el afán de Alexei por clasificar a las personas, según su nacionalidad: los rudos, sensibles y abiertos; los franceses, elegantes y afectados, los alemanes, rígidos y organizados; los polacos, pobres pedigüeños; etc. Estas valoraciones les parecieron excesivamente estereotipadas a las alumnas.

Finalmente, comentamos algunas frases controvertidas, que reflejan claramente la imagen pesimista que tiene Dostoyevski del ser humano:

  • “Al hombre le gusta hallar a su mejor amigo humillado ante él”
  • “El ser humano es por naturaleza, déspota y experimenta un placer haciendo sufrir”
  • “¡Todas las mujeres son iguales! Y las más orgullosas son después las esclavas más vulgares”

Si algo demostró la sesión de ayer del club de lectura, sobre todo teniendo en cuenta las distintas opiniones sobre El jugador, es que los lectores cooperamos en el acto creativo, mediante nuestra imaginación, haciendo renacer ambientes, personajes y situaciones. Esto significa a la postre que una obra literaria solo se constituye como tal, cuando es interpretada por los lectores. Pura estética de la recepción, vamos.

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