Sobre la lectura

Hasta ahora habíamos hablado en el club de los libros leídos con antelación; pero el martes pasado conversamos sobre el mismo concepto de lectura, sobre el hábito de leer, sobre los cambios que se producen en la persona que la practica. Todo ello, porque el libro que habíamos seleccionado, antes del verano, Una lectora nada común, plantea estas cuestiones.

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María, en la presentación del autor, Alan Bennett, comentó: que es un dramaturgo, actor, novelista y guionista británico, ganador de un Premio Tony por su obra The history boys; que estudió Ruso en la Joint Services School for Linguist, e Historia en el Exeter College de la Universidad de Cambridge; y que trabajó como actor cómico en teatro y posteriormente en la BBC, con gran éxito de público. Entre sus obras, citó: Habeas corpus (1973), Forty years on (1969), Kafka’s Dick (1986), y The madness of George III (1991), algunas de las cuales han sido llevadas al cine.

Las opiniones sobre el libro fueron, en general, elogiosas, aunque con matices. Se valoró positivamente por los temas que aborda, fundamentalmente, la doble reflexión sobre el poder político y sobre la lectura; y también, porque está escrito con sencillez y te atrapa desde el principio, con la protagonista descubriendo el placer de leer. No obstante, Miguel y Carmen Sánchez consideraron que la historia se viene poco a poco abajo, sobre todo a partir de que Norman es obligado a dejar la Corte.

Sara confesó que se había reconocido en la reina, por cómo le seduce progresivamente el hábito de leer y cómo, en un momento dado, siente también la necesidad de escribir. Pepa, a quien el libro le había encantado, recordó, a propósito del cambio que experimenta este personaje, la exposición que celebramos en el centro: «Las mujeres que leen son peligrosas».

En cuanto al género literario en el que lo incluiríamos, Lola opinó –y todos compartimos sus palabras- que le parecía más un cuento que una novela, por la forma poco creíble con la que la reina se inicia en el mundo de los libros, por el maniqueísmo de los personajes y por el final feliz.

A la pregunta de ¿por qué leemos?, respondió Mari Carmen que por una gran variedad de razones: por placer, para informarnos, por necesidad, etc. María abundó en lo mismo leyendo un artículo de Elvira Lindo, donde se concreta aún más la respuesta: “Leer sin ganas. Leer por aburrimiento. Leer para no hacer ruido. Leer para dejar que tu padre duerma la siesta. Leer porque no te dejan poner la tele. Leer porque ya nadie quiere contarte un cuento. Leer porque te han castigado sin salir. Leer porque estás en la cama con fiebre. Leer porque estás solo. Leer porque imitas a tus hermanos mayores. Leer porque lo hace tu madre. Leer libros para niños…”

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Ana contó que era lectora, porque en su casa, desde pequeña, tanto su padre como su madre practicaban la lectura. Carmen, por su parte, apuntó que en la vida de todo lector siempre hay alguien que le inicia, le estimula y/o le aconseja.

Recordamos los derechos imprescriptibles del lector, del escritor francés, Daniel Pennac: el derecho a no leer, el derecho a saltarse páginas, el derecho a no terminar un libro, el derecho a releer, el derecho a leer cualquier cosa, etc.

Este último suscitó un interesante debate entre defensores y detractores del mismo. Víctor recordó que en más de una ocasión le ha oído decir a Mariano Rajoy, actual Presidente del Gobierno, que lee habitualmente el Marca. Carmen Sánchez comentó el rechazo que les produjo a sus compañeros y a ella misma una obra de Alejandro Casona, La dama del alba, que les habían puesto como lectura obligatoria y, por el contrario, el interés que suscitó en todos ellos la obra de Enrique Jardiel Poncela, Maribel y la extraña familia.

Esto nos llevó a cuestionar el canon de lecturas obligatorias que tradicionalmente se viene estableciendo en las clases de Lengua Española; y a proponer libros que seduzcan al alumnado, aunque se trate de literatura por encargo (narrativa juvenil), que se hace pesando en un destinatario concreto, pues lo importante es despertar el hábito de lectura. La clave, concluimos, es seleccionar autores que tengan un mínimo de calidad literaria.

Lola se preguntó en alto sobre las razones que impulsan a la reina a dar el paso de la lectura a la escritura. La respuesta está en Marcel Proust, y su obra En busca del tiempo perdido, que había leído con detenimiento y delectación. Ella pretende, al igual que el escritor francés, redimirse a través de una reflexión crítica sobre su vida. Así se lo explica a sus asesores: “Hay mucho sobre lo que reflexionar. He visto a este país ir a guerra más veces de las que quiero recordar (…) He conocido y recibido la visita de muchos jefes de estado, algunos de ellos granujas y canallas redomados (…) He dado la mano en un guante blanco a manos que estaban manchadas en sangre, y conversado educadamente con hombres que han asesinado personalmente a niños.”

Sara contó que fue la lectura de las novelas de Laura Gallego, de la que se declaró admiradora, la que le incitó a escribir.

Sobre el escaso hábito de lectura de la clase dirigente, al que se refiere el autor, coincidimos en que no se puede generalizar y que, en cualquier caso, los políticos se pasan el día leyendo documentos relacionados con su gestión.

Al analizar los personajes, también estuvimos de acuerdo en que se pueden dividir en dos bloques: el de los lectores, como la reina y Norman; y el de personajes desinteresados por la lectura, como Sir Kevin y el primer ministro. En este sentido, se puede considerar maniquea la división y, por tanto, poco creíble, aunque contribuye a reforzar la idea de que Una lectora nada común pertenece al género literario del cuento.

En cuanto a la estructura, comentamos el inicio del relato, con la escena en la que la reina pregunta al presidente francés por el escritor Jean Genet y éste demuestra una ignorancia supina acerca del mismo, y lo valoramos positivamente, porque logra atrapar a los lectores. Igualmente, nos pareció muy eficaz, narrativamente hablando, la elipsis final, que nos da a entender la abdicación de la reina.

Finalmente, reflexionamos sobre algunas frases:

  • “Su trabajo consistía en mostrar interés, pero en interesarse”
  • “Desde luego –dijo la reina- aleccionar no es leer?”
  • “Creo que leo porque tenemos el deber de descubrir cómo es la gente”
  • “Di la verdad, pero dila sesgada. El éxito reside en el rodeo”

Esta última se interpretó de dos formas: en el sentido de que la literatura debe trascender la propia vida, los sucesos que se han vivido, al estilo de Marcel Proust; y con el significado de que el escritor debe sugerir más que decir.

Se propusieron varias obras para la próxima sesión del club de lectura:

  • Una palabra tuya de Elvira Lindo, sugerida por Víctor.
  • Salomé de Óscar Wilde, recomendada por María.
  • El valle de los lobos de Laura Gallego, por iniciativa de Sara.
  • Y Bodas en Tipasa de Albert Camus, señalada por Miguel.

Nos decidimos por Una palabra tuya de Elvira Lindo, sobre la que hablaremos el martes, 28 de octubre, a las 18 horas, como siempre, en la biblioteca.

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