Elogios para Reencuentro

Hubo coincidencia, el pasado martes, en valorar positivamente Reencuentro, novela publicada en 1960. La propuso Carmen, que la había leído en edad juvenil por recomendación de su profesor de Literatura, don Manuel Aracil Alcantud. Esta anécdota dio pie a que otras asistentes a la reunión citaran a profesoras que las habían iniciado en la lectura o les habían consolidado este hábito: a Ramona fue Magdalena Ortiz quien la estimuló a leer y a María Jesús la propia Carmen Jurado.

Así, reconociendo el valor del profesorado en este menester, se inició la sesión del Club de Lectura; pero antes María había presentado a Fred Uhlman, nacido en Alemania en 1901 y fallecido en Londres en 1985. Perteneciente a una familia judía acomodada, trabajó como abogado hasta el ascenso de los nazis que le obliga a refugiarse en Francia. No obstante, su verdadera vocación fue la pintura, donde alcanzó gran reconocimiento.

Entre sus novelas se hallan: Reencuentro, La carta de Conrad, El retorno y Un alma valerosa. La segunda -que nos quedamos con ganas de leer algunos de los asistentes- es una carta de Konradin a Hans, en la que expresa su arrepentimiento por no haberle saludado la noche de la ópera; por haber asumido la ideología nazi; y por no haber logrado salvar a sus padres.

En el turno de opiniones, Antonio confesó que había retomado la lectura de la novela este mismo martes, después de empezarla hace varios días, y que le había gustado especialmente su final. Mª Jesús también destacó la originalidad de éste, donde se explica el significado del título.

A Lola le había encantado Reencuentro, por el estilo sencillo en que está escrita, que contrasta con el lenguaje altisonante de Las penalidades del joven Werther, y por la descripción de la adolescencia, un periodo de dudas donde la personalidad se está formando y la amistad desempeña un papel fundamental. Igualmente destacó este sentimiento, que surge entre los jóvenes protagonistas, Víctor.

Carmen situó la novela entre las que sugieren más que lo que dicen, como El túnel de Ernesto Sábato o Seda de Alessandro Baricco. Lola Cortés nos desveló que es uno de sus libros de cabecera por la naturalidad y, al mismo tiempo, la intensidad con la que se cuenta una historia tan dramática.

Antonio Gómez empleó el término “pinceladas” para elogiar la forma de narrar y describir del autor, que se relaciona con su trabajo como pintor. Pepa abundó en esta opinión leyendo un fragmento del prólogo, escrito por Arthur Koestler: “Fred Uhlman ha conseguido un éxito admirable… quizá porque los pintores saben cómo adaptar la composición a las dimensiones de la tela, en tanto que los escritores disponen infortunadamente de una reserva ilimitada de papel.”

Coincidimos en lo acertado del título, que hace referencia a la carta que le envían a Hans de la antigua escuela de Stuttgart, invitándole a contribuir económicamente en la erección de un monumento de homenaje a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, y donde se entera de que Konradin fue ejecutado por conspirar contra Hitler. Este es el reencuentro de los dos amigos, que se habían separado defendiendo ideas distintas sobre el nazismo: Hans criticándolo y Konradin ensalzándolo.

Valoramos el punto de vista narrativo que corresponde al Hans adulto, residente en Estados Unidos, después de 30 años de haber huido de Alemania, pues nos permite conocer de primera mano sus sentimientos hacia Konradin, su idea de la amistad, sus opiniones sobre la religión y su breve experiencia con el nazismo.

Estuvimos de acuerdo en que no solo el final de la novela es el adecuado por lo sorprendente del mismo, sino también el principio, cuya lectura genera una serie de dudas e interrogantes sobre la persona que condiciona la vida del narrador-protagonista, las cuales se irán desvelando progresivamente:

“Ingresó en mi vida en febrero de 1932 y ya no ha salido de ella. Desde entonces ha transcurrido más de un cuarto de siglo, han pasado más de nueve mil días, inconexos y tediosos, vacíos por la sensación del esfuerzo o el trabajo inútil… días y años, muchos de ellos tan muertos como las hojas mustias de un árbol seco”.

A medida que avanzamos en la novela, la intriga se mantiene en torno a la evolución de la amistad entre Hans y Konradin y la llegada gradual del nazismo.

En cuanto a los temas, comentamos lo siguiente:

• El clasismo se manifiesta en diferentes momentos de la historia: la turbación y el temor que producía la presencia de Konradin en sus compañeros de la escuela; el trato exquisito que recibe este personaje, rayando en la humillación, por parte del padre de Hans; el paseo por el teatro de la ópera formando un cortejo que despierta la admiración de todos: “Allí estaban –se refiere a la familia de Konradin-, unidos, superiores, sabedores de que les miraban boquiabiertos como si ello fuera un derecho conferido por los novecientos años de historia”.

• La amistad entre los dos jóvenes comienza con la admiración de Hans a Konradin por el linaje, la belleza y los finos modales de éste. Después, la relación enriquece la vida de ambos que deja de ser hueca y tediosa. Este cambio, que les hace a los dos más seguros de sí mismos, coincide con la primavera, que se convierte en su aliada. Así, hasta que Konradin le cuenta la actitud antisemita de su madre, lo cual es el comienzo del fin de la amistad y de la infancia.

• La educación es un tema que llamó la atención de Ana, en particular el personaje de Zimmerman, que se resigna a su destino de profesor y es despreciado por los alumnos a causa de su bondad y pobreza. En este sentido, comentamos el lema que impera en la escuela, de extraordinaria vigencia, porque conecta con los principios pedagógicos actuales: “No aprendemos para la escuela sino para la vida”.

• El nazismo es el contexto donde se desarrolla la historia. Valoramos la habilidad para describir, de modo sutil, cómo se va extendiendo en una sociedad alemana humillada por las condiciones leoninas del tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra mundial; y cómo Fred Uhlman va dejando señales que anuncian el cambio que se está produciendo: el hostigamiento a los judíos en Berlín; la puerta de entrada a la mansión de Konradin con las figuras amenazantes; el retrato de Hitler en la habitación de su madre; etc.

• El suicidio del padre y la madre de Hans se produce para evitar las humillaciones de los nazis, pues, como señaló Ramona, el primero era una persona orgullosa de ser alemán, que había combatido por su patria en la Primera Guerra Mundial y entendía en su ingenuidad que el nazismo “es una enfermedad temporal, algo parecido al sarampión, que pasará apenas mejora la situación económica.”.

Analizamos los rasgos más relevantes de los personajes:

• Hans es tímido, brillante y solidario, aunque desconfía de los alemanes, por su apoyo al nazismo. Se siente insatisfecho, porque no ha conseguido lo que quería ser, un gran poeta, y también por el desarraigo de encontrarse lejos de Alemania.

• Konradin se presenta como un aristócrata de finos modales, elegante y extremadamente cortés, orgulloso de su origen, curioso, tímido. Aunque al principio apoya a Hitler, luego, conspira contra él y es ejecutado.

• El padre de Hans, además de patriota -como se ha señalado- es valiente, sociable, escéptico en materia religiosa, confiado e ingenuo. Sin embargo, no entendimos muy bien por qué se humilla ante Konradin, tratándole con excesivo respeto.

• La madre es un mujer sencilla, hermosa y con intensa vida social. No expresa su cariño hacia Hans, por la resistencia de éste a la exibición de sentimientos: “Sólo cuando estaba enfermo su compañía me resultaba aceptable y disfrutaba con gratitud de su ternura reprimida”.

• El padre de Konradin se muestra como una persona clasista, pero interesada, por eso, no siente inquietud por las relaciones de su hijo con un judío.

• La madre es declaradamente antisemita, porque desciende de una familia aristocrática polaca que odia a los judíos a los que considera inferiores. “Si se estuviera muriendo y nadie pudiera salvarla, excepto tu padre, estoy seguro de que no recurriría a él”, le confiesa Konradin a Hans.

No dio tiempo para nada más. Nos marchamos con la convicción de que Reencuentro es una novela de las que dan juego en un club, como el nuestro, donde participan personas de muy diferentes edades y hábitos de lectura.

La próxima sesión será el 21 de abril, martes, a las 18:30, como siempre, en la biblioteca. Hablaremos de una selección de capítulos de la segunda parte de Don Quijote de La Mancha, de cuya publicación celebramos este año en el instituto el cuatrocientos aniversario.

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