La utopía que se convirtió en distopía

En esta frase se podría resumir la historia que se cuenta en La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer, novela de la que hablamos el pasado miércoles, en el Club de Lectura, porque, al principio de la misma, se plantea en Austria una sociedad ideal sin las personas que profesan la religión judía, una especie de mundo feliz; pero pronto este planteamiento se manifiesta como un fiasco y acaba siendo más perjudicial que beneficioso para los austríacos. En este sentido, se podría decir que la novela pasa de utópica a distópica.

La sesión comenzó con la presentación de su autor, a cargo de dos alumnas de 1º de Bachillerato, Carmen y Elena, que habían leído La ciudad sin judíos en la clase de Filosofía. La primera aludió al contexto histórico en el que se crea la novela y se desarrolla la historia: inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, con una situación de crisis caracterizada por la escasez de productos, por la carestía de la vida y por el paro, que perjudica sobre todo a las capas más bajas de la población vienesa. Por eso, se exige una cabeza de turco, que va a ser la del judío, cuya imagen seguía siendo la del triunfador: prestamistas que se enriquecen a costa del pueblo; funcionarios, que tienen asegurado su puesto de trabajo y que asisten a fiestas sociales; o intelectuales que ocupan los primeros planos de la actualidad.

La segunda de las alumnas se centró en la figura de Hugo Bettauer, que nace en el seno de una familia judía acomodada, en 1872, en la ciudad balnearia de Baden, y estudia en los mejores colegios austríacos. Emigra a Estados Unidos, donde adquiere la nacionalidad americana. Regresa casado y se instala en Berlín, donde se dedica al periodismo de investigación y lleva una vida bohemia. Marcha de nuevo al país americano, para trabajar como novelista por entregas y de género policiaco. En la lucha por la suerte, Sobre un suelo ardiente y A la sombra de la muerte son algunos de los títulos publicados. Vuelve a Viena en 1909, donde trabaja en diferentes periódicos y continúa escribiendo novelas, entre las que se encuentran: Sin trabas, El asesino de mujeres, El señor en la escalera del patíbulo y Memoria de un estafador.

Fue asesinado, en 1925, por un activista filonazi, probablemente porque sus libros tenían mucho de verdad e indignaron a sectores del ejército y a las clases bienpensantes de la sociedad. Previamente, hubo una violenta campaña de los periódicos de extrema derecha contra Bettauer. Su asesino  fue detenido, ingresado en un manicomio y puesto en libertad al cabo de un año y medio.

En vida, fue un escritor de éxito que vendía por decenas de miles sus novelas, aunque, después de su muerte, se le ignoró o al menos no aparece en ninguno de los manuales alemanes de historia de la literatura. No obstante, a partir de los años ochenta, su figura se ha revalorizado, con la reedición de sus libros, sobre todo los de más carga crítica, como La ciudad sin judíos.

Las tres alumnas presentes en la sesión comenzaron también el turno de opiniones sobre esta novela: a Carmen le había resultado difícil su lectura por el lenguaje en que está escrita, pero destacó la capacidad profética del autor, anticipándose a lo que ocurriría veinte años después en la Alemania nazi; Elena se refirió a los escasos valores literarios de la misma, que quizá explican la dificultad para leerla, sobre todo cuando se está acostumbrada, como ella, a obras más ambiciosas desde el punto de vista formal; y a Carmen Mª le había parecido aburrida, porque se repite mucho, aunque el final feliz la había reconfortado.

A Clara el argumento le recordaba otras expulsiones de judíos, ocurridas a lo largo de la historia, y entiende que ese es el auténtico valor de la novela, más que la predicción de la Alemania nazi, con la que, a su entender, tiene poco en común. Igualmente, cuestionó la generalización de Hugo Bettauer sobre los defectos del pueblo judío.

Para María la novela carece de interés literario, aunque sí lo tiene, en cambio, la reflexión que se hace sobre las situaciones de crisis, cuando no se da una solución justa, y que, a su entender, tiene una validez universal, pues es aplicable a cualquier tiempo y tipo de sociedad.

En opinión de Carmen Jurado lo que se cuenta es mucho más ingenuo, sencillo e irónico que lo que, veinte años después, sucedería en la Alemania de Hitler. En realidad, se trata de una historia inocente de amor entre dos personajes: Leo y Lotte.

A Víctor le parece que Hugo Bettauer, en esta novela, demuestra ser un hombre atento a lo que sucede en su época y da un toque de atención sobre lo que puede pasar en un futuro. Su lectura le había recordado al problema actual de Cataluña, donde, tanto desde el bando independentista, como del unionista, se tiende a la exclusión del diferente.

José ángel le reconoce a La ciudad sin judíos un valor más histórico que literario, pues su autor sabe reflejar la vida en Viena, tanto en lo referente a la ciudad propiamente dicha, como a los usos y costumbres de sus ciudadanos. No obstante, aprecia el uso de la ironía, como por ejemplo en el discurso del Canciller ante el parlamento, donde, antes de proponer la expulsión de los judíos, dice, ante el desconcierto de los que le escuchaban: “En efecto, damas y caballeros, soy una persona que estima a los judíos…”.

A Lourdes le había atraído la novela por el tema que plantea; pero, al leerla, ha descubierto otros aspectos, que tienen plena vigencia en nuestra sociedad, como la manipulación de las masas o la búsqueda, en épocas de crisis, de chivos expiatorios, contra los que se va, sin pensar en las consecuencias. En este sentido, le recordaba el drama de los inmigrantes, que parten de sus países en busca de una vida mejor y realizan trabajos que nadie quiere realizar, pero, al mismo tiempo, se les culpa de la ausencia de empleo para los ciudadanos del lugar al que llegan.

A Benito le parece una novela literariamente muy floja, aunque estimable por la imagen que ofrece de la vida vienesa. No cree que sea una reflexión sobre la tolerancia ni que tenga valores irónicos. Además, trata muy a la ligera el tema judío, lo cual no se entiende demasiado, considerando que el autor lo era.   

Miguel, finalmente, nos planteó esta pregunta, trayendo el tema a la actualidad: «¿si hoy día saliera a la luz un libro sobre la expulsión de los inmigrantes mexicanos de Estados Unidos o de los africanos de Europa, cómo reaccionaría la gente?» Por otra parte, manifestó su discrepancia con respecto a los que critican la debilidad estilística de Leo Bettauer, poniendo como ejemplo el discurso del Canciller Karl Schwertfeger, que le parece un ejercicio admirable de inteligencia política e ironía.

En cuanto a los personajes, coincidimos en que se trata de tipos cuyas descripciones funcionales y poco prolijas, se podrían haber obtenido en una comisaría de policía. Por eso, se pueden dividir entre antisemitas, como el citado Canciller de la República de Austria o el magnate norteamericano, Jonathan Huxtable; y los que son claramente favorables a los judíos, como Lotte Spineder y su prometido,  Leo Strakosch. Este último nos pareció el personaje más complejo: culto, inteligente y sensible, pero capaz de engañar a la gente mediante malas artes, para conseguir sus fines.

Entre los temas que aparecen en la novela, comentamos:

  • El antijudaísmo, que se remonta a la época de los romanos, donde ya estaban mal vistos por el pueblo llano, a causa de su triunfo social; que se da en España, con su expulsión en 1492, también para contentar a las clases populares, que se habían esforzado en la reconquista del territorio, pero carecían de todo, frente a la riqueza de los judíos; y que aparece en la novela, por razones similares, desde el principio, con el grito de “¡Fuera judíos!”, repetido por las calles de Viena, y que se confirma con la ley de expulsión y confiscación de sus bienes.
  • El amor entre un pintor judío, Leo, y una mujer cristiana, Lotte, que se ven obligados a separarse: “¿Y ahora qué va a ser de nosotros -se lamenta Lotte-, ¿cómo voy a soportar el estar sin verte todo el verano?”. Este sentimiento es el que incita a Leo a realizar acciones en pro de la derogación de la ley.
  • Y la identidad, entendida, según el diccionario de la RAE, como conjunto de rasgos propios de una colectividad que la caracteriza frente a las demás. Nos preguntamos: “¿quién la posee?”. En la sociedad que se describe en La ciudad sin judíos, sólo los nacidos en Austria, con padres que también son de este país: “Mostraremos a todo el mundo que Austria puede vivir sin judíos y que nosotros nos encontraremos sanos precisamente, porque hemos alejado de nuestra circulación sanguínea lo extraño”, dice, en su discurso, el Canciller Schwertfeger. Este tema nos llevó a hablar de la situación actual en Cataluña y el callejón sin salida al que se ha llegado, a causa de la incomprensión de unos y de otros, que ha ocasionado incluso la descalificación del que piensa diferente.

Cuando estaba finalizando la sesión, María Sanjuán nos comunicó a todos los asistentes la buena noticia de que se había llegado a un acuerdo, en el Congreso de los Diputados, para la recuperación de las materias de Filosofía que desaparecieron con la llamada ley “Wert”.

 

Próxima lectura: Pálida luz en las colinas de Kazuo Ishiguro, novela de la que hablaremos el miércoles, 21 de noviembre, a las 17:30.

 

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