EL HIJO DE NOÉ

Nunca, en el club de lectura, una obra ha sido tan criticada y, al mismo tiempo, ha dado tanto que hablar, como “El hijo de Noé”. Desde el principio de la reunión de ayer, a la que asistimos trece personas, quedó claro que la novela de Eric-Emmanuel Schmich había gustado más por su contenido, por la variedad de temas que trata, que por la forma en que está escrita. No sólo es el asunto principal del nazismo y el exterminio judío, por el que todos estábamos interesados, en especial, las alumnas de 4º de ESO, que estuvieron en la reunión, sino la gran variedad de temas secundarios que lleva aparejados este periodo de la historia: la vida en la clandestinidad, las detenciones injustificadas, la separaciones familiares, los lazos de amistad que se entablan, la solidaridad, las diferencias entre las religiones, etc.

 En “El hijo de Noé”, efectivamente, aparecen estos temas, pero –como señaló Lourdes- se pasa de puntillas por casi todos ellos.

 Nos detuvimos en cómo trataba Schmitt la cuestión religiosa, las diferencias entre judaísmo y cristianismo. Para ello, leímos algunas frases que dieron lugar a un animado intercambio de opiniones:

  • “Mira, Joseph, a ti te gustaría saber cuál de las dos religiones es la verdadera. ¡Pues no lo es ninguna de las dos! Una religión no es ni verdadera ni falsa: propone simplemente una manera de vivir”. (Pág. 81).
  • “Dos y dos son cuatro, ése será el único objeto de tu respeto. Pero, aparte de eso, vas a enfrentarte a elementos inciertos: los sentimientos, las normas, los valores, las opciones…” (81).
  • “La religión judía insiste en el respeto, la cristiana en el amor”. (106).

Sobre esta última frase, a todos nos pareció más razonable respetar al enemigo que amarle, sobre todo en el caso de un enemigo como Hitler, que es el que se plantea en la novela.

 En el tiempo que dedicamos a analizar a los personajes, resaltamos lo poco convincentes que resultaban algunos de ellos, comenzando por el narrador-protagonista. No entendíamos que un niño de siete años entablara amistad y compartiera el secreto de la cripta con un hombre mayor, como el padre Pons, o que tomara bajo su protección a un joven que le doblaba en edad: Rudy.

 Sobre el padre Pons, Enrique contó que representaba a un tipo de religioso comprometido y solidario, que tuvo su origen, precisamente, en Bélgica, coincidiendo con la celebración del Concilio Vaticano II.

 Nos pareció especialmente conseguido el personaje de la señorita Marselle, por su valentía y solidaridad, por la mezcla de carácter áspero e integridad de comportamiento.

E inevitablemente se establecieron paralelismos entre “El hijo de Noé” y “El señor Ibrahim y las flores del Corán”, escrita también por Eric-Emmanuel Schmitt y que comentamos en la anterior reunión del club de lectura. Por ejemplo, la relación de amistad adulto-niño, que se repite en ambas novelas, apenas admite comparación, pues la existente entre Momo y el señor Ibrahim se caracteriza por una hondura y complicidad, a la que difícilmente llega la que mantienen Joseph y el Padre Pons, a pesar de que el contexto dramático, en el que se desarrolla esta última, podía haberlo favorecido.

 También tienen en común las dos novelas el desenlace abrupto y precipitado, como si la autor se le hubiera acabado la inspiración o no quisiera superar un determinado número de páginas. Porque, en el fondo, “El hijo de Noé” se aproxima bastante a lo que se ha dado en llamar literatura juvenil, que se suele ajustar a una serie de requisitos –entre los que se encuentran: la extensión breve, el lenguaje sencillo, los personajes jóvenes, los temas de actualidad, la intriga permanente, etc.-, para llegar a lectores poco iniciados en el mundo de los libros.

 Al final de la reunión, decidimos, a propuesta de Lola, que la próxima lectura iba a ser “La metamorfosis” de Frank Kafka, una novela breve, que apenas llega a las cien páginas, pero que ha ejercido una extraordinaria influencia en la literatura del siglo XX.

Para estimular la imaginación de los presentes, Carmen, en medio de un silencio sepulcral, nos leyó, con la voz tomada, pero llena de emoción, el inició inquietante de la novela:

 “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto…”

 Nos vemos el martes, 25 de octubre, a las 18 horas, en la biblioteca.

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